Leonardo Cordero tenía ocho años cuando Pelé estaba a punto de marcar la historia en México. Era 1970.

En su casa no había tele, así que toda su familia se reunió en la casa de un tío para ver al astro brasileño, a blanco y negro, levantar su tercera Copa del Mundo.Seis torneos después, al reconocido periodista le tocó ver a la Canarinha ganar su cuarto Mundial. Esta vez, fue en el lugar de los hechos: desde Estados Unidos, debutó en una cobertura mundialista, como parte del equipo que, a las órdenes de Everardo Herrera, transmitió la edición de 1994 para Radio Monumental.Más cerca que nunca, Cordero inició una historia que se agranda, al presenciar cómo Romario, frente a la tristeza de brazos caídos del italiano Roberto Baggio, lideró la proeza para Brasil.

Y su primer paso por el máximo torneo de selecciones fue un golazo, sin dudas. También de manera literal, pues curiosamente, en esa edición, Cordero sacudió las redes en un partido de prensa latina contra europea, el cual se jugó en el Cotton Bowl, Texas. “Ganamos 3-1.

Los tres goles los hicimos costarricenses, que fuimos Enrique Salas y Joaquín Quino Flores, que eran de Columbia, y un servidor”, rememoró el ‘Mundialista’, apodo que se ganó cuatro años después por una razón que pocos conocen.A poco de aterrizar nuevamente en Estados Unidos, el suelo donde todo empezó hace 32 años para cubrir su noveno Mundial seguido, Cordero conversó con La Nación y repasó su historia con las Copas del Mundo.-¿Qué recuerda de su primer Mundial y de recibir la noticia?Yo estaba fuera del equipo (para ir al Mundial) pero Alex Mazón me dice: “Pero mirá, vos sos un fiebre para el fútbol internacional, ¿por qué no le decís a Everardo que te acredite?. Yo sé que ya no hay presupuesto, pero tal vez usted se lo pueda costear.”Entonces yo fui con recursos propios y entre todos estuvieron de acuerdo en que me iban a dividir parte de los viáticos para darme algo a mí.

Cuando Everardo lo aprobó imagínese la felicidad mía. Llegué a hablarle a toda mi familia en ese momento.

Yo estaba casado, entonces claro, era una aventura de casi un mes que tenía que estar fuera de la casa. Ya había estado fuera del país, había ido a Estados Unidos y viajes cortos aquí por Centroamérica, pero ya un viaje de tanto tiempo... era la primera vez.Cuando fui a esa primera Copa del Mundo dije: ‘Espero a partir de ahora no faltar a ninguna’.

Porque en lo deportivo es lindísimo, pero a nivel periodístico yo creo que uno adquiere mucho conocimiento en rozarse con grandes periodistas y medios a nivel internacional”.—¿En qué momento dejó de ser algo circunstancial y ya sintió que participar de coberturas de Mundiales era algo ya consolidado en su carrera?Para Francia 1998. Había una gran ilusión de parte nuestra de que Costa Rica estuviera, al final no se dio y, aún así, ya se armó un equipo de trabajo para ir a Francia.

En ese caso sí representaba también mucho, porque por primera vez era, como decimos popularmente, cruzar el charco. En ese momento ya sí estaba yo muy consolidado y, desde mucho antes, Everardo Herrera me había comunicado que estaba dentro del grupo.”Ahí empecé a sentir que era algo muy representativo.

Lo que nos faltó como para ponerle la cereza al pastel es que hubiese estado la Selección de Costa Rica. Fue un momento muy bonito, muy significativo... uno recuerda todo el sacrificio que conlleva ser periodista, sobre todo el sacrificio a nivel familiar, y entonces es como culminar todo con ese momento tan importante.

Aunque yo espero seguir y seguir. Vamos a ver hasta dónde me da cuerda”.—¿Cómo surgió el apodo del Mundialista?Ya cuando armamos el equipo para Francia 98 yo empecé a documentarme mucho.

Mis hermanos trabajaban en la Casa de las Revistas y me traían revistas de deportes a nivel mundial, entonces yo tenía mucha documentación desde el Mundial del 30 hasta el 94. En una gira a Nicaragua con Harrick McLean, ya él sabía también que iba para el Mundial, y yo lo iba empapando de todo lo que se da en el Mundial y a hablar en programas del tema. ”Harrick McLean, basado en eso, un día me expresó: ‘Diay, usted es como el mundialista aquí’.

Él fue el que me empezó a decir así, él me puso el apodo del Mundialista. Ahí se fue quedando y hasta la fecha que voy llegando a mi noveno mundial”.—¿Qué tan exigente es la cobertura de un Mundial?

¿Sí da tiempo para conocer los países?Es muy extenuante. Siempre regreso como con tres o cuatro kilos menos; a veces es muy complicado por los cambios de horario.

Por ejemplo, en Brasil 2014, que fui con Monumental, ya estaba Canal 2 y las redes sociales, entonces dormíamos apenas 4 o 5 horas diarias en promedio. Ese cansancio se compensa con experiencias tan bonitas que se van dando.

Uno conoce ciudades espectaculares, yo le saco mucho provecho a eso. ”Recuerdo que con Cristian Mora, en Francia, ya en las segundas fases cuando había días libres, él me decía: “Cojamos el metro y bajémonos en cualquier parada, perdámonos para conocer. En realidad sí es una bonita forma de conocer.

Nos bajábamos en una estación y empezábamos a caminar y a caminar, ahí a puro mapa o a puro ojo; ahora ayuda el Google Maps (risa)”.-¿Cómo fue vivir algo tan histórico como Brasil 2014?Fueron momentos de mucha alegría, hasta de lágrimas. El día que que se le ganó a la selección de Grecia, uno no podía contener la emoción de lograr ese buen resultado.

Por dicha, yo siempre tengo la costumbre de costearme todo y quedarme todo el Mundial. ”Ese Mundial pasará a la historia como el momento más espectacular que ha habido hasta el momento del fútbol de Costa Rica. Fue increíble, uno también deseaba estar en Costa Rica porque uno veía las celebraciones en las calles, pero muchos nos decían: ‘Qué privilegio estar allá, más bien’.

Entonces fue muy bonito convivir con los jugadores, estábamos en el mismo hotel, a veces nos encontrábamos, viajábamos en el mismo vuelo y eso fue un mundial que nadie esperaba”.—¿Qué cosas lo han impresionado especialmente de sus experiencias?Creo que la organización como tal de la FIFA es espectacular. Es como la perfección.

De Qatar me gustó mucho la cercanía de las sedes, fue el único al que fui a todas las sedes. Después, puedo decir que San Petesburgo (Rusia) es la ciudad que más me ha impresionado conocer.—Deben ser muchas,pero ¿qué anécdotas nunca se le van a olvidar?En el 98 yo tenía ya la exclusiva de que Ronaldo tuvo un problema de salud.

Pero la transmisión no conectaba y no conectaba y yo desesperado. Entonces me encontré un teléfono público y transmití, llamé a cobrar para que en la radio se pudiera dar la noticia.

En ese momento era complicado, era difícil ese tipo de de transmisiones, pero después se fueron haciendo más cómodas.”Y bueno, en Qatar cuando nos topamos a la novia del Mundial, le pudimos pedir unas palabras y sacarnos una foto. Nunca me habían dado tantos likes”.—¿Le quita algo que no esté la Selección de Costa Rica, tal como sucedió en esta edición?Pasas un poquito inadvertido, obviamente.

Más bien, uno anda buscando esos periodistas de las selecciones presentes. Sí es diferente, cuando está Costa Rica te buscan, te abordan para conocer detalles, tenés un protagonismo importante dentro de los medios de comunicación.—Que esta Copa del Mundo sea en Estados Unidos, donde usted debutó, ¿tiene matices especiales?

¿Lo hace ver hacia atrás con satisfacción?Sabemos que nos vamos a encontrar con muchas de las sedes donde estuvimos en Estados Unidos 94. Obviamente, pues, afloran esos sentimientos.

Esos 32 años que ha significado este recorrido por las Copas del Mundo, se dice fácil, pero sabemos lo complicado que es para muchos.”Cuántos colegas lo desearían y, ya sea por motivos de que una empresa no los lleve o por condiciones económicas, se pierden una gran oportunidad. Entonces, claro, uno se siente bendecido por el hecho de que muchas veces con esfuerzo personal y familiar nos hemos mantenido desde el 94″.—Sé que depende de muchos factores ajenos, pero desde su deseo, ¿cuántas Copas del Mundo más le quedan al Mundialista?

¿Se puso una meta?Eso me lo preguntan siempre. La verdad es que lo del récord... ese tema lo dejo de lado, si es o no es el récord, quién tiene más o menos.

Personalmente, lo que hago es vivir ese momento, tener esa gran oportunidad de participar, porque es algo fuera de serie.”Sin intentar ser Diego Lucero, el uruguayo que tuvo el récord, o Enrique Macaya, el argentino que todavía está, espero estar lo más posible. De ahí, si Dios me da salud, seguir hasta que Dios quiera”.