Mesa 6

Estoy segura de que no se tiene que creer en la poesía para escribir poemas o, dicho de otra manera, se puede prescindir del idealismo que postula, por un lado, la poesía como esencia y, por el otro, los poemas como accidentes, manifestaciones de esa esencia, y centrarse mejor en los procedimientos. Paz intenta hacerlo en El arco y la lira.
La sección inicial está dividida en cuatro partes: El lenguaje, El ritmo, Verso y prosa, La imagen. Debe quedar claro que al usar el verbo “intenta” no estoy sugiriendo que Paz fracasa, sino que sus argumentos, justamente imbuidos del romanticismo alemán y el simbolismo francés, se imponen sobre cualquier ejemplificación de las definiciones y categorías que establece página luego de página.
Cuando leo “la ciencia [la lingüística] verifica una creencia común a todos los poetas de todos los tiempos: el lenguaje es poesía en estado natural”, no entiendo las diversas etapas de la frase. Habría sido de gran utilidad —para una incrédula como yo— ofrecer algún ejemplo de lenguaje o poesía en estado natural.
Quizá Paz se esté refiriendo a expresiones infantiles o primitivas. Pienso en un texto antiguo como el Poema de Gilgamesh: “Quien vio el Abismo/ fundamento de la tierra/ quien conoció los mares/ fue quien todo lo supo;/ quien, a la vez/ investigó lo oculto:/ dotado de sabiduría,/ comprendió todo,/ descubrió el misterio/ abrió [el conducto]/ de las profundidades ignoradas/ y trajo la historia/ de tiempos del diluvio”.
No percibo la dimensión de naturalidad. Hay personajes, el propio Gilgamesh y Enkidú, y se narra la epopeya de un viaje y un retorno.
Parece una creación literaria.En cuanto al asunto de la creencia común, debo admitir que he observado una actitud casi religiosa en muchos y muchas poetas: como si lo escrito —luego quizá leído en voz alta— no fuera enteramente personal, sino algo transmitido. Ellos y ellas serían vehículos.
De ahí que haya cierta mística difusa, pues de algún modo cada poeta representa a la poesía que, en esta noción fundacional, es el origen del lenguaje. Paz considera que la prosa proviene de la desconfianza “del pensamiento ante las tendencias naturales del idioma” y que, al menor descuido, “las palabras vuelven a la poesía espontáneamente”.
Según su serie de clasificaciones, “El jardín de senderos que se bifurca” de Borges es un poema. Releí el cuento hace unas semanas y ese rasgo me pasó inadvertido, lo cual tal vez demuestre que mi falta de fe me impide ir más allá de la superficie.
No estoy de acuerdo con la idea o, más bien, dogma, de que la prosa con imágenes, analogías, sonoridad, abriga en el fondo un poema. Tampoco concuerdo con el juicio tradicional, monopólico, de que la poesía está por encima de la prosa.
Sugeriría ir caso por caso. Sea como sea, no negaré que me gustaría volver a escribir al menos un poema, dos poemas, tres poemas.
Mientras tanto, me distraigo revisando teorías brillantes. Veré qué escribe Paz acerca de la inspiración.
Quisiera sentirla de nuevo.AQ / MCB
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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