Cuando el mundo vuelva los ojos hacia México para la inauguración de la Copa Mundial de Futbol 2026, una voz ancestral cimbrará el Estadio Ciudad de México.No será únicamente la euforia de una afición ni el silbatazo inicial del torneo. Será el eco de las lenguas originarias del país pronunciando una bienvenida al planeta.

Y esa voz tendrá nombre y apellido: Lila Downs.La cantante oaxaqueña será una de las protagonistas de la ceremonia inaugural del Mundial y tendrá la misión profundamente simbólica de recibir a los pueblos del mundo en español, inglés, mixteco y náhuatl. Su voz llevará la riqueza cultural de los pueblos indígenas de México hasta el escenario deportivo más importante del planeta.“Yo siempre trato de mostrar en mis canciones la belleza que tenemos, nuestra profundidad, nuestra alegría.

Cuando canto en las lenguas de nuestros pueblos originarios quiero mostrar que también tenemos fuerza. Y eso se transmite a través de la música”, dice en el podcast Pioneras MILENIO, conducido por las periodistas Claudia Solera, Janis Mérida y Cinthya Sánchez.

Recibió la invitación como un reconocimiento a su trayectoria artística y a décadas de trabajo defendiendo la identidad indígena desde los escenarios.“Estoy muy agradecida porque han tomado en cuenta la seriedad de este trabajo que siempre he hecho con respeto, con cariño y profundamente enamorada de mi país”, afirma.Vestir a MéxicoEn la ceremonia, Lila representará a los pueblos indígenas con su voz y llevará su historia puesta en la piel.La artista prepara un vestuario confeccionado con uno de los textiles más finos y valiosos de México: el bordado petet de Chiapas, una técnica ancestral elaborada en telar de cintura cuya complejidad ha convertido su preservación en una carrera contra el tiempo y contra su peligro de extinción.“Es un textil hermosísimo de Venustiano Carranza, Chiapas. Lo vamos a portar con muchísimo orgullo”, cuenta.La elección fue resultado de un consenso entre la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación), los organizadores del espectáculo y representantes gubernamentales.

Todos coincidieron en que el vestuario debía ser blanco, y ese color en el trabajo artesanal del petet alcanza una belleza excepcional.“Teníamos que encontrar un punto de equilibrio entre todos los involucrados. Finalmente optamos por este textil maravilloso, muy fino y muy bello”.Mientras miles de millones de espectadores observan la ceremonia, Lila llevará sobre los hombros un pedazo de la memoria textil de México.

De Tlaxiaco al mundoLa historia de Lila Downs inició lejos de los grandes escenarios. Nació el 9 de septiembre de 1968 en Tlaxiaco, en la mixteca oaxaqueña.

Hija de Anastasia Sánchez, una mujer mixteca, y de Allen Downs, un biólogo, cineasta y profesor estadunidense de ascendencia escocesa.Su infancia transcurrió entre dos mundos. En Oaxaca y un tiempo entre Minnesota, donde su padre impartía clases universitarias.

Aprendió a moverse entre idiomas, culturas y fronteras.Desde niña convivió con el español, el inglés y el mixteco. También con universos musicales aparentemente opuestos: las canciones de José Alfredo Jiménez y Cuco Sánchez; las voces de Janis Joplin, Bob Dylan y las óperas de Verdi o la música de bandas de viento o sones de la mixteca oaxaqueña.Pero los paisajes que más la marcaron fueron los de Tlaxiaco.

Recuerda a su abuela echando tortillas a mano en el fogón en su casita con piso de tierra, las caminatas a caballo por los montes y las lecciones de su padre sobre serpientes, ranas, aves y orquídeas.“Era una época muy hermosa. Vivíamos muy cerca de la naturaleza”.La herida que transformó su vida llegó a los 16 años cuando perdió a su padre, y la muerte del biólogo llegó acompañada de una lección brutal sobre la desigualdad para las mujeres en la región.De pronto, las personas que conocían a su familia comenzaron a ignorarlas. “Le pregunté a mi madre qué estaba pasando y me expresó que ahora que ya no había un hombre en la casa, nuestro valor había cambiado”.Aquella experiencia marcaría para siempre su visión del mundo.

Entendió muy pronto que la única que podía pelear por sus derechos era ella misma y que debía levantar la voz.Esas experiencias alimentarían su conciencia social que se impregnaría después en sus canciones; porque asimismo de cantante, Lila estudió antropología.Quería entender por qué los mexicanos son tan complejos. La búsqueda la llevó a profundizar en las raíces indígenas, en los textiles, en la identidad y en las historias de las mujeres.Entre los textiles encontró que las mujeres narran sus memorias, que entre cada oruga o mariposa bordaba, por ejemplo, hablaban de libertad o evolución.

Que a diferencia de los nombres que las relatan en libros o en historia, nosotras lo hacemos entre nuestros tejidos, o cuando en las cocinas nos reunimos con las abuelas, las madres y las tías.Las mujeres que la formaronSu madre y su abuela fueron sus primeras maestras. Anastasia Sánchez fue obligada a casarse a los 14 años, como dictaba la costumbre de su comunidad.

Más tarde escapó y llegó a la Ciudad de México, donde encontró en la música una forma de sobrevivir.Su abuela, por su parte, le heredó relatos de la Revolución Mexicana y de las violencias que enfrentaron las mujeres durante aquellos años.De ambas aprendió algo que sigue guiando su vida, la solidaridad entre las mujeres.“Mi madre siempre me enseñó que jamás se ataca a otra mujer porque compartimos una realidad común”.Una carrera construida contra la corrienteLila también enfrentó discriminación por ser mujer, la vivió en la industria musical, en el jazz y en múltiples escenarios donde el trabajo masculino era mejor remunerado.“Ahora lo cuento y parece chistoso, pero a Paul le pagaban cien y a mí cincuenta, simplemente porque yo era mujer”.Paul Cohen, saxofonista estadunidense, fue su compañero de vida durante casi tres décadas. Murió en 2022.

Desde entonces, reconoce haber enfrentado otra forma de discriminación, la que recae sobre las viudas y las madres que crían solas.La defensa de los migrantes ha sido otra de sus grandes banderas. Parte de su obra y de su activismo ha estado dedicada a visibilizar a los mexicanos que cruzan fronteras y permanecen invisibles para muchos.“Hay que hablar de esa realidad.

De quienes trabajan escondidos en las cocinas y en los campos, sosteniendo la economía de Estados Unidos sin que nadie los vea. Siento una enorme pasión por proteger a mi gente”.Quizá ahí radique la fuerza de Lila Downs: en devolver dignidad a quienes históricamente han sido relegados.Lo hace a través de la música, una herramienta capaz de conmover con una profundidad que pocas veces alcanza la política.Y cuando México inaugure su tercer Mundial —después de 1970 y 1986—, el mundo no sólo verá un espectáculo deportivo.

Escuchará, en la voz de Lila Downs, a los pueblos indígenas dándole la bienvenida. MD