Gremios de la producción porcina destacaron el trabajo de las autoridades nacionales en la lucha contra el ingreso irregular de animales en Alto Paraná, luego de que unos 40 cerdos vivos fueran detectados mientras eran transportados en un camión sin la autorización correspondiente y, aparentemente, sin los tatuajes en la oreja exigidos por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), de acuerdo con el informe de la Policía Nacional. En ese contexto, el presidente de la Asociación Paraguaya de Productores de Cerdos (APPC), Enzo Mannarini, indicó que el ingreso irregular de animales genera una competencia desleal para los productores que cumplen con todas las exigencias sanitarias, tributarias y ambientales establecidas por la legislación paraguaya. “Quienes trabajamos dentro de la formalidad realizamos inversiones importantes en genética, alimentación, infraestructura y controles sanitarios, por lo que la entrada de animales sin ningún tipo de control afecta la rentabilidad y la sostenibilidad de nuestras granjas”, explicó.

Asimismo del perjuicio económico inmediato, este tipo de prácticas desalienta la inversión e impacta negativamente en el crecimiento del sector, afirmó Mannarini. Según explicó, Paraguay llevó a cabo un esfuerzo importante para desarrollar una “porcicultura moderna y competitiva”, mientras que destacó que la informalidad atenta contra ese proceso de formalización que beneficia tanto a productores como a consumidores.

Consultado sobre si este hecho representa una problemática recurrente en las fronteras, indicó que, lamentablemente, no se trata de una preocupación nueva para el rubro. Explicó que las zonas fronterizas históricamente representan un desafío para el control del ingreso irregular de mercaderías y animales, por lo que consideró fundamental mantener una vigilancia permanente y fortalecer los mecanismos de control. “Desde la APPC consideramos que cada caso detectado debe ser investigado y sancionado con firmeza, no solamente por el daño económico que genera, sino también por el riesgo sanitario que implica para toda la cadena de producción porcina del país”, enfatizó.

Respecto a las pérdidas económicas que genera esta práctica para la porcicultura paraguaya, el gremialista aseveró que resulta difícil establecer una cifra precisa sin contar con información oficial sobre los volúmenes que ingresan de manera irregular. No obstante, remarcó que el impacto puede ser significativo, especialmente cuando los cerdos ingresan al mercado local a precios más bajos en comparación con los costos de producción que enfrentan los granjas formales. “Más allá de la pérdida económica, existe un efecto indirecto muy importante sobre los valores del mercado, la confianza de los inversores y la capacidad de crecimiento del sector.

En una actividad que genera empleo, inversiones y desarrollo en el interior del país, cualquier distorsión del mercado termina afectando a toda la cadena productiva”, amplió. Más allá de los efectos económicos, Mannarini advirtió que las consecuencias para el mercado internacional podrían ser “extremadamente graves” si se llegaran a detectar en el país enfermedades introducidas a través del ingreso ilegal de animales.

En ese sentido, recordó que Paraguay construyó durante años una “sólida reputación” sanitaria gracias al trabajo conjunto entre productores, Senacsa y el sector privado. “Ese prestigio es uno de los principales activos que nos permite acceder a mercados internacionales cada vez más exigentes”, indicó. Añadió que una eventual introducción de una enfermedad “exótica o de alto impacto” sanitario podría derivar en restricciones comerciales, suspensión de exportaciones y pérdida de mercados cuya apertura demandó años de trabajo y negociación. “Recuperar la confianza internacional después de un evento sanitario de esa magnitud suele requerir años y enormes recursos económicos, concluyó.