T’aqrachullo: la verdad detrás del sitio arqueológico peruano que captó la atención de National Geographic¿Amor desmedido o desconexión total? Por qué algunas personas sufren tanto por los animales y otras parecen no afectarseLuis Espinoza, el chef que dejó todo por amor y hoy triunfa en Boston con la primera cervecería artesanal de alma peruanaSe suele decir que los gatos son independientes, que se bastan solos.

La idea circula como una verdad absoluta, y algo de cierto tiene: hay en ellos un misterio que el ser humano no ha terminado de descifrar. Basta ver cómo nos observan desde una esquina, inmóviles, con un cierto desapego.

Es como si te estuvieran juzgando a ti y a varias generaciones de tus antepasados. Pero esa supuesta independencia felina tiene un límite preciso, que es la puerta de la calle.

Dentro de casa, un gato maúlla para pedir comida, para que le cambien la arena, o se convierte en una bola temblorosa que busca refugio bajo las frazadas en una noche helada. Si un gato doméstico encuentra insoportable el invierno húmedo de Lima, ¿cómo sentirán el frío los que duermen en la calle, empapados de garúa?MIRA: Roblox: lo que debes saber del juego que captura la atención de los niños y que ha llegado hasta a las aulasLas personas que terminan dedicando buena parte de su vida al rescate de gatos callejeros suelen recordar siempre un animal específico que fue el inicio de todo.

Un gato que funcionó como detonante emocional. En el caso de Éricka Valle Riestra, ese animal se llama Katto: un persa blanco, pequeño, absurdamente fotogénico y con tanto carisma como para convertirla en una ‘cat lover’ militante. “Antes yo decía que los gatos eran ariscos, que dañaban los muebles”, recuerda Éricka.

Pero Katto llegó a la casa y demolió todos esos prejuicios con la eficiencia de un gato que descubre una cortina nueva o un jarrón bonito para romper.Su hija, la creadora de contenido María Paula Polanco, conocida en redes como Mapi, decidió abrirle una cuenta de Instagram y Tik Tok, Katto The Cat, que al comienzo era un juego, hasta que la realidad del abandono felino le dio un vuelco completo. La primera rescatada en llegar a casa de los Polanco fue Mariposa.

Llegó tímida y hoy se pasea por la sala como una emperatriz gatuna. Pero el caso más fuerte fue el de Baco, un gato tuxedo (blanco y negro) que madre e hija vieron comiendo basura a una cuadra de su casa.

Luego de mucho pensarlo, lo capturaron y le encontraron un nuevo dueño. Sin darse cuenta, habían entrado al mundo del rescate animal.

En ese proceso descubrieron algo evidente para quien tiene ojos: Lima está llena de gatos que nadie ve. “La gente no mira, no presta atención al abandono”, resume Éricka. “Pero cuando empiezas a mirar, ya no puedes parar”. Lo que vino después fue una transformación.

Su casa en San Isidro empezó a funcionar como una estación de tránsito felina. Hubo baños convertidos en ambientes de cuarentena improvisados, madrugadas pendientes de un gatito que no quería comer o de una madre feral muy desconfiada.

Para ese tipo de casos, ellas aplican la llamada terapia de amor, que en su versión ha conseguido someter hasta el gatito más esquivo.Hoy calculan que han ayudado a más de 300 gatos documentados en las redes de Katto The Cat —la cuenta donde buscan hogares para los animales rescatados—, aunque Éricka sospecha que la cifra real supera largamente el millar si se toman en cuenta las adopciones antiguas y aquellas que nunca llegaron a publicarse. Gracias a los conocimientos de administración, márketing y creación de contenido de Mapi, la cuenta empezó a viralizarse.

Ella entendió que una buena fotografía puede salvar una vida y que incluso el nombre con el que presentas a un gato puede influir en su adopción. Así, empezaron a bautizar a las camadas con conceptos inusuales: en una, por ejemplo, los gatos tenían nombres de vinos como Malbec, Sauvignon y Merlot.

Un gatito negro bautizado como Furia Nocturna, por su parecido con el personaje de “Cómo entrenar a tu dragón”, recibió cientos de consultas apenas apareció en TikTok. “Todo entra por los ojos”, resume ella.Más frentes de rescate gatunoA más de cien kilómetros de Lima, en Asia, otra mujer empezaba a notar el mismo problema. Inés Stoessel pasaba temporadas frente al mar cuando inició a observar una creciente población de gatos abandonados alrededor del Boulevard de Asia.

Había camadas entre los estacionamientos, animales con infecciones en los ojos, heridas sin tratar y gatos domésticos que parecían haber sido dejados atrás al terminar el verano. La situación se repetía cada temporada. “Pensé que la única forma de parar esto era atraparlos y esterilizarlos”, recuerda.

Fue entonces cuando empezó a organizar rescates, campañas y adopciones que más adelante darían origen a Gatitos del Boulevard, la organización que dirige. Su refugio hoy alberga entre 50 y 60 gatos y lleva más de 1.000 animales dados en adopción.Las historias de Katto The Cat y Gatitos del Boulevard terminan encontrándose, como ocurre siempre en estas redes invisibles de mujeres que rescatan animales en Lima y sus alrededores.

Todas coinciden en algo: el problema de fondo sigue siendo el mismo. La gente continúa abandonando animales con una facilidad dolorosa y la falta de esterilización sigue alimentando el ciclo de gatos callejeros.

Pero quizá lo que más les afecta no sea rescatar felinos enfermos, sino escuchar a personas que quieren devolver una mascota porque descubrieron demasiado tarde que un animal no es un juguete. Son pocos los casos, dicen, pero siempre duelen.

Adoptar también es hacerse responsable. //