De Etzatlán, Jalisco al Mundial 2026, así el tejido artesanal

Lo que inició como una tradición transmitida de generación en generación dentro de una familia de Etzatlán, hoy forma parte de la imagen con la que Jalisco se presenta ante millones de visitantes durante este Mundial 2026.Detrás de los coloridos cielos tejidos que adornan espacios emblemáticos del estado se encuentra la historia de cuatro generaciones de mujeres que transformaron un oficio aprendido en casa en un símbolo de identidad y orgullo jalisciense.Lorena Ron Ciordia, fundadora de Cielo Tejido, comparte con MILENIO cómo el legado de su madre y su tía abuela trascendió fronteras y llevó el arte del crochet de rafia desde un pequeño municipio hasta los ojos del mundo.En estos días de fiesta futbolera, las monumentales piezas elaboradas por artesanas y artesanos de Etzatlán pueden apreciarse en distintos puntos del Área Metropolitana de Guadalajara, como el Andador de Zapopan, el Centro Histórico de Tlaquepaque, los alrededores del Estadio Guadalajara y la zona de Andares, donde forman parte de la ambientación creada para recibir a aficionados y turistas durante la justa mundialista. De los patios de las casas etzatlenses a escenarios internacionales, Cielo Tejido se ha convertido en una muestra del talento artesanal de Jalisco y en un recordatorio de que las tradiciones familiares pueden cruzar fronteras sin perder sus raíces.
Detrás de cada hilo de rafia permanece una historia de herencia, trabajo colectivo y mujeres que, con un gancho de crochet en las manos, tejieron un legado capaz de conquistar la mirada del mundo. Herencia que se tejePor generaciones, las mujeres de un pequeño municipio jalisciense han tejido historias, tradiciones y comunidad.
Hoy, ese legado cuelga sobre las calles que reciben a miles de visitantes durante el Mundial 2026 y ha convertido a Etzatlán en un referente mundial del arte textil comunitario.Para Lorena Ron Ciordia, directora y fundadora de Cielo Tejido junto con su madre, Paloma Ciordia, el proyecto nació sin imaginar el alcance que tendría. La intención inicial era mucho más sencilla: rendir homenaje al Señor de la Misericordia, patrono de Etzatlán. “En nuestro pueblo existe la tradición de adornar las calles con papel picado durante las fiestas patronales.
Queríamos hacer algo que durara más tiempo y pensamos en utilizar rafia. Primero forramos árboles y después se nos sucedió crear una sombra para que pasara la procesión del Señor de la Misericordia.
Ahí fue donde inició todo”, recuerda Lorena.Aquella idea surgió en medio de las celebraciones religiosas que cada octubre reúnen a la comunidad. Lo que nadie imaginaba era que años después ese mismo trabajo sería admirado por miles de personas provenientes de distintas partes del mundo.La historia de Cielo Tejido no puede entenderse sin la historia de las mujeres de la familia Ron Ciordia.Lorena aprendió a tejer desde niña gracias a las enseñanzas de su madre y de su tía abuela.
Entre puntadas y conversaciones familiares descubrió una técnica que con el tiempo se convertiría en una herramienta para transformar espacios públicos.“Fue mi madre y mi tía abuela quienes me enseñaron. Ellas me transmitieron este conocimiento y hoy sigue vivo”, cuenta.La tradición continúa vigente.
A sus 94 años, la madre de Lorena todavía participa activamente en los proyectos del colectivo. Sigue elaborando piezas para los grandes montajes y se mantiene como una de las tejedoras más entusiastas.
La cadena generacional tampoco termina ahí. La hija de Lorena se ha sumado al proyecto aportando nuevas ideas, diseños y estrategias de difusión digital que han permitido que el trabajo artesanal de Etzatlán llegue a nuevos públicos.Así, cuatro generaciones de mujeres han mantenido vivo un oficio que ha evolucionado sin perder sus raíces.Del patio de una casa a un récord GuinnessLa primera gran instalación de un cielo tejido se llevó a cabo en 2016 y cubrió aproximadamente una cuadra de la cabecera municipal: cerca de mil metros cuadrados de tejido.El impacto visual fue inmediato.Al año siguiente se cubrieron dos calles.
Después fueron tres. Conforme avanzaban los montajes, también crecía la participación de la comunidad y la ambición de los proyectos.Fue entonces cuando surgió una idea que parecía imposible: romper un récord mundial.En 2019, Etzatlán logró obtener el récord Guinness al pabellón tejido a crochet más grande del mundo, una marca que continúa vigente.
La dimensión de la obra llamó la atención internacional y colocó al municipio en el mapa global del arte comunitario.“Seguimos conservando el récord. De hecho, para la edición 2026 del libro Guinness nos solicitaron nuevas fotografías para volver a publicarlo”, explica Lorena.Más allá de la cifra, el reconocimiento representó la confirmación de que una tradición local podía competir en escenarios internacionales sin perder su esencia comunitaria.Tejedoras que sostienen un sueñoAunque la imagen pública de Cielo Tejido suele concentrarse en sus fundadoras, detrás de cada instalación existe una red de cerca de 200 mujeres que participan en los proyectos.Son tejedoras provenientes de Etzatlán y de comunidades cercanas como Santa Rosalía, El Trapiche, Mazas y Santiaguito, entre otras.
MC
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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