Las espigas, el riesgo silencioso de los paseos con perro en primavera y verano

Con la llegada del buen tiempo, los paseos se hacen más largos, aumentan las salidas al campo y los perros disfrutan más que nunca de los espacios al aire libre. Pero esta época también trae consigo un riesgo discreto que puede acabar en la consulta veterinaria: las espigas.
Estas estructuras secas procedentes de algunas hierbas y cereales, al desprenderse de la planta, quedan rígidas y puntiagudas. Su forma hace que se enganchen con facilidad al pelo de los animales y que avancen siempre en la misma dirección.
Por eso, una vez adheridas, pueden ir introduciéndose poco a poco en distintas zonas del cuerpo del perro.El problema no está solo en que se queden atrapadas en el pelaje. Su verdadero riesgo aparece cuando penetran en áreas sensibles como los oídos, la nariz, los ojos, la boca, la piel o los espacios entre los dedos.
Una vez dentro, pueden avanzar y provocar dolor, infecciones, abscesos e incluso complicaciones que requieran una intervención quirúrgica."La forma de la espiga está pensada para avanzar y por eso, aunque al principio los síntomas puedan parecer leves, el problema puede agravarse en cuestión de horas si no se actúa", explica Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Kivet.Uno de los principales riesgos es que los primeros signos no siempre son evidentes. Por eso, Ramírez insiste en la importancia de observar al perro después de cada paseo, sobre todo si ha estado en zonas con hierba seca.Sacudir la cabeza de forma repetida, rascarse las orejas, estornudar muchas veces seguidas, cojear, lamerse una pata con insistencia o mostrar dolor cuando se le toca una zona concreta pueden ser señales de que una espiga se ha clavado.
También pueden aparecer enrojecimiento, inflamación o secreciones anormales."Si un perro empieza a comportarse de manera distinta luego de el paseo, es importante no normalizarlo", señala Ramírez. "Una simple espiga en el oído puede causar mucho dolor y derivar en una infección grave si no se extrae correctamente".Ante cualquier sospecha, los expertos recomiendan actuar con rapidez.
No conviene intentar retirar una espiga en casa si no se ve con claridad o si parece estar incrustada, ya que al manipularla se podría empujar más hacia dentro. En caso de duda, lo más seguro es acudir al veterinario para que valore la situación y la extraiga correctamente.Aunque algunas lesiones por espigas pueden complicarse, muchos riesgos se reducen con gestos sencillos.
Elegir rutas de paseo seguras, evitar zonas con hierba seca o sin segar y revisar al perro al volver a casa puede marcar la diferencia. Dedicar unos minutos a comprobar las patas, las orejas, el hocico y el pelaje ayuda a detectar a tiempo cualquier cuerpo extraño.El cepillado regular también es importante, especialmente en perros de pelo largo, ya que facilita encontrar espigas antes de que se claven.
En estos casos, mantener el manto más corto durante los meses de mayor exposición puede ayudar a prevenir problemas, porque permite revisar mejor la piel, detectar heridas, inflamaciones o parásitos y reduce la posibilidad de que se adhieran restos vegetales."Estos momentos de cuidado no solo previenen problemas de salud, sino que también refuerzan la confianza del animal y el vínculo con su persona, ya que el perro aprende que ese contacto es positivo y protector", concluye Ramírez.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.