Detective salvaje. El guardián de Roberto Bolaño vive en Cuernavaca

DOMINGA.– El retrato de un Roberto Bolaño, sonriente, abarca por completo la portada de la revista Quimera en su edición 314, publicada siete años después de su presunta muerte en Barcelona, en 2003. Digo presunta muerte a los cincuenta años porque cómo explicar que, ante mí, el hombre de la mirada melancólica y rostro anguloso, con la melena revuelta pero encanecida, ronda los setenta años y conversa, con la revista en mano, en medio del caos de su estudio en Cuernavaca, Morelos.
Cuernavaca es la ciudad donde el escritor chileno vivió con su gran amor, o tormento enorme –según se vea–, Lisa Johnson, en 1975. Bolaño llegó a México en 1968 y aquí vivió nueve años.
Tuvo una estancia corta en Chile, regresó al país y se fue a España en 1977. Entre semana trabajaba con su padre, León Bolaño, repartiendo refrescos Lulú de la empresa Pascual en municipios cercanos al volcán Popocatépetl.
Y los fines de semana corría a La Casa del Lago de Chapultepec, a transgredir el mundo con su camarilla de poetas con espíritu indómito y contestatario. Tales andanzas gestaron Los detectives salvajes (1998), su obra capital, publicada veinte años después.Al centro del estudio, una vieja computadora se asoma entre libros sobre una mesa de madera.
La rodean estantes con literatura apretada. Las novelas de Roberto Bolaño están ordenadas en una repisa.
Entre otras, Amuleto (1999), 2666 (2004) y, por supuesto, Los detectives salvajes, que luce la cubierta más desgastada. En el suelo descansa un desbarajuste de cajas con más libros, revistas, papeles sueltos.
Afuera, en el comedor, están desperdigadas publicaciones de Bolaño y el movimiento infrarrealista, concebido por éste y su gran amigo, el poeta Mario Santiago Papasquiaro, como una expresión radical, libertaria y confrontativa a la cultura dominante. Este 2026, por cierto, se conmemoran los cincuenta años de su Manifiesto Infrarrealista, “Déjenlo todo nuevamente”.El hombre al que entrevisto coloca la revista en el reguero de su comedor.
Encima quedaron dispersas algunas fotos de su paso por California, donde vivió con la argentina Alicia Reardon, su compañera de vida. Me estoy refiriendo al escritor mexicano Raúl Silva de la Mora, autor de Roberto Bolaño: real infrarrealista (2023).
Es el estudioso mexicano más reconocido sobre el infrarrealismo y sus protagonistas, “infras” se hacen nombrar. Lleva más de veintiocho años manteniendo vivo el legado de Roberto Bolaño y su clan.
De cierta manera, su obsesión lo mimetizó con el chileno. En ciertos momentos de su vida, en ciertos gestos, bajo cierta luz.
Silva está en preparativos para volar a Barcelona al encuentro “Infrarrealismo. La insurrección permanente”, que organizó Casa Amèrica Catalunya la primera semana de junio.
Le pido que acerque su cara a la portada de Bolaño. Es como ver al mismo personaje en dos épocas distintas.
La sonrisa que aflora en el rostro perpetuado del chileno, a sus cuarenta y pocos años, contrasta con el gesto tenso del mexicano que rehúye mirar a la cámara de frente. Lo conozco hace más de veinte años, un reconocido periodista cultural independiente de carácter sereno y reservado, pero de pensamiento agudo y ocurrente.
Nunca le había preguntado respecto a su parecido físico con el chileno, más alto y de personalidad intensa y provocadora.—¿Te han dicho que te pareces a Roberto Bolaño?—Todo el tiempo—¿Y te gusta?—Es que eso es horrible, ¿no? O sea, yo soy yo.—Sí, pero una cosa es que te digan que te pareces a Bolaño, a quien admiras, y otra que te digan: “Ay, tú te pareces a Raúl Velasco”. —Bueno sí —reconsidera—.
En algún momento me lo expresó gente que conoció a Bolaño y estuvo cerca de él, y yo dije: “ah, bueno”. Y a la hora de ver fotografías pues yo decía: “ah, pues órale”.
Pero no siempre me he parecido, y a lo mejor cada vez menos, porque el tiempo es implacable, ¿no?“Algún día se acordarán de esto”La vida de Raúl Silva de la Mora está entreverada con la de Roberto Bolaño y el infrarrealismo. Nació en 1958, cinco años después que el chileno, en la Ciudad de México, pero creció en Cuernavaca, donde radica.
El encuentro en Barcelona lo hizo cruzar, por vez primera, el océano Atlántico, y así aterrizó en la ciudad en la que Bolaño murió. A la distancia continuamos la entrevista por WhatsApp.
Así me compartió un texto inédito del chileno. Me contó que tuvo un solo contacto con él por mail en 2001, dos años antes de su muerte.
Lo consultó acerca de sus intenciones de publicar un fragmento de su largo poema “El Burro” en el suplemento cultural de La Jornada de Morelos. Su respuesta llegó fechada el 22 de febrero:Querido Silva: En modo alguno se te ocurra publicar un fragmento de cualquier poema mío.
De hecho, no se puede publicar ningún fragmento de ningún poema. Así como la naturaleza de la prosa permite tijeretazos de ese tipo y aún peores, la naturaleza de la poesía no lo admite, a menos que lo que se pretenda sea destruir el poema, que es un cuerpo pequeño y en cierto modo fijo, en donde cada parte está íntimamente relacionada con las otras.
Te agradezco mucho tus palabras y tu ofrecimiento de enviarme las cintas de Mario. Ya las tengo.
Me las trajo un amigo desde México. Pero de todas maneras, muchas gracias.
Recibe un saludo cordial. Roberto Bolaño.—¿Publicaron el fragmento?—Claro que no, aunque correspondía actuar como infra publicándolo.
Silva se sintió frustrado e inhibido. Se arrepiente de no haber continuado la comunicación con Bolaño ni de haberle solicitado alguna entrevista.
Asimismo se quedó con una duda: ¿Qué opinaba de los epígrafes? ¿Los consideraba válidos? En Barcelona se encontró con un puñado de infras de la tercera edad a quienes Bolaño ficcionalizó en Los detectives salvajes.
La noche previa al evento me mandó una foto en la que convive con algunas de sus figuras legendarias: Rubén Medina, Guadalupe Pita Ochoa y José Hernández Piel Divina. Tremendo mote.Silva sale agachado, lo abraza del cuello Margarita Caballero, escultora peruana amiga de la banda festejada.
A su lado está otro puñado de gente, más joven, que estudia el paisaje y paisanaje del infrarrealismo, como el chileno Nibaldo Acero. Participó en el conversatorio “Estudios sobre Infrarrealismo”, en el que también estuvo Silva, de quien expresó: “Probablemente Raúl sea el estudioso más importante y más dedicado al tema. [...] Es extraordinario tu trabajo, aprendemos mucho de ti”.
Silva lo precedió exponiendo que “hay una historia poderosa forjada en la literatura de Roberto Bolaño, plenamente visible y reconocida, pero también hay una historia forjada por los poetas del infrarrealismo que hicieron pandilla con él, pero que no han sido valorados como su obra se merece”. El periodista se asumió como su defensor feroz y divulgador más dedicado.
Critica el rechazo, la exclusión y el desdén con el que la cultura dominante les trata, y se opone a la idea difundida de que sus poetas eran sólo una cuadrilla saboteadora de las lecturas de sus adversarios, poetas cercanos al poder institucional, especialmente los del círculo de Octavio Paz, pero que produjeron una obra poética mínima. Para el catálogo de la exposición catalana escribió el ensayo “Algún día se acordarán de esto”, en el que retomó la frase que dice que Roberto Bolaño le externaba al poeta infra Bruno Montané, pues si bien reconocía que sus modestas revistas no eran muy leídas, algún día su obra sería apreciada.
Silva ha rastreado las huellas que poetas infras dejaron en publicaciones de reducido o gran tiraje, talleres literarios, lecturas de poesía en la Casa del Lago y la librería Gandhi y, desde luego, en las memorables irrupciones en las que boicotearon las lecturas poéticas de sus enemigos. Roberto Bolaño: real infrarrealistaEn su libro, Silva tuvo el desafío de emular lo que Bolaño hizo en su novela, narrar una sucesión de testimonios pero desde la realidad.
Durante su presentación, realizada en el salón de un museo de Cuernavaca en 2024, explicó: “En medio de la gran cantidad de libros que se han escrito, acerca de Bolaño, este tiene un sentido entrañable: el hecho claro y concreto de que le da resonancia a la voz de quienes fueron sus amigos o estuvieron cercanos”. El libro, editado por el poeta chileno Roberto Contreras, fue publicado en 2023 para conmemorar los veinte años de la muerte de Bolaño, los 25 años de Los detectives salvajes, y los setenta que su autor hubiera cumplido de seguir con vida.
De esta forma Silva coronó los más de veintiocho años dedicados a investigar a la generación infra a la que Medina describió en su testimonio como “lumpen y desclasada”. Fueron quinientos ejemplares que se agotaron pero puede descargarse en línea.
Silva desertó de la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, pero lo marcó haber conocido en sus pasillos a la mítica poeta uruguaya Alcira Soust Scaffo, amiga de Bolaño, a quien llevó a las páginas de Los detectives salvajes como Auxilio Lacouture, y eternizó en Amuleto, a todo esto, su novela preferida del chileno. Desde muy joven, en los años ochenta, Silva convivió con infras, como el poeta Ricardo Castillo y el pintor Gustavo Aceves, con quienes compartió departamento en la colonia Roma.
Ahí llegaba a visitarlos el legendario Mario Santiago “y leía interminablemente sus textos”, recuerda. Bolaño lo inmortalizó en la novela como Ulises Lima, el compañero de correrías de Arturo Belano, su alter ego.“Esos encuentros también se dieron en muchos otros territorios, y esa comunión siempre fue para mí como la de un espectador, pues el tamaño de mi timidez en ese entonces alcanzaba solamente para ser un testigo de lo que ocurría a mi alrededor”.Luego Silva vivió una década en Estados Unidos, trabajando en la red de emisoras públicas Radio Bilingüe de California.
Regresó a México en 1994, movido por el levantamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y retomó el contacto con el ecosistema infrarrealista y afines, entre quienes estaba el poeta y músico rupestre Rafael Catana. La llegada del nuevo milenio llevó al periodista a crear la audio revista grabada en CD llamada Nomedites, que se difundió de 2003 a 2007, con ocho ediciones, con apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
En su número tres difundió el reportaje audiovisual “En el zaguán de las nubes”, con el que obtuvo el Premio de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en la categoría de radio, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2001. Fue un homenaje audiovisual a Mario Santiago.
En el video se escucha la voz de Bolaño decir: “el mejor poeta que he conocido en mi vida”. La edición número cinco de Nomedites incluyó cuatro cartas de Bolaño a su amigo y su testimonio del infrarrealismo en audio y video.En 2007 produjo la edición número ocho de forma multimedia en la que reunió “la colección más extensa de materiales infrarrealistas que hasta ahora se han reunido: libros completos, audios con reportajes, videos, fotografías, antologías, facsimilares de revistas”.
Un año después, impulsó en México y Sudamérica un movimiento editorial de libros artesanales, bajo el nombre de La Cartonera y La Ratona Cartonera, en los que visibilizó la poesía infrarrealista.Reinventar el amor en CuernavacaUna tarde de viernes, Raúl Silva de la Mora camina sobre la calle Comonfort del centro de Cuernavaca. Detrás resalta la blancura de la enorme catedral.
Para frente al portón de un edificio de tres pisos y eleva su mirada. “Aquí vivió Victoria Soto”, dice respecto a una de sus fuentes entrevistadas. Fue una chilena, autora del libro de cuentos Té de Ceilán, y amiga de la madre de Bolaño, Victoria Ávalos.
Trabajaron en la misma oficina. El periodista publicó fragmentos de testimonios reunidos durante más de dos décadas.
Ahí dio a conocer trazos sobre un episodio de la vida de Bolaño de los más desconocidos, su estancia en Cuernavaca con Lisa. Le pregunté a Silva si tenía más información y lo negó, investigó con otros infras y tampoco.
Victoria Soto pudiera haber conocido ese capítulo pero falleció en 2023. Parece ser que Lisa es la única persona que sabe en qué calle vivieron, durante cuánto tiempo, los lugares que frecuentaban, las razones de su regreso a la Ciudad de México.
A través de José Peguero, conseguí su teléfono. No hubo respuesta.Peguero, uno de los infras fundadores del movimiento, en 2006 le compartió a Silva una de esas pinceladas, que es asimismo una de las anécdotas más entrañables para su tribu sobre Mario Santiago: “Roberto se estaba cambiando de casa y a Mario le tocaba leer en Casa del Lago: Llegó y le expresó: ‘oye me estoy cambiando de casa’ y Mario abandonó la lectura.
Roberto se estaba yendo a vivir con Lisa a Cuernavaca. Era más importante ayudarle a los cuates en su mudanza que una lectura.
Se volvió como una consigna”.Otro de los infras fundadores, Rubén Medina, hoy académico universitario en Wisconsin, desde una videollamada en 2011 recordó de Bolaño: “En esa época Roberto estaba viviendo en Cuernavaca, trabajaba repartiendo refrescos, venía los fines de semana al DF y a la Casa del Lago”.Soto tuvo oportunidad de atestiguar la vida del chileno desde un espacio más íntimo, su círculo familiar, por la amistad con su madre. En su testimonio relata que el chileno estaba muy enamorado de Lisa, “qué sé yo, el amor a todo reventar”.
Así se mudaron a Cuernavaca y “luego llegó el momento de la realidad y Roberto tuvo que trabajar para mantenerla”. Sentada en la sala de su casa de Cuernavaca, en junio de 2009, explicó Silva en su libro, le relató acerca del chileno: “Estuvo trabajando con su papá, aquí en Cuernavaca, repartiendo refrescos Pascual, porque él no estaba acostumbrado a tener patrones.
Pero como no era disciplinado con los horarios, entonces llegó el momento y no quiso trabajar. Ahí se terminó el amor, como dicen, ‘cuando la pobreza entra por la ventana, el amor sale por la puerta’, algo así.
Entonces se terminó ahí el noviazgo”. En 1976 Roberto Bolaño publicó su primer libro, Reinventar el amor, un largo poema que, según el testimonio de Medina, escribió cuando su relación con Lisa ya estaba rota.
Apunta que en este “recorre” su relación con la mexicana y lo que le significa “ser poeta”. En una parte del poema Bolaño menciona los trayectos que hacía con su padre, en la “Ruta 64” que bordeaba el Popocatépetl.
Repartían los refrescos Lulú recorriendo pequeñas tiendas de abarrotes de Amilcingo, Huazulco, Xochicalco, Yecapixtla y Tetela del Volcán, entre otros municipios.Le escribo a Silva sobre mis intenciones de publicar un fragmento de Reinventar el amor alusivo a Morelos, creyendo que, ahora sí, querrá actuar como infra y publicarlo sin recelos. Me responde que yo podría tener cierta licencia por tratarse de un texto periodístico, pero que “lo haga con cuidado, que no sea muy largo”.Vi niños de pueblos prehistóricos decirme buena suerte con las manos levantadaso pedirme un agua de soda mientras el camión de Refresquerías Lulúse perdía entre el sol del camino, inexorablemente.Pequeñísimos volcancitos a la orilla de la vida.
Arbolitos delicados a la orilla del azoro.Porque hoy el corazón reposa, duro y profundo,en la lengua de los monstruos. Silva compartió una última foto de su paso por Barcelona.
Se le ve de espaldas, abrazando a su compañera, caminando por una de sus calles. Con este viaje celebra, por cierto, los cuarenta años de su relación de pareja.
Reinventan su amor en Barcelona. Con Alicia ha traducido últimamente algunas obras literarias para Penguin y Harper Collins.
La vida más allá del infrarrealismo. Su historia es sólo suya.
De su vasta investigación infra, en cambio, quizá hoy también le corresponde decir: “Algún día se acordarán de esto”.GSC / MMM
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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