Resultó extremo incluso para un personaje como Nigel Farage. Horas después de que se hicieran públicas, y corrieran como la pólvora en las redes sociales, las imágenes de los agentes de policía que esposaban a Henry Nowak, la fatídica noche del 3 de diciembre en Southampton, el líder de Reform UK reclamaba de la ciudadanía una respuesta de “pura y fría rabia”.

El joven Nowak había sido apuñalado mortalmente por un hombre de religión sij y ascendencia asiática, que le acusó después falsamente de un ataque racista. “No puedo respirar”, gritó hasta nueve veces la víctima, ante la incredulidad de los agentes, que cargaron contra él. Su grito de agonía era una réplica del que pronunció George Floyd en las calles de Minneapolis, que originó el movimiento Black Lives Matter.Seguir leyendo