Un niño patea una pelota en una calle de Teherán imaginando que algún día escuchará el himno de su país en una Copa del Mundo. Un árbitro corre bajo el sol de una cancha polvorienta convencido de que, si trabaja lo suficiente, llegará al escenario más grande del fútbol.

Con el tiempo llegan las eliminatorias, las convocatorias, los aplausos, las despedidas en los aeropuertos y los abrazos de quienes saben que están viendo partir a uno de los suyos hacia la cita más importante del deporte.Y entonces llega el momento de aterrizar en el país anfitrión.Ese instante, que durante décadas representó la culminación de una vida de sacrificios, se ha convertido para algunos en el primer obstáculo. Interrogatorios de horas en los aeropuertos, visas denegadas, restricciones migratorias, registros exhaustivos y selecciones obligadas a permanecer fuera del territorio estadounidense forman parte de una realidad que pocos imaginaron cuando inició el camino hacia el Mundial de 2026.La Copa del Mundo llega a Estados Unidos en medio de uno de los momentos geopolíticos más complejos de los últimos años.

Washington mantiene una posición activa en varios de los principales focos de tensión internacional: respalda a Israel en su confrontación con Irán, continúa involucrado en la presión diplomática sobre Venezuela y sostiene una política migratoria cada vez más restrictiva bajo la administración de Donald Trump (entre otros).Esa realidad ya inició a colarse en el torneo incluso antes del pitazo inicial.Todo en una semanaUno de los casos más llamativos involucra a Irán. La federación de ese país denunció que la FIFA revocó las entradas que originalmente habían sido asignadas a sus dirigentes y confirmó que la selección no podrá permanecer en territorio estadounidense durante el torneo.

Los futbolistas iraníes deberán viajar desde su base de concentración en el norte de México para disputar cada partido y regresar el mismo día, una situación inédita.Adicionalmente, la federación iraní denunció que FIFA le retiró entradas para sus aficionados cuando cada selección suele recibir alrededdor del 8% de la capacidad de los estadios para distribuir boletos a sus hinchas.También, el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, considerado el mejor colegiado africano de 2025 y llamado a convertirse en el primer somalí en dirigir en una Copa del Mundo, fue excluido del torneo luego de ser rechazado por las autoridades migratorias estadounidenses. Somalia figura entre los países afectados por las nuevas restricciones de ingreso impulsadas por Washington.Los problemas continuaron con la selección de Irak.

Su estrella, Aymen Hussein (héroe de la clasificación), fue retenido durante siete horas en el aeropuerto de Chicago debido a una aparente confusión de identidad. Aunque finalmente pudo ingresar al país, el episodio generó preocupación dentro de la delegación.

Asimismo, al fotógrafo irakí Talal Salah se le negó la entrada.Otras selecciones tampoco escaparon al escrutinio. Los planteles de Uzbekistán y Senegal fueron sometidos a exhaustivos controles de seguridad que incluyeron perros especializados, detectores de metales y revisiones detalladas de equipaje y pertenencias personales.

En redes sociales muchos se preguntan: ¿harían lo mismo Con Messi o Cristiano?Fuera de los aeropuertosDurante esta misma semana en que las selecciones comenzaron a instalarse, varios hechos de violencia armada volvieron a ocupar titulares. En Kansas City, nueve personas resultaron heridas en un tiroteo ocurrido a pocos kilómetros del centro de entrenamiento asignado a Inglaterra.

Aunque las autoridades insistieron en que el incidente no tuvo relación con el Mundial, el episodio recordó una realidad que millones de visitantes extranjeros asocian con Estados Unidos: la frecuencia de los ataques con armas de fuego.Pocas horas después, otro tiroteo dejó doce heridos durante un festival comunitario en Toledo, Ohio. Cientos de personas participaban en la actividad cuando comenzaron los disparos.

Dos de las víctimas permanecieron en estado crítico.A ello se suman las crecientes protestas contra las redadas migratorias realizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Manifestaciones registradas en ciudades como San Antonio y Nueva Jersey han puesto nuevamente sobre la mesa el debate sobre el trato a los migrantes en un país que espera recibir a millones de aficionados provenientes de todos los continentes.La inquietud es especialmente visible en las sedes tejanas.

Houston y Dallas desarrollaron planes específicos para informar a residentes y visitantes sobre sus derechos, mecanismos de protección y protocolos de seguridad. En Houston incluso se elaboró un Plan de Acción de Derechos Humanos que incluye apartados dedicados a migración, seguridad pública y prevención de la trata de personas.Mucho antes de que el balón rodara el 11 de junio, la política ya había entrado a la cancha.