Sale del colegio y va directo a Inglés. Después tiene entrenamiento y, más tarde, clases de música.

Y cuando por fin llega a casa, apenas le queda tiempo para jugar. Buena parte de su jornada ha transcurrido en espacios diseñados por adultos, siguiendo horarios fijados por adultos y participando en actividades organizadas por adultos.

En una época en la que las familias dedican enormes esfuerzos a elegir colegio, actividades extraescolares o métodos educativos, pocas veces se plantean una pregunta distinta: ¿qué aprenden los niños de los espacios que frecuentan cada día?Seguir leyendo