Silvestre Rodríguez, el aficionado del Tri que transformó la adversidad en pasión por el futbol

Cuando Silvestre Rodríguez habla de futbol, la voz le cambia. Sonríe, recuerda, se emociona.
La selección mexicana sigue siendo una parte esencial de su vida, incluso después de que una infección le arrebatara las piernas y cambiara para siempre su rutina. Originario de la Ciudad de México, Rodríguez emigró a Los Ángeles en 1998.
Aquí construyó una nueva vida junto a su familia y trabajó durante años como trailero, repartiendo frutas a las grandes cadenas de supermercados. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que una jornada laboral terminó por convertirse en el inicio de una pesadilla.
Cierra los ojos y recuerda aquel día como un golpe que retumba en su memoria. Le tocó acudir a una bodega en medio de una intensa ola de calor.
Afuera, las altas temperaturas castigaban la ciudad; adentro, el frío era extremo. “Al salir me dio escalofrío, eso me sucedió un jueves y al otro día me volvió a pasar lo mismo. Me dio un dolor muy fuerte en las pantorrillas, agarré una bacteria muy fuerte esos días que me complicó todo y derivó en esto”, señala Rodríguez en charla con Excélsior.
La infección tuvo consecuencias devastadoras y su salud comprometió ambas piernas. Sin entender la razón todavía, hoy se desplaza en silla de ruedas, pero eso no ha conseguido alejarlo de una de sus mayores pasiones.
Aunque no pudo comprar boletos para los partidos debido a los elevados precios del Mundial, tiene un plan muy claro: asistir a todos los encuentros de la Selección Mexicana en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, sede del FIFA Fan Fest. “El futbol es parte de mi vida. Yo era jugador, no profesional, pero todavía jugaba antes de que me pasara esto, en el Mundial 2022”.
Para Silvestre, el futbol es mucho más que un entretenimiento. Es una compañía permanente, una forma de encontrar alegría en los momentos más difíciles y una conexión con sus raíces mexicanas. “La selección mexicana es parte de mí, mi jugador favorito es Rafa Márquez porque yo también era defensa central.
Verlo me ayudó a no pensar en los problemas. Todo el tiempo estoy viendo futbol, en mi casa se respira.
Ojalá que México siga avanzando y me regale más alegrías”. La conversación termina y su hijo vuelve a colocarse detrás de la silla para empujarlo entre la multitud de aficionados que llenan el Fan Fest.
Antes de marcharse, Silvestre deja un último deseo, acompañado de una sonrisa que revela que la esperanza sigue intacta. “Que avance México hasta donde más pueda, y que no haya el famoso no era penal”. Al Mundial, basta asistir con una camiseta, una ilusión y una pasión que ni siquiera la adversidad pueda derrotar.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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