El 24 de abril de 1991 fueron asesinados Julio Daniel Chaparro y Jorge Torres Navas, ambos periodistas de El Espectador. A raíz de este hecho, el grupo Astilla y Farola montó “1991”, una obra en su honor, que se presentará este fin de semana en Bogotá y que abre nuevamente la pregunta sobre lo que perdemos con un crimen de este tipo.Simón Baquero (izq.) interpreta a Julio Daniel Chaparro y Juan Andrés Barranco, a Jorge Torres.Mauricio Alvarado LozadaJuan Andrés Barranco Torres nunca había preguntado por su abuelo.

Sabía que se llamaba Jorge, que era periodista y que estaba muerto. Durante las primeras dos décadas de su vida, él había permanecido como una laguna en su historia familiar.

Cuando empezó a investigar, se enteró de que era fotógrafo de El Espectador y de que había sido asesinado en Segovia, Antioquia, el 24 de abril de 1991. Ese mismo día, había llegado al municipio acompañado de Julio Daniel Chaparro con la tarea de investigar las secuelas de una masacre paramilitar ocurrida allí tres años antes y escribir una crónica que nunca se publicó.Han pasado 35 años desde el crimen, y hasta el momento no se sabe qué pasó exactamente esa tarde.

En 1993, dos personas, al parecer miembros de las FARC, fueron capturadas, pero poco tiempo después fueron declaradas inocentes y liberadas. En el 2018, la Fiscalía lo declaró un crimen de guerra, por haber sido cometido en el marco del conflicto armado contra personas protegidas por el Derecho Internacional Humanitario.

Y en abril de 2025, el Estado colombiano firmó un Acuerdo de Solución Amistosa con las víctimas, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en el que reconoció su responsabilidad e inoperancia en el esclarecimiento de este doble homicidio. A propósito de este último hecho, el Festival Gabo de ese año decidió organizar un homenaje a Torres y a Chaparro, en el que se incluyó la posibilidad de presentar un breve montaje teatral, de 15 minutos de duración, sobre el trabajo de estos dos periodistas.

Se llamó “Memorias” y estuvo a cargo de Astilla y Farola, la compañía de teatro de la que hace parte Barranco y que este fin de semana estará presentando “1991” en el Espacio La Barca. “Fue para hacer esa obra que nos pusimos a investigar y que yo me enteré de toda la historia”, contó Barranco en una entrevista para este diario. “Y después de que la presentamos en junio del año pasado, quedamos con el impulso para hacer algo más grande”, agregó.Le puede interesar: El teatro La Candelaria cumple 60 años de pensar al país a través de las artes escénicasPara ese entonces, la compañía ya había tocado el tema de la violencia contra periodistas en “Archivo”, una obra de teatro inspirada en el asesinato de Guillermo Cano, director de El Espectador, en 1986. Allí incluso Barranco metió a un personaje llamado Jorge, en honor a su abuelo.

No obstante, el caso de “1991” era distinto porque se trataba de un proyecto mucho más personal. El deseo de materializarlo, de contar la historia de su abuelo, llevó a Barranco a tener la conversación que había pospuesto durante 20 años con su familia. “Mi abuela tenía un recuerdo muy presente de mi abuelo, así que pude preguntarle todo de ese día.

¿A qué hora salió? ¿Qué hizo?

¿La llamó? Todo lo iba respondiendo y, de lo que ella no se acordaba, sí se acordaban mi tía o mi mamá”, relató.

También durante ese tiempo contactaron a Daniel Chaparro, hijo de uno de los periodistas asesinados, quien también les ayudó a reconstruir los hechos, al tiempo que revisaban periódicos y fuentes oficiales que les pudieran dar más pistas sobre el caso y sobre quiénes eran los hombres a los que ahora iban a interpretar. “Lo que buscábamos era una reconstrucción de los hechos. Obviamente tuvimos que ficcionalizar algunas cosas, por dramaturgia y también porque hay información que simplemente no existe.

Pero, más allá de eso, quisimos trabajar principalmente sobre lo que se sabe que pasó ese 24 de abril en Segovia”, explicó Simón Baquero Salazar, director de la compañía y el actor que interpreta a Julio Daniel Chaparro en la obra. Fue así como Barranco y Baquero, junto al equipo de Astilla y Farola compuesto por Silvana Sánchez (directora), Esteban Pedraza (productor general), Natalia Araque, Esteban Borja (asistentes de producción), Manuel Pizarro Amaya, Luis Felipe Perdomo y Camilo Aldana (músicos), comenzaron a juntar las piezas que dieron como resultado esta obra.

Más que recordar un hecho trágico, quisieron adentrarse en el día a día de sus personajes. No querían contar la historia de un par de periodistas asesinados, tan parecida a la de los otros 170 que han sufrido el mismo destino desde 1977 hasta este año, según las cifras más recientes de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).

Querían mostrar cómo era la vida de dos personas que fueron mucho más que su profesión.También puede leer: Mauricio Kartún: “El teatro va a ser el arte que sobrevivirá a la inteligencia artificial”“Cuando matan a un periodista no están matando a un periodista. Están matando a un papá, a un amigo, a una persona que hace arte.

Es así tanto con el asesinato de Julio Daniel Chaparro y Jorge Torres como con el de Cristian (Herrera) y o el de Mateo (Pérez Rueda). No están matando periodistas, están matando personas”, aseveró Barranco en referencia a los más recientes casos de violencia contra comunicadores de distintas regiones del país.

Para él y su equipo, hacer una obra como “1991” tiene un objetivo artístico, pero también uno de memoria. Es a través de piezas como esta, no solo a través de libros de historia, que el país puede recordar a quienes fueron silenciados por la violencia, justo cuando tenían algo que decir.

Ahora, esto no quiere decir que los protagonistas de esta historia deban ser santos, como apuntó Baquero. En el proceso de escritura y creación de esta obra no querían que el público encontrara seres impolutos, intachables. “Una de las frases de la obra es: ‘a nadie le gusta hablar de sus demonios’, pero justamente era eso lo que queríamos hacer.

Estos son seres humanos que pueden estar casados y coquetearle a la mesera de un bar, por ejemplo. Eso fue muy importante para nosotros, no caer en el cliché de quien hace memoria e idealiza a las personas”, aseveró Baquero.

El resultado, como lo podrán ver las personas que asistan a las funciones de este fin de semana, es un recorrido cargado de nostalgia e impotencia. Conocerán de entrada el destino que le espera a estos dos personajes al final de su jornada y, aun así, los verán reír, beber, hacer planes de fin de semana, comerse un helado.

Podrán bailar con ellos, charlar con ellos. Los verán vivir.

Para Barranco, “1991” también es una celebración de la vida y así le gustaría que la vieran quienes lleguen a su obra. “Julio Daniel era un apasionado por la escritura y Jorge, por las fotos. Simón y yo somos apasionados por hacer teatro y queremos que la gente se dé cuenta de eso.

Pero, sobre todo, queremos mostrar lo bien que se siente hacer las cosas que uno ama, y que no se debería tener miedo de morir por hacerlas”.Siga leyendo: El Carnaval de Barranquilla se presentó por primera vez en el Julio Mario Santo Domingo