Durante años, la ansiedad fue explicada casi exclusivamente por factores psicológicos y sociales. Pero un estudio de escala inédita empieza a mostrar que también existe una base biológica: investigadores identificaron decenas de variantes genéticas asociadas con la intensidad de los síntomas, lo que reabre el debate sobre cuánto pesan los genes y cuánto el entorno en uno de los trastornos más extendidos.La investigación internacional identificó 74 regiones del genoma asociadas con la ansiedad y vinculadas con la intensidad de sus síntomas, en el mayor estudio realizado hasta ahora sobre la base biológica de uno de los trastornos mentales más frecuentes en el mundo.El trabajo fue liderado por investigadores del King’s College de Londres y del Instituto de Investigación Médica Qimr Berghofer, en Australia, y analizó datos genéticos de casi 700.000 personas de origen europeo.

Los resultados fueron publicados en la revista Nature Human Behaviour.Del total de variantes detectadas, 39 no habían sido previamente relacionadas con la ansiedad, lo que amplía de forma significativa el mapa genético asociado a estos cuadros, que vienen en aumento en especial entre los jóvenes.A diferencia de estudios anteriores, la investigación no se centró en determinar si una persona tenía o no un diagnóstico de ansiedad, sino que analizó la intensidad de los síntomas en una escala continua. Ese enfoque permitió captar mejor la variabilidad del fenómeno, que puede ir desde niveles moderados de estrés hasta formas clínicas incapacitantes.Los hallazgos refuerzan que la ansiedad no depende de un único factor.

Muchas de las regiones genéticas identificadas están activas en el cerebro y participan en la comunicación entre neuronas, lo que sugiere un vínculo con procesos biológicos concretos. No obstante, los propios autores advierten que la genética explica solo una parte del problema.En el estudio, las variantes genéticas comunes explican cerca del 6% de la diferencia en la intensidad de los síntomas entre individuos, lo que deja un margen amplio para otros factores, como las experiencias de vida, el contexto social y la interacción entre genes y ambiente.“Estas correlaciones ponen de relieve la interconexión entre la salud mental y la salud física.

Nuestros hallazgos no revelan una relación de causa y efecto, pero plantean interrogantes importantes para futuras investigaciones”, señalaron Brittany Mitchell, del instituto australiano, y Megan Skelton, del King’s College, autoras principales del estudio.El análisis también identificó vínculos genéticos entre la ansiedad y otras afecciones, tanto mentales como físicas. Entre ellas figuran la depresión, el síndrome del intestino irritable, el dolor crónico, la enfermedad coronaria, la endometriosis y las migrañas.

Para los investigadores, estos puntos de contacto refuerzan la idea de que los sistemas del cuerpo están más conectados de lo que se pensaba.Al mismo tiempo, los especialistas subrayan que los resultados no permiten predecir de manera determinante quién desarrollará un trastorno de ansiedad. “Es importante señalar que una persona con un alto riesgo genético puede no desarrollar ansiedad, mientras que alguien con bajo riesgo sí podría”, explicó Skelton.Ese matiz es central para interpretar el alcance del estudio. Aunque se trata de un avance significativo en la comprensión del componente biológico de la ansiedad, los expertos coinciden en que estos cuadros siguen siendo el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí.La investigación se inscribe en un cambio más amplio dentro de la genética psiquiátrica, que busca dejar atrás la idea de enfermedades definidas por presencia o ausencia y avanzar hacia modelos más complejos, que integren la intensidad de los síntomas y su evolución en el tiempo.En ese marco, comprender el riesgo genético podría tener aplicaciones futuras en prevención o detección temprana.

Según los autores, identificar a las personas más sensibles a factores ambientales permitiría diseñar estrategias más eficaces de intervención.No obstante, también advierten que aún falta camino por recorrer para trasladar estos hallazgos a la práctica clínica. La ansiedad, como otros trastornos mentales, responde a una arquitectura genética compleja, en la que intervienen cientos de variantes con efectos pequeños, combinadas con factores sociales, psicológicos y ambientales.Con información de la agencia ANSA