Al regar una planta, muchas personas le dedican unas palabras de ánimo, le cuentan cómo estuvo su día o incluso le ponen música. La creencia de que las plantas crecen más sanas cuando reciben afecto verbal está profundamente instalada en la cultura popular.

Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?Según un artículo publicado por The Conversation, la respuesta es más compleja de lo que parece. Las plantas y los estímulosHablarle a las plantas no tendría un efecto directo relacionado con nuestras emociones o con el significado de las palabras, pero sí podría influir indirectamente en su bienestar.Desde una perspectiva evolutiva, las plantas son organismos sésiles, es decir, permanecen fijas en un lugar y no pueden escapar de amenazas ni buscar mejores condiciones ambientales.

Por esa razón, han desarrollado sofisticados mecanismos para detectar estímulos físicos y químicos esenciales para su supervivencia, como la luz, la humedad, el viento o las vibraciones producidas por insectos.En ese contexto, cuando una persona se acerca a una planta para hablarle, esta puede percibir ciertos cambios físicos. Por ejemplo, detecta las vibraciones sonoras de la voz humana, un fenómeno estudiado por la fitoacústica.

También puede registrar pequeñas corrientes de aire, el contacto físico de una caricia e incluso un aumento localizado de dióxido de carbono (CO₂), gas fundamental para la fotosíntesis.No obstante, las plantas no entienden el contenido de lo que les decimos. Como explica el artículo, para una planta “recitarle un poema de amor o leerle los términos y condiciones de una página web supone exactamente el mismo estímulo físico”.

En otras palabras, son biológicamente incapaces de percibir emociones, intenciones o significados humanos.¿Por qué tantas personas creen que hablar funciona?La explicación podría estar en lo que los autores denominan un “sesgo de la atención”. Quienes suelen conversar con sus plantas también tienden a observarlas con mayor frecuencia y cuidado.

Esa atención adicional permite detectar antes problemas como falta de agua, escasez de luz o la aparición de plagas.Así, no son las palabras las que favorecen el crecimiento, sino el cuidado constante que suele acompañarlas. Una persona que dedica tiempo a interactuar con sus plantas probablemente también riegue mejor, abone cuando corresponde y reaccione más rápido ante cualquier señal de deterioro.Beneficios para las personasPero el beneficio más importante podría recaer en los seres humanos.De acuerdo con The Conversation, hablar con las plantas puede tener efectos positivos sobre nuestro bienestar psicológico.

Verbalizar pensamientos en voz alta ayuda a organizar ideas, procesar emociones y reducir tensiones. En ese sentido, una planta se transforma en un interlocutor ideal: está presente, no interrumpe y no juzga.Esta conducta también se relaciona con la hipótesis de la biofilia, popularizada por el biólogo evolutivo Edward O.

Wilson, que plantea que los seres humanos poseen una tendencia innata a conectar con la naturaleza y otras formas de vida. Cuidar plantas y establecer vínculos con ellas puede generar sensaciones de conexión, propósito y satisfacción, asimismo de favorecer la liberación de hormonas asociadas al bienestar y reducir los niveles de estrés.La conclusión científica es clara: las plantas no comprenden el amor ni los elogios.

Pero hablarles puede ayudarnos a prestarles más atención y, al mismo tiempo, fortalecer nuestra propia conexión con la naturaleza.