Cada vez más empresas están invirtiendo en startups. Pero pocas se hacen la pregunta clave: ¿deberían hacerlo como fondos de venture capital?La relación entre compañías y el ecosistema emprendedor hoy es estratégica.

A través de distintos mecanismos como scouting, pilotos, alianzas o inversión, las empresas buscan acceder a tecnologías, talento y capacidades que muchas veces se desarrollan fuera de sus estructuras. A este conjunto de herramientas lo llamamos Corporate Venturing.Dentro de este espacio, el Corporate Venture Capital ha ganado protagonismo.

Según Global Corporate Venturing, en 2025 más de 3.000 empresas invirtieron en startups, un 29% más que el año anterior. El mensaje es claro: ya no son actores secundarios.

Están entrando antes y con más fuerza en compañías que pueden transformar sus industrias. De hecho, Chile no está lejano a esto, inversiones en startups de Carozzi Ventures (Frankles el 2025 y Neocrop el 2026), Leap de Caja los Andes (Soyio en 2026) y Abastibletec (Bluetek y Zensi el 2026) lo demuestran.Pero junto con el mayor interés de las compañías por invertir aparece una pregunta incómoda: si el mandato de una empresa no es el mismo que el de un fondo de venture capital, ¿por qué debería invertir necesariamente bajo la misma lógica?Un inversionista de venture capital puede coincidir con una empresa en una ronda de inversión, pero no necesariamente buscan lo mismo.

El primero administra un portafolio financiero, acepta que muchas apuestas no prosperarán y espera retornos extraordinarios en unas pocas. El corporativo juega otro partido: busca aprender antes, acceder a tecnologías críticas, resolver desafíos de negocio, fortalecer capacidades, construir opciones estratégicas o preparar una posible adquisición.El desafío no es que más empresas hagan venture capital.

El desafío es que entiendan qué valor único pueden aportar al ecosistema y construyan mecanismos coherentes con eso.El riesgo aparece cuando el corporativo usa instrumentos diseñados para el capital de riesgo sin adaptarlos a su lógica. Entrar, por ejemplo, vía SAFE, (Acuerdo Simple para Acciones Futuras), inversión minoritaria o como aportante de un fondo puede ser natural para un inversionista financiero, pero para una empresa abre ciertas preguntas: cómo resguardar el patrimonio, cómo gobernar la relación con la startup y cómo abordar una posición minoritaria sin un camino claro de impacto al negocio.Para un directorio, estos cuestionamientos no son burocracia.

Son parte del deber de administrar riesgo, capital y estrategia. Una empresa no puede invertir como si fuera un fondo cuando su mandato y sus responsabilidades son distintas.Si el objetivo es aprender, probablemente baste con acceso estructurado al ecosistema.

Si se busca resolver un problema concreto, pilotear o comprar tecnología puede ser más efectivo. Y si lo que se quiere es construir una opción futura, entonces una relación más profunda o un mecanismo de financiamiento específico puede tener sentido.

Pero no necesariamente una inversión accionaria desde el inicio.Las empresas sí deben jugar en la cancha del venture capital, pero con reglas propias.Por Mauricio Matus, Corporate Business Associate en ChileGlobal Ventures de Fundación Chile.