De Quirarte a Jiménez: 40 años, dos Mundiales y el mismo homenaje que erizó al Estadio Ciudad de México

El futbol suele regalar coincidencias que parecen escritas por el destino. El primer juego del Mundial 2026 en el que Raúl Jiménez marcó de cabeza ante Sudáfrica, el Coloso de Santa Úrsula no sólo celebró un gol deseado, también revivió un recuerdo que permanecía intacto desde hace cuatro décadas.
El delantero mexicano consiguió su primer gol en una Copa del Mundo al rematar con la cabeza un centro al área para sellar la victoria de México sobre Sudáfrica. Más allá de la importancia deportiva, la anotación tuvo un profundo significado personal: fue dedicada a su padre, Raúl Jiménez Vega, quien falleció meses antes del torneo.
La emotividad del festejo y el homenaje del atacante hacia quien fue uno de los pilares de su carrera, enmarcó el momento. La imagen remitió inevitablemente a Fernando Quirarte y al Mundial de México 1986.
El exdefensor tricolor había atravesado una situación similar antes de aquella justa. Quirarte jugó ese Mundial impulsado por el recuerdo de su padre Fausto Quirarte, quien falleció unas semanas antes del Mundial y que incluso ya tenía su boleto para ir al Mundial.
El entonces jugador de Chivas soñó con marcar un gol. El sueño terminó convirtiéndose en realidad cuando marcó en el primer partido del Tri frente a Bélgica.
Las similitudes son tan sorprendentes como conmovedoras. Tanto Quirarte en 1986 como Jiménez en 2026 llegaron al Mundial después de sufrir la pérdida de su padre.
Ambos encontraron consuelo en el futbol y transformaron el dolor en un momento imborrable para la afición mexicana. Asimismo, los dos goles fueron conseguidos mediante remates de cabeza, una coincidencia que alimentó la carga simbólica de ambas historias.
Pero existe un detalle todavía más especial. Las dos anotaciones fueron celebradas en la misma portería del ahora Estadio Ciudad de México, el escenario más emblemático del futbol mexicano.
Cuarenta años separan ambos momentos, pero la imagen parece un reflejo en el tiempo: un jugador con la playera verde que levanta su mirada al cielo luego de vencer al portero rival y con una dedicatoria a la memoria de su padre. Fernando Quirarte y Raúl Jiménez recuerdan que detrás de cada gol existen emociones mucho más profundas.
Dos generaciones distintas, dos Mundiales en casa y un mismo sentimiento, el de convertir la ausencia en inspiración y hacer que, por un instante, el futbol se transforme en un homenaje eterno para quienes ya no están.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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