La inteligencia artificial (IA) y el desarrollo de centros de datos repuntan como una de las mayores oportunidades de inversión para América Latina y el Caribe, según planteó Alicia Montalvo, vicepresidenta de Cooperación, Alianzas y Movilización de Recursos del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), quien defendió la necesidad de que la región construya capacidades tecnológicas propias para evitar una nueva dependencia del conocimiento generado fuera de sus fronteras.En petit comité con medios globales, en el marco de la 2ª edición de Diálogos Mutis de Biodiversidad América Latina y el Caribe, Montalvo remarcó que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta clave para la gestión de la diversidad ecológica, especialmente en tareas relacionadas con la recopilación, procesamiento y análisis de datos en ecosistemas remotos donde en la actualidad existen limitaciones de información y capacidades técnicas.“La gestión de los datos y la recogida de información son una gran limitación que ahora mismo existe en materia de biodiversidad”, lamentó la ejecutiva. No obstante, advirtió que el desafío rebasa el acceso a la tecnología, y permea al control sobre ella.

En su opinión, gran parte de las soluciones utilizadas en la actualidad en la región provienen de Europa o Estados Unidos, lo que genera una dependencia tecnológica que puede impedir que los beneficios económicos y científicos permanezcan en América Latina.“Es muy importante invertir en innovación en América Latina y el Caribe. Si no, se va a producir una extracción del conocimiento, igual que se extraen los recursos”, indicó.Centros de datos: una oportunidad de crecimiento regionalMontalvo confirmó que CAF evalúa apoyar el desarrollo de centros de datos en la región, una industria que está experimentando una expansión global impulsada por el auge de la inteligencia artificial y la demanda de capacidad computacional.A juicio de Alicia Montalvo, América Latina cuenta con dos ventajas competitivas particularmente relevantes para atraer este tipo de inversiones: la disponibilidad de recursos hídricos y el potencial de generación de energías renovables.“Nos parece que hay dos elementos muy fuertes que son buenos para atraer inversión: el agua y el potencial de energías renovables”, indicó.La directiva consideró que la región debe presentar estas fortalezas como un activo estratégico ante inversionistas internacionales, especialmente en un momento en que la ubicación de centros de datos comienza a estar condicionada por el acceso a energía limpia y recursos naturales necesarios para su operación.No obstante, también lanzó una advertencia sobre la necesidad de evitar decisiones de corto plazo.

Según explicó, el crecimiento de esta infraestructura debe responder a una visión de mediano y largo plazo que garantice sostenibilidad ambiental y seguridad de recursos.“Hoy por hoy es una oportunidad, pero hay que hacer una planificación cuidadosa porque no podemos decir hoy quemamos lo de mañana”, expresó.Pese a ello, fue enfática al señalar que los centros de datos representan una oportunidad concreta de crecimiento económico y de atracción de inversión extranjera para la región.Innovación local para capturar valorMás allá de la infraestructura digital, Montalvo, la vicepresidenta de Cooperación, Alianzas y Movilización de Recursos del CAF defendió la construcción de capacidades tecnológicas regionales como una condición indispensable para capturar valor económico en la nueva economía basada en datos.Explicó que el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe está impulsando una mayor colaboración con institutos científicos latinoamericanos para fomentar el desarrollo de soluciones tecnológicas vinculadas a biodiversidad, inteligencia artificial y monitoreo ambiental.El objetivo es que el conocimiento generado a partir de los recursos naturales de la región también produzca capacidades empresariales, tecnológicas y científicas locales.Cautela frente al auge de los minerales críticosLa ejecutiva también estableció paralelismos entre el debate sobre centros de datos y el creciente interés internacional por los minerales críticos, como litio, cobre, níquel y tierras raras.Aunque reconoció la relevancia estratégica de estos recursos para la transición energética global, advirtió sobre los riesgos de construir economías excesivamente dependientes de una sola materia prima en un entorno tecnológico que evoluciona rápidamente.“Hay que hacer una planificación cuidadosa y apostar por la diversificación económica”, indicó al recordar que avances tecnológicos futuros pueden modificar la demanda de determinados minerales.Asimismo, subrayó la necesidad de desarrollar cadenas de valor nacionales y destinar parte de los ingresos obtenidos a investigación e innovación, evitando reproducir esquemas extractivos tradicionales.Biodiversidad: de gasto ambiental a inversión económicaLas declaraciones se produjeron en el marco de la estrategia de biodiversidad de CAF, un área donde la institución busca ampliar significativamente su cartera de financiamiento.Montalvo recordó que el banco alcanzó en 2024 un 44 por ciento de financiamiento verde y mantiene la meta de elevar esa proporción al 50 por ciento para 2031. Asimismo, la entidad anuncio que el 10 por ciento de su cartera estará vinculada específicamente a biodiversidad, frente al 6 o 7 por ciento actual.La vicepresidenta del organismo defendió que la biodiversidad debe ser entendida como una oportunidad económica y no únicamente como una política de conservación.“Muchos siguen viendo la protección de la biodiversidad como un gasto cuando en realidad es una inversión”, aseveró.CAF trabaja en la actualidad en 15 ecosistemas transfronterizos de América Latina y el Caribe, asimismo de impulsar instrumentos financieros como créditos de biodiversidad y canjes de deuda por naturaleza.La entidad también destacó el avance de su estrategia de economía azul.

Luego de cumplir anticipadamente una meta de mil 250 millones de dólares de financiamiento para proyectos oceánicos, CAF elevó su compromiso a 2 mil 500 millones de dólares para 2031, con énfasis en infraestructura portuaria sostenible, transporte marítimo limpio, gestión de plásticos y soluciones para enfrentar el impacto creciente del sargazo en el Caribe.MRA