El ajedrez siempre ha sido mucho más que un juego; es deporte, ciencia y arte. Eso lo sabe a la perfección Rodrigo González quien, junto con Raúl Tamez, tuvo el acierto de crear Torneo de Ajedrez, danza contemporánea.

Para ello buscó el legendario Club Cuauhtémoc, donde se dan cita jugadores de todo nivel, y encontró al arbitro internacional José Martínez. Con todos esos elementos creó una cascada de posibilidades de movimiento y acciones dramáticas en tiempo real.

Lo menos que se puede decir es que, para aquellos que gustan del milenario juego, la puesta en escena es muy emocionante. También es elocuente en su discurso.

Hay un tablero en el que, cada noche, la partida es definitiva; las piezas se mueven como lo determinan los finalistas del torneo, que, arriba del foro, un poco tímidos, podían ver sus jugadas representadas por bailarines de alto nivel. Tamez trabajó con las piezas blancas tratando de darles un toque estético no europeo.

Resaltaba la reina en puntas y con muletas, decisión de Tamez, que le prestó su bastón para investigar calidades de movimiento, coincidiendo con lo que Marie Chouinard y otros coreógrafos han hecho. En el entendido de que sólo la razón puede detener la destrucción absoluta y que la estrategia y la práctica lo son todo, González trabajó con las piezas negras.

Todo acontecía en el foro de forma simultánea, porque los bailarines aprendieron en el tablero cómo cada movimiento de los ajedrecistas desencadenaba una multiplicidad de posibilidades, que podrían costarles la vida. Un logro más de la Infinita Compañía de Rodrigo González y Raúl Tamez.

Deberían tener una nueva temporada.