El acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán abrió la puerta a la reapertura del estrecho de Ormuz, pero los expertos advierten que la normalidad en el flujo de crudo tardará meses en restablecerse. Buques varados, operaciones detenidas y dudas sobre la seguridad mantienen en suspenso a un mercado que aún cotiza muy por encima de los niveles previos a la guerra.

En la noche del domingo, Donald Trump anunció el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto, reabrir el estrecho de Ormuz —la vía marítima por donde transita una quinta parte del petróleo y la gasolina que consume la economía global— y desbloquear los puertos iraníes. “Autorizo plenamente la apertura sin restricciones del estrecho de Ormuz y, al mismo tiempo, autorizo el levantamiento inmediato del bloqueo naval de Estados Unidos. Barcos del mundo, pongan en marcha sus motores.

¡Que fluya el petróleo!”, escribió Trump. Ante la perspectiva de un aumento en el suministro, el precio del barril Brent, principal marcador internacional, retrocedió 4% y se ubicó en 83,3 dólares, un nivel que sigue siendo 16% superior al registrado cuando inició la guerra.

El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán con el objetivo de desmantelar por completo su capacidad de fabricar armas nucleares. Teherán respondió con oleadas de misiles balísticos y drones dirigidos contra Israel y contra aliados de Washington en el Golfo Pérsico.

El conflicto se agravó cuando Estados Unidos inició un bloqueo naval sobre los puertos iraníes para golpear su economía y limitar los recursos para financiar la guerra. En respuesta, Teherán cerró el estrecho de Ormuz.

Barriles en navegación lenta Aunque el retroceso del Brent refleja la expectativa inmediata de mayor suministro, los analistas advierten que el alivio será limitado. La magnitud del atasco logístico, el daño a la infraestructura energética y la desconfianza sobre la seguridad del estrecho hacen que la recuperación del mercado petrolero se proyecte como un proceso largo y frágil. \"Va a llevar tiempo para que la gente se sienta cómoda y para que exista la seguridad necesaria en particular para tener personal en el lugar y reiniciar algunos de estos activos”, aseveró Daniel Evans, jefe global de investigación de combustibles y refinación en S&P Global Energy a Associated Press.

Organismos de la industria naviera estiman que unos 500 buques mercantes permanecen en el Golfo luego de más de tres meses de conflicto, con el tráfico reducido a un mínimo. Evans explicó que, a medida que los precios retroceden, primero deberán salir los barcos que han quedado varados en el estrecho y luego ingresar nuevos petroleros para ser cargados. “Para llevar un barco, hay que tener la confianza de que se cuenta con una ventana de seguridad lo suficientemente amplia como para hacerlo entrar, cargarlo y sacarlo”, agregó.

También subrayó que los petroleros se mueven lentamente: pueden tardar meses en viajar desde el estrecho hasta países lejanos, entregar el crudo a una refinería y llegar finalmente a su destino. A esa dificultad logística se suman los riesgos de seguridad.

Reportes de minas en las rutas principales, los ataques contra más de cuarenta barcos desde febrero y la captura de dos contenedores por fuerzas iraníes mantienen la cautela en el sector. Según lo que sería firmado por los negociadores de Estados Unidos e Irán el próximo viernes, Teherán deberá iniciar en los primeros 30 días la limpieza de las aguas para despejar las minas y garantizar la seguridad de la navegación.

Abrir la llave Otro factor a tomar en cuenta es que, ante la imposibilidad de transportar el petróleo, los países del Golfo Pérsico se vieron forzados a recortar exportaciones y, al saturar su capacidad de almacenamiento, no tuvieron más alternativa que cerrar la llave de la producción. La vuelta a la normalidad no será instantánea: incluso si se despejan las rutas y se reanudan los envíos, la recuperación de la producción dependerá de reabrir pozos y plantas que llevan meses detenidos.

Los reportes de la OPEP señalan que en mayo la organización produjo 18,8 millones de barriles diarios, un nivel que implica un declive del 25% respecto al inicio de la guerra, incluso luego de ajustar el efecto de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización. Alan Gelder, vicepresidente sénior de refinación, químicos y mercados petroleros en Wood Mackenzie comentó que países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos —donde existen oleoductos y rutas alternativas asimismo del estrecho de Ormuz para entregar petróleo— podrían estar entre los más rápidos en reanudar la producción. “Pero lugares como Irak podrían enfrentar muchas más dificultades porque han tenido un cierre mucho mayor, sus campos son más complicados bien podría tomar alrededor de un año antes de que vuelvan”, remarcó.

Saul Kavonic, analista de MST Financial, advirtió al Financial Times que “los mercados petroleros seguirán ajustados hasta 2027” debido al tiempo necesario para restaurar la logística, reparar infraestructura dañada y reconstruir inventarios. “Esto es apenas el inicio de un proceso largo y complicado para restablecer los flujos de petróleo”, explicó. Y añadió: “Dado que Trump ha dejado a Irán con control efectivo del estrecho, la espada de Damocles colgará sobre el paso en adelante, con riesgo de interrupción en cualquier momento”.

Tres caminos Según Barclays, los mercados petroleros enfrentan tres trayectorias distintas a medida que disminuyen los riesgos geopolíticos luego de el pacto entre Washington y Teherán. En un primer escenario, la normalización de los flujos comerciales a través de Ormuz podría impulsar un repunte del consumo y desencadenar la reposición de inventarios.

Los cuellos de botella logísticos, no obstante, retrasarían la plena recuperación del suministro, lo que llevaría a un aumento de los precios del crudo. Un segundo escenario, más equilibrado, prevé que los precios se estabilicen después de una caída inicial, a medida que los mercados se ajustan a la expectativa de mayor oferta y a una prima de riesgo más baja.

En este caso, las exportaciones iraníes se reanudarían de manera gradual, ayudando a mantener los precios por encima de los niveles previos al conflicto. Finalmente, Barclays advierte sobre un tercer escenario en el que los precios del crudo seguirían cayendo.

Los operadores anticiparían más barriles provenientes de Irán y un incremento de la producción en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Incluso si los volúmenes físicos aumentan lentamente, las expectativas sobre la oferta futura bastarían para presionar los precios a la baja.