La confianza de una comunidad, el reconocimiento más valioso

POSADAS.— Hay profesiones que se construyen a partir del estudio y otras que encuentran su verdadero sentido en el contacto cotidiano con las personas. Para Cristina Stuht, ambas dimensiones estuvieron presentes desde el comienzo de su carrera.
Su vocación nació mucho antes de ingresar a la universidad. El interés por el conocimiento, la investigación y el estudio del ser humano despertó durante los años de escuela secundaria, impulsado por una profesora de Biología del Instituto Carlos Linneo de Oberá.Su desarrollo profesional inició en Leandro N.
Alem, a partir de una propuesta del entonces director del Sanatorio Doctor Moscon, institución que por aquellos años era uno de los principales centros de atención de la localidad. “Comencé a trabajar allí a los 24 años”, recuerda.Con el paso del tiempo, su actividad también se extendió a Bonpland, donde continúa desempeñándose en el hospital local, acompañando a vecinos que encuentran en el laboratorio una herramienta fundamental para el diagnóstico y seguimiento de enfermedades.La evolución de la profesión le permitió observar de cerca los cambios que atravesó el sistema sanitario en las últimas décadas. Recuerda que hubo una época en la que el laboratorio ocupaba un lugar central dentro de las comunidades. “Contábamos con buena infraestructura, profesionales y las obras sociales funcionaban muy bien”, señala.No obstante, el escenario actual presenta nuevas dificultades.
La crisis que atraviesa el sector privado de la salud, sumada a los problemas financieros de diversas obras sociales, modificó la dinámica de atención y generó una mayor demanda sobre el sistema público.A ello se agregan los desafíos propios de la profesión. Los costos operativos aumentan de manera constante y la pérdida del poder adquisitivo impacta tanto en los prestadores como en los pacientes. “Se hace más difícil ejercer, pero sigo pensando que la calidad de un buen análisis sigue siendo fundamental”, afirma.Más allá de los cambios tecnológicos, económicos y sociales, hay un aspecto que considera irremplazable: la confianza construida a lo largo de los años.Para quienes ejercen en localidades donde el trato es cercano y cotidiano, el laboratorio no es solamente un espacio técnico.
También representa un lugar de escucha, acompañamiento y contención. “El impacto de tener un laboratorio cercano es, sobre todo, la confianza en el profesional”, sostiene.Esa relación construida durante años se refleja en pequeños gestos que conservan un valor especial. Entre ellos, escuchar a pacientes que continúan eligiendo su laboratorio después de más de tres décadas. “Es muy gratificante escuchar a personas que dicen que hace más de 30 años siguen conmigo”, cuenta con orgullo.También guarda recuerdos de situaciones en las que el trabajo bioquímico fue determinante para la salud de los vecinos, en una época en la que había menos profesionales disponibles y las guardias se cubrían durante todo el año.
Hoy, después de una extensa trayectoria, asegura que uno de los mayores reconocimientos es precisamente el cariño y la valoración que recibe de la comunidad.En el marco del Día del Bioquímico, deja asimismo un mensaje para las nuevas generaciones y para quienes comparten la profesión. “Que no bajemos los brazos y que defendamos nuestra profesión, orgullosos de lo que somos capaces de brindar a la comunidad”.
Información de El Territorio (Misiones). Edición y redacción: Noticias Today.
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