Panamá y Rusia, historias económicas paralelas

Aunque usted no lo crea, existe un paralelismo en el saqueo de las riquezas producidas por dichos pueblos y el hilo conductor está vinculado a la injerencia imperialista estadounidense, cuyo propósito concreto fue el de imponer el modelo neoliberal o de “capitalismo salvaje” en ambos países. En el caso de Rusia, a la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, 1989), la presión diplomática norteamericana obligó a Boris Yeltsin (1991-1999), supuestamente, a devolver a los rusos la riqueza acumulada en 72 años de socialismo (estatal) a través de “vales” (documentos negociables), en circunstancias en que el pueblo ruso, “hambreado” por la crisis, se vio obligado a negociar dichos instrumentos financieros por una “bicoca”, mucho antes de la fecha de su redención, pasando toda esa fortuna a manos de los nuevos ricos (burguesía burocrática corrupta rusa).
Luego, en otra medida premeditada y lesiva a los intereses del pueblo, el nuevo Estado burgués ruso adquirió préstamos multimillonarios, que después no cancelaron los nuevos ricos rusos (burguesía financiera), quedándose estos con las garantías (grandes empresas del ex Estado de la URSS). Así, “en un abrir y cerrar de ojos”, el capital acumulado por el pueblo trabajador ruso-soviético en tres cuartos de siglo pasó a manos de unos cuantos usureros (banqueros rusos).
En el caso de Panamá, confluyeron tres acontecimientos: primero, la devolución de las propiedades del Canal (“áreas revertidas”) a la República de Panamá, valoradas en más de 31 billones de dólares norteamericanos (EE. UU.).
Segundo, la invasión militar del imperialismo yanqui a Panamá (genocidio del 20 de diciembre de 1989). Y, tercero, la instalación en el poder de la República de Panamá del triunvirato (Endara, Arias-Calderón y Ford) en enero de 1990 y el inicio de los gobiernos de la plutocracia, luego convertidos en plutocracia corrupta y clientelar, para terminar hoy en el “gobierno 100% empresarial”, de la plutocracia minera, corrupta, clientelar y antinacional, del “dictador”, José Raúl Mulino Quintero.
En esas circunstancias geopolíticas de finales del siglo pasado, los Estados Unidos le imponen a América Latina y, por supuesto, a Panamá, el denominado “Consenso de Washington”, que no es otra cosa que medidas estructurales draconianas consensuadas por los organismos financieros con sede en la capital del imperio (FMI, BM y BID) y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. “Políticas que propugnaban la estabilización macroeconómica, la liberalización económica con respecto al comercio, la reducción del Estado y la expansión de las fuerzas del mercado dentro de la economía interna”. Traducidas en la privatización de las empresas públicas, reducción del déficit fiscal a través de la disminución del gasto público social, entrega de la riqueza del país a la explotación privada nacional y extranjera, etc.
En nuestro país, todo ello se transformó en una gran “piñata”. Una parte importante del dinero de la privatización de las empresas públicas (IRHE, Intel y casinos, etc.) se “evaporó”.
En otras palabras, empezó la “vagabundería” de los ricos y poderosos o la “danza” de millones de dólares, que uno de los sátrapas panameños calificó como el cohecho de los políticos “que entran limpios (al gobierno) y salen millonarios”. Esa constituye la historia paralela —poco conocida— de cómo, a causa del intervencionismo estadounidense, los pueblos ruso y panameño fueron expoliados por el imperialismo norteamericano y por sus respectivas oligarquías.
¡Así de sencilla es la cosa! El autor es abogado y analista político.
Información de La Prensa (Panamá). Edición y redacción: Noticias Today.
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