La Factoría N.º 1 de Tbilisi guarda en la profundidad de sus cámaras miles de botellas de vino que no han visto la luz en dos siglos. Colecciones que pertenecieron a los zares rusos y al emperador francés Napoleón Bonaparte y que en el turbulento siglo XX acabaron en manos del dictador soviético Iósif Stalin, la figura más funesta de la historia de Georgia.

Siete décadas después de su muerte, el Gobierno georgiano abre esta inmensa bodega al mundo.Seguir leyendo