A principios de 2026, específicamente la noche del 11 de enero, la guerra de Rusia en Ucrania superó en duración a la Gran Guerra Patria, el término dado por la Unión Soviética a la guerra contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, entre el 22 de junio de 1941 y el 9 de mayo de 1945. En total, 1.418 días.

Y este jueves rompió otro triste récord: alcanzó los 1.569 días, es decir, más de cuatro años y tres meses, sobrepasando así en extensión a la Primera Guerra Mundial.“La guerra en Ucrania se ha comparado a menudo con la Primera Guerra Mundial por sus brutales asaltos de infantería y el elevado número de bajas. No obstante, la idea de que pudiera, en cualquier sentido, superar un conflicto tan largo y sangriento que los soldados franceses esperaban que fuera ‘la última de las últimas’ parecía en su momento impensable (…) Eso es precisamente lo que sucedió el jueves”, recordó el diario The New York Times.Cuando el presidente ruso Vladimir Putin envió a sus soldados a Ucrania en febrero de 2022, creía que el país caería en cuestión de días.

Después de que Ucrania hiciera retroceder a los rusos y el conflicto se convirtiera en una guerra de desgaste, ni siquiera muchos de los que luchaban podían imaginar que duraría tanto tiempo, comentó el periódico.“Pensé que quizá duraría dos o tres años, y que luego los políticos llegarían a algún tipo de consenso”, expresó un soldado ucraniano quien, por razones de seguridad, solo dio su nombre clave, France, en referencia a su paso por la Legión Extranjera francesa.“Y si bien la comparación entre estos dos conflictos no es perfecta, cada vez resulta más difícil ignorarla”, apunta Frank Ledwidge, profesor titular de Estrategia y Derecho Militar en la Universidad de Portsmouth, en un artículo publicado en The Conversation.Algunas similitudes son evidentes. A nivel táctico, el conflicto en Ucrania ha presenciado el resurgimiento de la artillería como arma dominante en la batalla.

Durante gran parte del primer año de la guerra, la artillería fue responsable de la inmensa mayoría de las bajas. Si bien los drones han transformado el campo de batalla desde entonces, la artillería sigue siendo indispensable para ambos bandos”, comenta el académico.“Igualmente sorprendente ha sido el resurgimiento de extensos sistemas de trincheras.

Desde la guerra Irán-Irak, librada entre 1980 y 1988, ningún conflicto interestatal de gran envergadura había dependido tanto de fortificaciones de campaña y posiciones preparadas como trincheras, obstáculos de hormigón y alambradas. Las maniobras a gran escala han dado paso a un combate de desgaste que se mide en cientos de metros en lugar de decenas de kilómetros”, agrega.“Lucha de resistencia”No obstante, sostiene Ledwidge, “las similitudes más profundas no residen en las trincheras ni en la artillería, sino en la lógica subyacente de la guerra misma.

Al igual que la Primera Guerra Mundial, el conflicto en Ucrania se ha convertido en una lucha de resistencia: recursos humanos, capacidad industrial, resiliencia económica y voluntad política”.The New York Times, no obstante, destaca que los historiadores advierten que establecer paralelismos con las dos guerras mundiales tiene sus límites. La escala global de esos conflictos, en los que participaron múltiples frentes y ejércitos, dificulta las comparaciones sobre bajas y potencia de fuego.

Ucrania no existía como país durante la Primera Guerra Mundial.Aun así, la guerra en Ucrania, al igual que la Primera Guerra Mundial, probablemente se situará entre los conflictos más trascendentales de la historia moderna de Europa, expresó Yaroslav Hrytsak, un historiador ucraniano. Ambas guerras transformaron la geopolítica de Europa al redefinir las alianzas militares e impulsar un aumento del gasto en defensa sin precedentes en décadas.“En muchos aspectos, esta guerra en Ucrania es la que más se parece a la Primera Guerra Mundial”, expresó Michel Goya, excoronel francés e historiador militar, en declaraciones al Times.Según el periódico, la comparación empieza por la fase inicial de ambas guerras.

En 1914, los alemanes lanzaron una ofensiva brusca hacia París con la esperanza de lograr una victoria rápida. Las fuerzas rusas tenían el mismo objetivo al lanzarse hacia Kiev, la capital de Ucrania, en 2022.

En ambos casos, los atacantes se acercaron a su objetivo, pero al final fueron expulsados.Al final, ambas guerras se convirtieron en combates mayoritariamente estáticos a lo largo de un frente en gran parte congelado. Cuando los soldados en el campo de batalla ucraniano se atrincheraron en trincheras y búnkeres a finales de 2022, los historiadores lo describieron como un regreso a la guerra de trincheras al estilo de la Primera Guerra Mundial. “En general, cuando el frente se congela, vuelves a la Primera Guerra Mundial”, expresó Goya.Con todo, es difícil comparar el número de bajas, dada la diferencia de escala entre ambas guerras.

Hace un siglo, se enviaron millones de soldados a la batalla en múltiples frentes de Europa. Hoy en día, las fuerzas implicadas ascienden a cientos de miles.

Entre nueve y 11 millones de soldados murieron en la Primera Guerra Mundial, frente a los cerca de medio millón que han fallecido en Ucrania hasta ahora, indica The New York Times.Aun así, analistas militares y oficiales, entre ellos el almirante Pierre Vandier, comandante supremo aliado de Transformación en la OTAN, sostienen que los drones han convertido el campo de batalla ucraniano en un escenario letal comparable al de la Primera Guerra Mundial. El almirante Vandier hizo esta comparación luego de un viaje de estudio a Ucrania esta primavera.Como la batalla del SommeTan reñidos son los combates en Ucrania que los avances rusos han sido en ocasiones más lentos que en algunas de las batallas más estancadas de la Primera Guerra Mundial.

La ofensiva rusa sobre Pokrovsk, una ciudad del este de Ucrania que recientemente capturó por completo, avanzó a un ritmo promedio de unos 70 metros al día, más lento que en la sangrienta batalla del Somme durante la Primera Guerra Mundial, según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank con sede en Washington.Por ahora, las conversaciones serias entre ambos bandos siguen siendo esquivas. Sin duda, después de 1.569 días de combates casi ininterrumpidos, “el fin de esta guerra debería estar más cerca que su comienzo”, señala la revista The Economist. “El reciente cambio tentativo a favor de Ucrania podría empujar a Rusia a la mesa de negociaciones.

Las ganancias territoriales que el agresor obtuvo a un costo enorme -alrededor de 1.000 rusos muertos o gravemente heridos cada día, según los ucranianos- ahora se están revirtiendo parcialmente. Los drones ucranianos están llegando al interior de Rusia, y cada columna de humo pútrido es un mensaje humillante para el presidente Vladimir Putin”, señala.“Esto es la Primera Guerra Mundial, pero con drones”, expresó Hrytsak, el historiador.Y The Economist agrega: “Europa está a punto de comenzar a desembolsar un préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, ayudando a su aliado incluso cuando la ayuda de Estados Unidos se ha agotado.

La moral de las tropas ucranianas está en su punto más alto últimamente. El presidente Volodymyr Zelensky, otrora un hombre demacrado y vacío, puede verse sonriendo ocasionalmente estos días.

Pero sus desafíos a Putin para que participe en conversaciones de paz -respaldados el 7 de junio por los líderes de Gran Bretaña, Francia y Alemania- no han dado frutos hasta el momento. Putin se niega rotundamente”.En este escenario, la revista británica destaca que “cuando se alcance un armisticio en este conflicto, su carácter será distinto al firmado en el Salón de los Espejos en 1919”, en alusión a la rúbrica del Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial. “Rusia no será un país derrotado y quebrantado, sin más remedio que aceptar los dictados arbitrarios de sus adversarios.

A pesar de las exigencias de los aliados más acérrimos de Ucrania -sobre todo los de los países bálticos y Polonia, que temen que el revanchismo ruso descontrolado pueda tenerlos como objetivo-, no se pagarán reparaciones de guerra ni se entregará a los gobernantes a tribunales internacionales. La paz será un asunto complejo e insatisfactorio, plagado de compromisos con los que ninguna de las partes querrá convivir.

Y, no obstante, tendrán que hacerlo si quieren silenciar los drones”.“Pero también habrá paralelismos con Versalles. Tanto la paz de 1919 como la que se firmará próximamente en Ucrania se sellarán como parte de una nueva arquitectura de seguridad en Europa.

En aquel entonces, se trataba de debilitar a Alemania, tanto financiera como militarmente, y de crear una novedosa Sociedad de Naciones para desactivar guerras antes de que estallaran. Esta vez, un nuevo orden europeo incluirá garantías de seguridad para Ucrania que deberán ser respaldadas por una ‘coalición de países dispuestos’ en Europa, tácitamente dispuesta a luchar contra Rusia”, concluyó The Economist.