Los aromas de Montserrat

Mi abuela Angelina le echaba Aromas de Montserrat a cualquier guisado. Daba igual que fuera un estofado de ternera, unos mejillones marineros o unas simples albóndigas.
Siempre acababa apareciendo la botella verdosa que guardaba en la cocina como si fuera un remedio milagroso. Ella decía que no solo daba un gusto más dulzón a los platos, sino que, asimismo, estaba bendecida por la Mare de Déu de Montserrat.
Aquella explicación, mitad gastronómica y mitad espiritual, me parecía entonces perfectamente razonable. En la Catalunya de mis abuelos, la fe y la cocina convivían con absoluta naturalidad.Seguir leyendo...
Información de La Vanguardia. Edición y redacción: Noticias Today.
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