Costa Rica se indigna, con razón, cuando la violencia criminal arrebata vidas. Se moviliza cuando una crisis amenaza la seguridad social, la educación o la estabilidad económica.

Tiene reflejos institucionales claros ante lo que reconoce como urgente: convoca, coordina, mide y evalúa. Esa capacidad existe y ha dado resultados visibles.Pero, frente a la seguridad vial, seguimos reaccionando de forma intermitente.

No hace falta buscar estadísticas: basta con abrir cualquier medio de comunicación, cualquier día de la semana. Las noticias de muertes en carretera están ahí, con nombre, con fotografía, con familia.

Son tragedias que se repiten con una regularidad que debería avergonzarnos, y que, no obstante, hemos aprendido a consumir como parte del paisaje cotidiano.Nos molestan las presas. Nos indignan los huecos.

Reclamamos por semáforos dañados y obras inconclusas. Todo eso importa.

Pero debería preocuparnos igual o más que en nuestras carreteras se pierdan, cada semana, vidas que pudieron salvarse. El problema no es de información: es de jerarquía.

Lo que una sociedad trata como urgente lo mide, lo financia, lo coordina y lo evalúa. Lo que trata como tema secundario, espera.Y la seguridad vial ha esperado demasiado.

No por falta de instituciones ni de normas. Costa Rica tiene el andamiaje para responder: lo que ha faltado es elevar este problema al nivel de prioridad que su letalidad exige, con la misma constancia y el mismo liderazgo visible con que se enfrentan otras emergencias nacionales.La pregunta que deberíamos hacernos no es solo cómo llegamos más rápido, sino cómo llegamos vivos.

No solo cómo reducimos presas, sino cómo reducimos riesgos. No solo cómo movemos más vehículos, sino cómo protegemos mejor a las personas.Al final, una sociedad demuestra cuánto valora la vida no solamente por la forma en que reacciona ante el crimen, sino también por la seriedad con que previene las muertes evitables.

Si la seguridad ciudadana merece una revisión al más alto nivel cada semana, la seguridad vial merece, al menos, una al mes. No como gesto simbólico, sino como señal de que las muertes en carretera también cuentan, también duelen y también tienen solución.barqueroa77@gmail.com Alberto Barquero Espinoza es administrador de empresas con énfasis en transporte terrestre y seguridad vial.