Katja Alemann: de su regreso al teatro a su viaje a México y por qué nunca quiso ser un sex symbol

Katja Alemann vuelve con la obra Shambhala: la revolución de la felicidad después de dos años de gira. Se trata de un unipersonal que creó y en el que combina monólogos, canciones y humor para preguntarse por qué nos cuesta tanto ser felices. “Ser feliz también puede ser una forma de resistencia”, observa.
En una charla con LA NACION, reflexiona sobre este tema, la actualidad y habla sobre lo que significó para ella ser una sex symbol. —¿Qué significa Shambhala?—Es el reino sagrado de la felicidad en el Tíbet. Un día, improvisando onomatopéyicamente, salió la palabra Shambhala, Shambhala, pero sin saber lo que quería decir.
Y el músico con el que estaba tocando en ese momento buscó el significado y apareció la idea de organizar la dramaturgia, inclusive la letra de la canción la escribí después, pensando en esta idea de la felicidad. Primero, desde la felicidad individual y volver a ese eje interno que tenemos, en el cual siempre podemos ser felices en cualquier momento si conectamos con nosotros mismos, con nuestra esencia, la respiración, eso que está más allá de la mente, obviando el ruido y dominando nuestra mente.
Los pensamientos van y vienen como las olas del mar. Entonces lo primero que tenemos que saber es cómo usar nuestra mente.
Y a partir de ahí empezar a desgranar todos los temas que nos impiden ser felices colectivamente, como el dinero. Es algo que escribí en 2023 y no solamente está vigente, sino que se potenció.—También hablás de revolución de la felicidad...—Creo que es revolucionario y lo fui aprendiendo en estos años.
El teatro es realmente el bastión que tenemos culturalmente porque no hay forma de traicionar el acto vivo, con toda la gente ahí reunida. Y hay un recato de escuchar, ver lo que propone la obra y tener comunión con las ideas, aunque después disientas en cosas.
Es una propuesta para pensar la realidad y la gente se suma a esa reflexión de una manera muy celebratoria. Creo que la gran batalla hoy en día está en la conciencia.
Porque es eso lo que, justamente, todas estas dictaduras algorítmicas quieren manipular. El sesgo algorítmico es el que impone determinada línea de pensamiento para cada sector, para polarizar la sociedad y que no haya un espíritu común...
El funeral del Indio fue una gran lección de lo que realmente es capaz un pueblo cuando se une en un sentimiento.—¿Conociste al Indio en la época de Cemento? —No, no lo conocí. Conozco a Skay (Beilinson) y a Poli (Castro, manager), pero al Indio no lo conocí porque en esa época era todo medio under.
Entonces no sabíamos de la envergadura de cada uno y todos estábamos en la masa. “Un propósito en la vida”—Hablás de la felicidad personal y también de la colectiva, pero en este momento los argentinos parecemos estar bastante lejos de la felicidad, ¿cuál es tu mirada sobre la actualidad y cómo llegar a sentir esa anhelada emoción?—Lo más importante es la conciencia y trabajar mucho sobre la discriminación de la información porque todas las campañas políticas que se hacen en este momento trabajan sobre la manipulación de la información... Mejor dicho, la desinformación. —¿Entonces...?—Entonces hay que tener muchísimo cuidado con creernos todo lo que nos dicen, con tragarnos todos los sapos que nos venden.
Esto no es algo ingenuo sino muy estudiado y anclan en la emoción del inconsciente colectivo. Manipulan las resentidas emociones colectivas, como digo en Shambhala, y nuestro trabajo individual, grupal y comunitario es hacernos cada vez más conscientes y buscar información fidedigna, y no tragarnos cualquier sapo.
Y, en otro orden, hay que participar de la política... El problema que tenemos es que todo es el festival de la rosca.
Tenemos que pensar en un proyecto de país que albergue el bien común. Yo soy patriota.
Tenemos que querer nuestra tierra, que es riquísima, y todos podríamos vivir bien. Hay que entender cómo está construida la antipatria que reniega.
Hay que apoyar la producción, la industria, las pymes, el trabajo de la gente. Y hay que regular la inteligencia artificial.
Mucha gente dice que es apolítica y eso es funcional a todo este sistema horrible en el que, asimismo, después vos sos la víctima. Decir que sos apolítico es política. —¿De qué te agarrás cuando te sentís desesperanzada?—Yo confío en la Argentina.
Confío en nuestro pueblo. Confío en que, a la vuelta de la historia, este proceso de destrucción absoluto del Estado y lo común, vamos a aprender a valorar lo que es lo público.
Y todos vamos a estar felices de pagar impuestos para que el país se reconstruya. Entonces creo que esto es una posibilidad de renacimiento para la Argentina. —¿Es cierto que vas a hacer un documental sobre Cemento (emblemático club nocturno y escenario de grandes bandas inaugurado en 1985 por Omar Chabán y Katja, que era su pareja en ese entonces)?—Sí, voy a hacer un documental con material inédito que tengo.
El tema es que tengo todo en Betamax y hay que digitalizarlo. Estoy muy en los comienzos del proyecto, pero tengo bastante claro lo que quiero hacer: mostrar la parte performática, no tanto la musical porque sobre eso ya hay trabajos.
Está el documental Cemento, con testimonios y con la gente del rock, y El infierno está encantador, que es el primer recital de Los Redondos en Cemento, con la presentación del disco de Gulp. Yo voy a hacer la parte más performática, los inicios, la idea madre de Cemento, lo que fue el germen nuestro.
Y tengo mucho material inédito, pero necesito una Betamax. —¿Y tenés otro proyecto de este estilo?—Sí, en otro orden, tengo otro proyecto que también es audiovisual y de archivo, que cuenta la historia de mi mamá Marie Louise Alemann, en una entrevista con Gabriela Massú, y que finalmente no hizo ningún documental con eso y quedaron los tapes. Así que pensé en hacerlo con mi hija, que estudió cine también.
Mi mamá fue una pionera en muchas ramas artísticas, en la fotografía, en el cine Super 8 de los 70, en las intervenciones callejeras, los happening. Me gustaría rescatar y difundir la obra de mi mamá que ahora está en la Galería Rolf.
Uno necesita tener siempre una zanahoria ahí colgando adelante para moverse y para tener ilusión y para estar feliz también. Porque te da un propósito en la vida. “Soy muy feliz con mis dos nietos”—Este último proyecto es con tu hija Luna, que es artista visual y vive en México.
Estuviste unos meses viviendo allá porque fuiste abuela. ¿Cómo transitás esa experiencia? —¡Feliz!
Estuve varios meses en México cuando nació Apolo y asimismo tengo otro nieto de mi hijo Tadeo, que se llama Lázaro; los primitos tienen un año y se llevan 5 meses nomás. A fin de año vuelvo a México para compartir un tiempito con ellos.
Soy muy feliz con mis dos nietos. Me parecen unos bombonazos.
Soy una abuela musical y les canto, bailamos, les cuento cuentos, jugamos, hacemos chistes. Apolo tiene mucho sentido el humor, siempre se ríe y es cómplice con los chistes que le hago.
Lázaro es más soñador y charla en un idioma que nadie entiende, pero charla [risas]. Y tiene esos ojos más parecidos a los míos.
Estoy muy contenta con mis dos nietos y feliz de poder disfrutar de la nueva generación. De mis herederos.
Y muy orgullosa de que mis hijos estén bien y tengan sus hijos y que la vida prospere. —¿Cuál es tu mirada hoy sobre esa Katja sensual que hizo la tapa de la revista Playboy? —Me salía muy bien hacer la ‘guachi guau’ [risas]. Un as era, ahora que me veo con el diario el lunes...
Ya estoy en otra etapa completamente distinta porque el año que viene cumplo 70. Y no me hice retoques, aunque a veces me cuesta un poco el tiempo.
Pero, bueno, es así la vida que pasa. Escribí el libro Erótica mente y tomé la bandera de defender el erotismo y de sacarlo del lugar pecaminoso y reivindicar su función vital.
Encarnar un símbolo así es una gran responsabilidad... La belleza me abrió muchas puertas y yo la cultivé, pero fue un problema en el sentido de que la gente no veía otra cosa y no importaba si cantaba, bailaba, escribía libros.
Y la verdad es que no me importaba. Nunca quise ser sex symbol.—¿Qué lugar ocupa el erotismo hoy en tu vida?—El erotismo tiene que ver con lo que hago, con Shambhala, mis amigos, disfrutar de la vida.
No tengo pareja... Estoy sola y feliz de la vida [risas].
Tengo amigos y tengo vida social y la paso bien, estoy en un muy buen momento. Para agendarShambhala: la revolución de la felicidad se puede ver el sábado 13 y el 20 de junio, a las 21, en Poncho Teatro (Av.
Leopoldo Marechal 1219).
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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