Antoni Gaudí: cien años de legado del "venerable" arquitecto

Este 10 de junio se cumple un siglo de la muerte del hombre que le cambió la cara a Barcelona y volvió su obra de carácter universal. Así lo veía su biógrafo más reconocido.Antoni Gaudí fue un arquitecto español, considerado el máximo representante del modernismo catalán.
Nació el 25 de junio de 1852, en Reus, España, y murió el 10 de junio de 1926, en su amada Barcelona. El lunes 14 de abril de 2025, en uno de sus últimos actos antes de fallecer, el papa Francisco declaró a Antoni Gaudí “venerable”, el último paso en el camino hacia la santidad.AFP Pocos artistas han dado forma a nuestras percepciones de una ciudad de manera tan completa como Gaudí.
Y pocos arquitectos han resultado tan emblemáticos de su cultura. Gaudí, Barcelona y Cataluña estuvieron, y aún lo están, eternamente interrelacionados.
La reputación de Gaudí se ha difundido lentamente hasta convertirle, sin discusión, en el arquitecto más famoso del mundo. El legado arquitectónico de Gaudí es célebre en Japón y Corea, Alemania y Latinoamérica.
Un admirador japonés describe su asombro ante el hecho de que su obra todavía esté integrada en la estructura de la ciudad, cuando en Japón se exhibiría en museos. Quizás el atractivo real de Gaudí resida en su pura accesibilidad.
Algunas de sus obras muestran una chabacanería a lo Disney, pero las mejores son tan sensuales como profundamente simples. Es un arte para todo el mundo; es generoso y humanitario.
Su arquitectura humanística está, una vez más, en boga. Gaudí es una figura muy contemporánea; holística, espiritual y asombrosamente original.
Era un ecologista: reciclaba azulejos, vajillas y juguetes rotos, viejas agujas de fábricas textiles, aros metálicos de fardos de tejidos de algodón, muelles de somieres y paredes chamuscadas de hornos industriales para crear sus edificios. Cual Leonardo del siglo XX, Gaudí es la apoteosis del artista como inventor.
Fantásticamente fértil, su imaginación causó verdaderos estragos en los anticuados cánones de diseño. Tenía el don de una asombrosa capacidad para imaginar un edificio y transformarlo luego en realidad.
Al hacerlo, creó una tipología por entero novedosa. A algunos les resulta difícil comprender la obra de Gaudí y evitan reconocer la generosidad de su estilo.
Para ellos, sus torres exhiben los signos de la desintegración inminente, pero Gaudí siempre será atractivo para una variedad de públicos. Su afán por el detalle resulta muy japonés, y su profunda religiosidad es intensamente católica; no obstante, el esplendor y la blancura de sus áticos son calvinistas en su pureza.
Gaudí todavía construye desde la tumba. Dios fue su principal mecenas y, según Gaudí, en realidad no tenía prisa.
Había esperado cientos de años a que se terminaran Chartres y Sevilla. Según tales estándares, 150 años más para la Sagrada Familia no supondría mucho tiempo.
Todo eso está a punto de cambiar. Las predicciones señalan que la Sagrada Familia quedará terminada alrededor de 2030, eso siempre que el flujo regular de donaciones no se interrumpa.
La biografía de Gaudí es obra del arquitecto Gijs van Hensbergen, reeditada en Colombia con el sello Taurus.Cortesía PenguinMientras que la arquitectura de Gaudí es un libro abierto, su personalidad, como solitario “sacerdote de la belleza” de Barcelona, siempre ha resultado mucho menos accesible. Continúa siendo un enigma; es el último gran artista moderno que ha logrado escapar de la mirada del biógrafo.
Muchos estudios previos sobre Gaudí o bien han evitado situarle en el contexto cultural, prefiriendo la figura solitaria que recorre con paso furtivo el escenario catalán, o bien se han concentrado en sus elaboradas formas arquitectónicas. Pero han pasado por alto muchos sucesos claves de la vida del artista que han resultado piedras de toque y mecha para el arquitecto y su círculo de trabajo inmediato.
Por ejemplo, la pérdida que España sufrió de su imperio en 1898 y la Semana Trágica de 1909, durante la cual se quemaron conventos e iglesias, tuvieron intensos efectos en Gaudí, sus amigos y clientes, e hicieron que sus pautas de trabajo cambiaran por completo. La situación política en Cataluña era compleja y potencialmente explosiva.
Su precaria alianza con España (Castilla) entrañaba una tensión enorme. Por ese motivo, siempre les he permitido a los escritores españoles y catalanes expresarse en sus propias palabras.
Antes de la Guerra Civil, algunos intelectuales y políticos españoles reconocieron el peligro, pero no contaban con el poder de frenar el ímpetu de la crisis que se avecinaba, lo que resultó por demás trágico. Pocas generaciones han sido jamás tan salvajemente autoanalíticas como la de Gaudí.
Pocas han tenido que pasar por un descubrimiento de sí mismas tan doloroso. Si fue duro entonces, muchas de sus críticas todavía hieren en lo más vivo.
Tales tensiones políticas y sociales entre reforma y reacción proporcionan el trasfondo y las estructuras ocultas de la obra de Gaudí. Una biografía que se enfrente a un mito semejante estará erizada de complicaciones.
Pero existen problemas más allá de la metodología. Todos los archivos personales y de trabajo de Gaudí quedaron destruidos en los inicios de la Guerra Civil.
El 21 de julio de 1936, la cripta de la Sagrada Familia fue profanada y durante los dos días siguientes los dibujos, documentos y maquetas de Gaudí se quemaron o destruyeron. El mismo mes, el párroco de la Sagrada Familia Gil Parés, amigo de Gaudí, fue asesinado en un barrio cercano.
Aun así, sabemos qué estaba haciendo Gaudí prácticamente en cada minuto de los últimos 15 años de su vida. Gaudí era una criatura de hábitos.
Uno podría ponerse el reloj en hora basándose en su rutina: la misa, las oraciones matutinas, el ángelus y su paseo diario para confesarse. Sabemos cuándo compraba el diario vespertino y en qué quiosco.
Pero los entresijos de su alma se han perdido para siempre en el silencio del confesionario. Luego de años de ejercer presión, la Associació pro Beatificació d’Antoni Gaudí, que lucha por acelerar la beatificación mediante la venta de folletos y estampillas, se acerca por fin a su objetivo.
En el verano de 1998, el arzobispo de Barcelona, Ricard Maria Carles, inició el proceso al declarar a Gaudí santo patrono de su profesión, declaración que el Vaticano aún tiene que ratificar. Era un artista-arquitecto que produjo (según el arzobispo) un cuerpo místico de obras a las que solo iguala “Cántico espiritual”, la obra sobresaliente de san Juan de la Cruz.
Como escribió Ruskin de Fra Angelico, era mucho más que un artista; era, de hecho, “un santo inspirado”. * Se publica por cortesía de Penguin Random House Grupo Editorial. Gijs Van Hensbergen, de origen holandés y afincado en Dorset, Gran Bretaña, es profesor de arquitectura, historiador del arte, crítico gastronómico e hispanista.
Ha publicado A Guide to Art Deco Style (1986), The Encyclopedia of Decorative Styles. 1850-1955, el libro de viajes A Taste of Castille (1992), Antoni Gaudí y Guernica: The Biography of a Twentieth-Century Icon. Su relación con España, que ha visitado a menudo y donde ha pasado largas temporadas, es antigua, y está también en el origen de su interés por la vida y la obra de Pablo Picasso y, muy especialmente, de Antoni Gaudí.
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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