“¿Qué pasa si filmo en el living de mi casa y canto lo que escuché toda mi vida?”, se preguntó Alejo Zurita en 2024 cuando inició a buscar la manera de que su música llegara a más personas en las redes sociales.El primer video funcionó, el segundo un poco menos, el tercero no, el cuarto sí. Y cuando llegó a los 10, buscó el común denominador entre los que habían obtenido más likes y se habían compartido más veces.

En esos videos había hecho una introducción: contaba la historia de la canción, del artista, le daba contexto. Y eso es lo que a la gente le gustaba, asimismo de su voz, claro.

Para ello, se preparaba, leía y estudiaba, aprendía de memoria el texto que escribía. No le costó. “Soy actor desde los 5 años”, explica en diálogo con LA NACION el músico de 33 años y oriundo de La Plata.El spot, reconoce, también ayudó.

Aunque no lo preparó. Simplemente así es su casa.

Así la decoró según su fanatismo por Charly García (hay un cartel colgado en la pared, arriba de las guitarras que usa para tocar), y una heladera roja. Eso también llama la atención.

Cuenta que cuando inició, apoyaba su celular en el rascador del gato e iluminaba con las lámparas que tenía de decoración. Hoy tiene un trípode y calcula poder grabar entre las 12 del mediodía y las tres de la tarde, horario en que entra la mejor luz natural por la ventana.Cantó con Juan Carlos Baglietto, con Coti Sorokin, con Diego Topa, con Francisco Lago (líder de la banda Cruzando el Charco), entre muchos otros artistas.

Explica que no es “cholulo” de los famosos y que hoy en día son muchos de ellos los que le escriben para felicitarlo por lo que hace y le manifiestan sus ganas de hacer algo con él.Alejo es licenciado en Artes Dramáticas y viene de una familia de artistas: sus abuelos se conocieron y fundaron el teatro La Lechuza en La Plata, en 1957. Allí también se conocieron sus padres.

Por eso, siempre estuvo relacionado con la música y el arte. También es docente, tiene una academia y es el vocalista de la banda Un Verano.De alguna manera, el incentivo de Alejo fue un desamor, buscar la forma de salir adelante.

Desde su casa, utilizando su talento. View this post on Instagram —¿Cómo se te sucedió empezar a hacer los videos caseros?—En 2024 estaba atravesando un momento personal difícil, me había separado de una relación de muchos años, venía intentando hacer cosas en las redes.

Primero estéticas, hice canciones de moda en inglés. Buscaba algo difícil, a ver si se destacaba, pero no pasaba nada.

Y un día, en el medio de esa situación personal, me conecto de vuelta con Charly García, que lo había escuchado de adolescente y llegué a la conclusión de que tenía que mostrarme con lo que realmente me estaba conectando. Había montado un estudio en mi casa, pero no funcionaba.

Decidí sentarme en el piso, apoyado en la heladera. Eso me conectaba.

Y no eran canciones que tenía que aprenderme porque las había escuchado toda mi vida.—Y así te diste cuenta que lo que más gustaba era lo espontáneo, introducir la historia de la canción, del artista...—Sí, empecé a generar mi método. Al principio no hablaba, después empecé a mecharlo y, como soy licenciado en Artes Dramáticas, me resulta fácil escribir, estudiar y decirlo de memoria de una sola vez, sin necesidad de ensayarlo.—¿Cómo se te sucedió agregar esas introducciones?—Está apoyado desde mi parte actoral, y asimismo porque siempre me gustó escribir.

Así que lo que hice fue juntar en un mismo formato las cosas que siempre hice, no tenía que hacer algo distinto. Y por eso es un formato que me calza bien.

Lo disfruto. View this post on Instagram —¿Cómo surgió la idea de sumar a otros músicos?—Al trabajar desde hace muchos años en la música, conocía a muchos artistas.

Pero al principio no quería usar esa bala porque no tenía un formato definido, y no quería que lo hicieran como un favor. Primero, lo hice con pistas de YouTube, pero sabía que en algún momento se iban a acabar y yo quería seguir haciendo videos, así que empecé a contactar tecladistas y terminé trabajando con 10 o 12 que me hacían pistas de las canciones que les parecían.

Y eso me permitió tener un repertorio más grande. Con el tiempo, invité a gente a que hiciera lo mismo.

Y cuando empezó a funcionar, tuve la suerte de que fueran ellos los que me escribían.—Hiciste videos con Coti y también tocaste en su show en el Gran Rex...—Sí, me escribió su prensa para hacer algo juntos. Me expresó que había visto lo que hacía y que le había gustado.

Hoy seguimos teniendo buena relación con él.—También cantaste con Juan Carlos Baglietto. ¿Cómo fue esa experiencia?—Él conocía lo que hacía, había visto algún video.

Se encontró con mi manager, le expresó que me conocía y coordinaron para hacer algo. Y a él directamente lo conocí el día que grabamos.

Estuvo 20 minutos en mi casa: hicimos el video y se fue porque tenía otros compromisos laborales. Con muchos cuesta hacer coincidir las agendas.—¿Ensayaron antes?—Tratamos de que sea en una toma, o dos, como máximo.

El espíritu es no grabar ni ensayar antes. Sí charlamos sobre la canción, la elegimos, armo la pista, la introducción y cuando vienen, grabamos.—¿Cómo fue esa experiencia?—Muy mágica.

Fue increíble haberlo hecho, tenerlo al lado fue una locura. La introducción me gustó mucho.

Una de las que más me gustó, y me representa un montón. Es algo que me va a quedar para toda la vida.

Cuando se fue, dije: “Todo lo que luché en la música, tomó sentido por este momento”.—¿Qué te expresó él sobre la introducción que hiciste?—Cuando tengo invitados, les suelo leer la introducción antes, a ver si hay algo que quieran cambiar. Él sabía que el formato era improvisado, y cuando se la estaba por leer, me frenó y me expresó: “Me dijiste que era improvisado.

Decila directamente cuando cantemos y grabemos”. La dije por primera vez con él al lado en mi living.—También cantaste rock con Topa...—Qué genio Topa.

Me escribió él, me expresó: “Me encanta lo que hacés, quiero que hagamos algo”. Hicimos una versión de Fito Páez y “Manuelita”, de María Elena Walsh, con una introducción que no es pensada para los niños.

Topa es un artista excelente, fue muy lindo trabajar con él. Y muy cómodo.

Fue de los primeros con los que grabé por fuera de mi círculo. Estuvimos dos horas en mi casa, de las cuales tomamos mate una hora y cuarenta minutos.

Los otros 20 fueron de grabación. Es de las experiencias que guardo y me enorgullece.

Tengo la suerte de que me vaya bien en las redes con algo que me gusta, pese a que los músicos somos presos del algoritmo. View this post on Instagram —¿Cuesta convencer a los artistas?—Se va dando de manera natural.

Y más ahora, con la dinámica de seguir haciendo videos, y de seguirme con gente que conozco a través de la banda. Me escriben ellos mismos y me dicen de grabar.

Yo los anoto y tengo una lista de pendientes y también de deseo con quienes quisiera hacer algo. Yo respeto el formato y lo amplío hasta el infinito: desde La Planta hasta Manuel Wirzt.—¿A qué apuntás en un futuro?

¿Cuál es el próximo paso en tu proyecto?—Mi idea ahora es empezar a salir de mi casa: tener la posibilidad de llevar lo que hago a otro lado. Agarrar mi mochila con mi equipo y, tal vez, si pinta ir al estudio de algún artista, grabar ahí.

Es el paso siguiente natural a lo que hago, siempre respetando el formato, lo improvisado, la introducción, el mate.—¿Te lleva mucho tiempo preparar las introducciones?—Ahora ya me armé el método: leo un poco la letra, la historia. Y también estoy más obsesionado con que todo lo que diga tenga una cita textual del artista, que lo hayan dicho en alguna nota pública y no que sean teorías de internet.

Porque los artistas pueden ver lo que subo.—A partir de esto, ¿tuviste alguna experiencia incómoda con algún artista?—Me pasó una secuencia un poco extraña con Andrés Calamaro, artista que admiro y que escucho muchísimo. Se ve que me encontró en Instagram y empezó a ver videos míos, me comentó uno viejísimo, que cuando lo grabé jamás pensé que lo podía ver.

Me escribió: “De lujo. Gracias”.

Y empezó a likearme videos. Yo no lo podía creer.

Y en un video de una interpretación de su tema “Paloma” me hizo una corrección sobre la palabra “hampa” (en la frase “hampa de gloria mujer…”). Y me bloqueó.

Entonces, a partir de ahí me conecté con que los artistas me pueden ver, así que chequeo todo. View this post on Instagram —¿Qué corrección te hizo?—Escribió: “Encontré un error en la letra o en la traducción.

Hampa es singular y plural al mismo tiempo”. Después me encontré con gente en común y le comenté lo que había pasado y me expresó que por ahí había visto algo que no le gustó y por eso me bloqueó.

Espero algún día poder grabar con él.—¿Te suelen pedir ver el video antes de que lo publiques?—La mayoría de las veces no, lo ven directo cuando lo subimos. Debe ser porque hay cierta confianza en mí, pero entiendo si quisieran verlo antes porque es una publicación en ambas cuentas de Instagram y ellos manejan el contenido de la suya.—También hiciste videos mientras caminabas por la calle...—Fui probando varias cosas.

Yo, por fuera de los artístico y la docencia, soy muy tímido en la vida. Y dije: “A ver qué pasa si salgo a caminar y a cantar”.

Ahí no edito nada, es un micrófono y a la calle. De hecho, la mayoría de las veces que repito es porque canto y me cruzo con una persona y no puedo seguir, me da vergüenza.

Es divertido y me parecía que le daba algo diferente.—¿Cómo es un día en tu vida? ¿Te alcanza el tiempo para todo, entre los videos, la academia y la banda?—Tengo una vida extraña en ese sentido.

Hay días que estoy 12 horas armando los videos, escribiendo, coordinando. La academia, como cualquier emprendimiento, también lleva tiempo.

También la composición de los temas, los eventos, los shows, lo social que uno tiene en la semana. Hay semanas en que grabo todos los días y otras que no, depende de la agenda del otro artista también.

Ahora tengo 20 videos por publicar, así me voy armando un stock.