La mater de todas las batallas

Una de las características principales de los primeros cien días de José Antonio Kast ha sido abrir un conflicto con toda la izquierda atrincherada en el ámbito de la educación y la cultura: desde la intelligentsia académica hasta los gremios de actores, pasando por el Colegio de Profesores y el movimiento estudiantil. La impotencia de las respuestas desde estas trincheras confirma las vacas flacas, flaquísimas, por las que pasa la izquierda.
A Piñera el movimiento estudiantil le desarticuló el primer gobierno y los escolares dieron el puntapié inicial del estallido. Los artistas de izquierda, por su parte, le botaron un ministro en dos días; diversos gremios académicos le cuestionaron todas y cada una de sus medidas (especialmente durante la pandemia), y el Colegio de Profesores logró hacerse primero con las que parecían ser las mejores vacunas contra el Covid y aun así no volver a clases.
Ahora languidecen y se ven lastimosos y hasta ridículos, como Mario Aguilar afirmando frente a las cámaras que las manifestaciones estudiantiles son perfectamente pacíficas mientras un grupo de encapuchados, portando bombas molotov, atraviesa la toma. O, hablando de tomas, los estudiantes de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile tomándose su facultad y destruyendo hasta dejar convertida en chiquero la oficina de la decana.
Corren aires de poca compasión con les cabres y les académiques.No obstante, estos son laureles engañosos, que bien podrían mostrarse estériles, un mero gustito de la “batalla cultural”, si es que el gobierno no se prepara y se decide a recuperar posiciones en el campo en disputa. Enojar al adversario es distinto a hacerlo retroceder.
La madre del cordero la tocó, sin querer, el ministro Quiroz en su poco afortunada frase sobre las vocaciones profesionales. La gratuidad es una de las políticas públicas más caras de la historia de Chile, y hoy está financiando una fábrica de cesantes ilustrados.
El CAE hace visibles los efectos de la combinación de malas decisiones y mala fortuna en el bolsillo de los estudiantes que se endeudan para estudiar. La tragedia y el costo del título inútil lo carga cada uno.
Pero la gratuidad simplemente cubre ese mal con dinero de los impuestos, sin arreglar el problema mayor. Quita la deuda, pero no la cesantía posterior.
Los perdonazos prometidos por Boric durante todas y cada una sus campañas políticas eran también un parche curita.El poder del Frente Amplio se construyó sobre la promesa de una revolución cultural: la expectativa de educación pública (es decir, de libre acceso), gratuita y de calidad para todos. Cualquier cosa por debajo de este estándar era, en teoría, mera segregación.
No más selección, no más mérito. Todos merecían lo máximo.
Todos tendrían lo máximo. No sólo no habría más educación selectiva, sino que el título universitario sería un derecho universal.
Este nuevo pacto, instaurado por Bachelet II, reemplazaría el desgastado acuerdo social de la transición, que prometía acceso a la universidad, y por tanto a una vida profesional estable y lucrativa, sólo a los mejores y más esforzados. Una década y millones de dólares después, la productividad de los chilenos no ha mejorado un ápice y la cesantía ilustrada, tal como en Estados Unidos o en el Reino Unido, crece a un ritmo vertiginoso.
La educación superior está a punto de sucumbir a la misma banalidad en la que ya se hundió la educación básica y media (de donde los profesores se retiran en masa). Y los sueños rotos se los llevan Uber, Only Fans y otras plataformas.
¿A nadie le llamó la atención que entre los ejecutados de altos ingresos del CAE aparecieran influencers como “Otakín” y emprendedores como el dueño de Descuentos Rata, cuyo ingreso en nada se relaciona a lo que estudiaron? Hasta algunas de las “historias exitosas” eran a pesar de la universidad y no gracias a ella.El gran desafío de la derecha gobernante es plantear un nuevo contrato social y educativo a la sociedad chilena, y avanzar en él.
Ni más ni menos. Y el tiempo para mostrar ese horizonte se agota.
Esa es la madre de todas las batallas, y si no logra avanzar en una propuesta, la izquierda cultural habrá sufrido un mal rato, pero no una merecida derrota.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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