Las 100 noches del deseo (100 Nights of Hero, Reino Unido/Estados Unidos/2025). Dirección: Julia Jackman.

Guion: Julia Jackman, Isabel Greenberg. Fotografía: Xenia Patricia.

Edición: Oona Flaherty, Amélie Labrèche. Elenco: Ema Corrin, Maika Monroe, Amir El Masry, Nicholas Galitzine, Richard E.

Grant, Felix Uff, Charli XCX, Markella Kavenagh. Calificación: Apta para mayores de 13 años.

Distribuidora: BF Paris. Duración: 91 minutos.

Nuestra opinión: buena.Todos los cuentos de hadas merecen su reversión, parece asegurarnos esta época tan afecta a relecturas y deconstrucciones. Por lo tanto, las famosas ‘mil y una noches’ también pueden reducirse a 100 y sus relatos a una versión feminista de aquellas historias a menudo protagonizadas por varones.

Las chicas siempre privadas de autoridad y autonomía, sometidas a miedos en el bosque y mandatos de casamiento, encuentran ahora su propia voz en el ejercicio de la narración y la potestad del deseo. La iniciativa está a cargo de Julia Jackman (directora de cortos y de la comedia adolescente Bonus Track), quien adapta la novela gráfica de Isabel Greenberg en un compendio de mitologías medievales y amores truncos en el que la habilidad de contar historias puede ser la llave para la liberación.

En el principio de los tiempos, una diosa llamada Kiddo (Sophie Monks Kaufman) hizo el mundo. Un mundo con forma de jardín, simple e igualitario.

Pero su padre Birdman (Richard E. Grant), un dios con forma de pájaro, pervierte la utopía de su hija y preside un reino creado a su imagen y semejanza, con íconos coloridos que celebran su narcisismo.

En ese mundo en el que es adorado, hay reglas que dan a los hombres poder, y a las mujeres obediencia. 3 starsAgnes (Markella Kavenagh) es una de las primeras rebeldes, y su hija Héroe (Ema Corrin), la futura emisaria de su resistencia. Convertida en criada de una joven noble en un castillo, intentará propagar las historias que socavan el poder patriarcal.

La noble casadera es Cherry (Maika Monroe), rubia y etérea, confinada a un matrimonio casto con Jerome (Amir El Masry), un marido indiferente, y sometida a un tribunal de pajarones que le exige un próximo heredero. Apenas cien noches le quedan como plazo, y si no cumple con su deber de procrear deberá enfrentar una muerte segura.

Vaya dilema. Como no podía ser de otra manera, algo inesperado sucede.

Un hombre toca a su puerta: es Manfred (Nicholas Galitzine), el apuesto amigo de su marido, decidido a convertir su engaño en una pronta vindicación. Los varones pactan en la noche: el marido irá a una cruzada dejando a su esposa virgen en soledad en el castillo; el recién llegado intentará seducirla, probando para sí sus artilugios de conquista, y para el casado la virtud de su esposa.

Pero ninguno cuenta con la intervención de la doncella Héroe, narradora impertinente que convertirá la historia de tres hermanas hijas de un navegante en una reflexión sobre el poder femenino y sus ansias de liberación. El juego está servido: la puesta es simpática y juguetona (con algo del esteticismo de alta costura que vimos en la reciente Cumbres borrascosas); las claves, la narrativa queer y la temática del empoderamiento; el mensaje exhibe claridad expositiva y alguna ironía en sus juegos metatextuales, como los guiños a la novela gráfica, ecos del cine de la francesa Agnes Varda, un uso astuto de figuras como Emma Corrin y el nuevo galán Nicholas Galitzine, de la cantante británica Charli XCX, y de los cameos de Felicity Jones y la crítica cinematográfica Sophie Monks Kaufman (asidua pluma de IndieWire).El esquema de narraciones encadenadas, a la manera de Sherazade pero también del serial del siglo XX, permite afirmar el encantamiento de la oralidad y construir la potencial rebeldía en una forma de distribución del conocimiento que atenta contra la centralidad del poder y sus viriles representaciones.

Ese elemento es el más atractivo: las nuevas formas de acceso y propagación de un saber que oficialmente parece estar vedado. Jackman se saca de encima algunos deberes de redundancia, aunque morigera el tono lúdico a medida que la moraleja exige el sacrificio.

No pierde la frescura, pero no llega al límite de pensarse corrosiva, delegando en el amor, como era de prever, la última esperanza.