Mientras millones de trabajadores esperan el cobro del medio aguinaldo de junio, miles de pequeñas y medianas empresas enfrentan una preocupación menos visible: cómo afrontar un desembolso extraordinario en un contexto de ventas débiles, rentabilidad comprimida y crédito todavía costoso.La discusión sobre el Sueldo Anual Complementario (SAC) suele concentrarse en el destino que le darán los empleados: ahorro, consumo, cancelación de deudas o inversiones. Pero detrás de cada aguinaldo existe otra historia, la de las empresas que deben generar los recursos para pagarlo.Y en un año marcado por la desaceleración económica, la caída de algunos sectores industriales y una competencia creciente por la apertura de importaciones, el desafío se volvió especialmente complejo para buena parte del entramado pyme.El aguinaldo no es sólo medio sueldoPara una empresa, el SAC representa mucho más que medio salario adicional.Asimismo del pago al trabajador, aparecen cargas sociales, contribuciones patronales y obligaciones impositivas asociadas que incrementan el costo efectivo de cumplir con la obligación laboral.“Es un medio sueldo, pero a la vez ese medio sueldo genera un medio impuesto, que es lo que hay que pagar del 931 correspondiente al mes de junio más el medio aguinaldo”, explicó Marcelo Fernández, presidente de CGERA.Por eso, el problema no suele aparecer únicamente en el monto que recibe el empleado sino en el impacto que genera sobre la caja de compañías que vienen atravesando varios años de dificultades.“Ninguna tasa, con el retorno que tienen las empresas, es pagable” Salvador Femenía, vocero de CAME.El problema no es la tasa: es la rentabilidadA primera vista podría suponerse que la solución natural para una empresa con problemas de liquidez es tomar un crédito bancario.No obstante, tanto empresarios como cámaras sectoriales coinciden en que esa alternativa dejó de ser sencilla.“Las tasas están más bajas que a fin del año pasado, pero hoy las rentabilidades están muy agotadas.

Ninguna tasa, con el retorno que tienen las empresas, es pagable”, remarcó Salvador Femenía, vocero de CAME.La frase resume buena parte del problema actual. Aunque las tasas nominales descendieron respecto de los niveles observados durante la aceleración inflacionaria de los últimos años, los márgenes empresariales también se redujeron.La combinación de menor demanda, mayores costos y competencia creciente dejó a muchas empresas con una rentabilidad insuficiente para absorber cómodamente el costo financiero de un préstamo.“Meterse en una tasa se hace impagable”, sintetizó Femenía.La estrategia más utilizada: negociar tiemposFrente a esa realidad, muchas pymes optan por una solución menos financiera y más humana: negociar.La cercanía que caracteriza a gran parte del universo pyme genera una dinámica distinta a la de las grandes corporaciones.

Dueños y trabajadores suelen compartir años de relación laboral, conocen la situación de la empresa y muchas veces encuentran acuerdos informales para atravesar períodos de tensión financiera.“Creo que va a haber muchos acuerdos entre las partes. Las pymes tenemos mucha cercanía con el personal, un trato directo”, indicó Femenía.En la práctica, esto puede traducirse en pagos diferidos, cancelaciones parciales o cronogramas acordados entre empleador y trabajador.“Algunas veces estamos hablando de diferir una semana o dos, otras de pagarlo durante el mes y otras durante dos meses.

Creo que es el camino más elegido”, agregó.No se trata de una estrategia pensada para mejorar rentabilidad, sino de una herramienta para administrar tensiones de caja cuando el financiamiento externo resulta demasiado costoso.Descontar cheques para conseguir liquidezOtra alternativa habitual es el descuento de cheques.La operatoria consiste en vender a una entidad financiera o a un agente del mercado un cheque de cobro futuro a cambio de recibir el dinero de manera inmediata, descontando una tasa.Para muchas pymes representa una forma rápida de transformar ventas ya realizadas en efectivo disponible para afrontar obligaciones inmediatas.Fernández señala que es una herramienta utilizada especialmente en momentos como el actual.“Otros venderán cheques que tienen a futuro, siempre y cuando califiquen”, explicó.La ventaja es la rapidez. La desventaja es que el costo financiero depende de las condiciones del mercado y de la calidad crediticia del emisor del cheque.Las cauciones y el mercado de capitalesLas empresas con mayor grado de formalización también pueden recurrir a instrumentos del mercado de capitales.Uno de los más utilizados son las cauciones bursátiles, una modalidad de financiamiento de corto plazo que funciona de manera similar a un préstamo garantizado.En muchos casos ofrecen tasas más competitivas que el descubierto bancario tradicional y permiten obtener liquidez por períodos breves, justamente el tipo de necesidad que suele generar el pago del aguinaldo.No obstante, no todas las pymes tienen acceso a estas herramientas.

Operar en el mercado requiere cuentas comitentes, historial financiero y cierto nivel de profesionalización administrativa que no siempre está presente en las empresas más pequeñas.Cuando el banco se convierte en la última sogaEl crédito bancario sigue existiendo, pero muchas veces aparece como el último recurso.Fernández advierte que el acceso tampoco está garantizado.“Los bancos van a dudar mucho de prestarle a algunos sectores. No nos olvidemos que venimos de balances que tampoco fueron muy exitosos”, indicó.La situación se vuelve especialmente delicada en rubros como textil, indumentaria, calzado o marroquinería, actividades que atraviesan una combinación de caída de demanda y presión competitiva por las importaciones.“Algunos pedirán crédito al banco para poder cumplir con la gente y se endeudarán.

Aquellos que califiquen”, agregó.Una obligación que llega después de varios años difícilesTanto desde CAME como desde CGERA coinciden en que el problema del aguinaldo no puede analizarse aisladamente. Las dificultades actuales se montan sobre años de tensión financiera acumulada.Pandemia, inflación elevada, pérdida de capital de trabajo, caída de ventas y cambios en el escenario económico fueron erosionando la capacidad financiera de buena parte del sector.“La pyme hace más de cuatro años que la viene pasando mal”, remarcó Femenía.Fernández coincide en el diagnóstico. “Hoy las empresas se encuentran en una situación muy complicada dada la baja de la demanda y la facilitación de importaciones que ha habido.

Hay mucha más oferta que demanda y precios muy por debajo de cualquier tipo de rentabilidad”.Por eso, para muchas empresas el aguinaldo no representa un evento aislado sino una prueba más dentro de una secuencia de desafíos financieros.