“Antes del show me repetía: ‘Ellos esperan ‘Pataclaun’, nadie quiere verte a ti sola’”. Wendy Ramos y su reflexión del síndrome del impostor“Siempre fui la diferente....

Mi papá, quizá porque le daba flojera peinarme, me cortaba el cabello bien corto”: Wendy Ramos y su inspiradora historiaWendy Ramos, quien se define como una coleccionista compulsiva de nombres, había llegado a un punto poco habitual: no encontraba un título para su próxima creación. Durante días revisó cuadernos antiguos, apuntes y listas de palabras acumuladas durante años.

La primera pista apareció en forma de una pluma dibujada en un cuaderno olvidado; la segunda, al levantar la vista y descubrir que las aves parecían haberla acompañado siempre. Había pájaros en las repisas, en los adornos de la sala, en viejos cuadernos y hasta en una lámpara que llevaba años observando sin reparar en ella. “Y sobre todo, los que están en mi cabeza”, comenta entre risas la actriz, que vuelve al Gran Teatro Nacional con Pájaros en la cabeza, una propuesta que mezcla humor, reflexión y experiencias personales.La nueva presentación de Ramos parte de una pregunta aparentemente sencilla: ¿de dónde nacen las ideas?

Pero lejos de ofrecer una conferencia convencional sobre creatividad, la actriz utiliza anécdotas, ejercicios y observaciones cotidianas para explorar cómo las personas pueden encontrar nuevas rutas cuando sienten que han llegado a un callejón sin salida. La charla busca trasladar al escenario los mecanismos que ella misma utiliza cuando no sabe por dónde empezar o cuando una respuesta parece no existir.La experiencia recoge elementos que han acompañado a Ramos durante décadas.

Desde su trabajo en Pataclaun hasta los proyectos que desarrolló en hospitales, cárceles, talleres y espacios educativos, su carrera ha estado marcada por la experimentación constante. En lugar de conformarse con una fórmula, suele preguntarse qué ocurre cuando una misma herramienta se traslada a contextos distintos.

Esa curiosidad permanente es, precisamente, el motor de Pájaros en la cabeza.“Tenemos asociada la idea de que el trabajo debe ser sacrificio, debe ser doloroso, debe hacerte sufrir. Y eso también hace que a muchos artistas nos cueste cobrar por nuestro trabajo porque sentimos culpa”, reflexiona. “Piensas: ‘¿Cómo voy a cobrar por algo que me encanta hacer?’.

A mí me costó mucho poner en valor mi trabajo”.Una mente abiertaLa primera vez que Wendy Ramos escribió el guion de un episodio de Pataclaun creyó que también sería el último. “Sentí que había puesto ahí todos mis chistes de toda la vida, todo lo que pensaba del humor, todo lo que tenía en la cabeza”, recuerda. Cuando terminó el segundo capítulo pensó exactamente lo mismo.

Y luego el tercero. Durante años, confiesa, trabajó con la sensación de que estaba agotando una reserva finita de ideas.

Recién hacia el capítulo 25 dejó de pensar que había llegado al límite.LEE MÁS: “Amos del Universo” y el retorno de He-Man al cine: de un juguete inspirado en Conan a superproducción de HollywoodCon el tiempo entendió que las ideas no aparecen de manera espontánea. Se alimentan de todo aquello que una persona incorpora a su vida: libros, conversaciones, viajes, aprendizajes y experiencias. “Es como si las góndolas de tu mente fueran un supermercado que durante la noche vuelve a llenarse”, explica.

Por eso insiste en una pregunta que considera fundamental: ¿con qué estamos llenando nuestra cabeza?La respuesta la ha llevado a mantenerse en movimiento incluso cuando su carrera ya está consolidada. A pocos meses de cumplir 60 años, estudia lengua de señas, toma cursos sobre narración y liderazgo de retiros, y explora herramientas digitales que hasta hace poco le resultaban ajenas.

Cada aprendizaje, por distante que parezca de su trabajo habitual, representa una nueva posibilidad. “La mente es un músculo; si no la usas, se atrofia”, afirma.Creatividad e inteligencia artificialAunque los “pájaros” que inspiran sus proyectos suelen surgir de la observación y la experiencia, algunos también llegan desde la pantalla de una computadora. Ramos reconoce que utiliza herramientas como ChatGPT y Claude para ciertos procesos creativos, especialmente cuando necesita ordenar ideas o explorar caminos alternativos.La búsqueda del nombre de su nuevo espectáculo fue una prueba de ello.

Probó distintas opciones, consultó plataformas de inteligencia artificial y revisó decenas de posibilidades. Ninguna terminó convenciéndola. “Me sugerían cosas muy grandilocuentes o muy guachafas y yo pensaba: ‘No, así no hablo yo’”, recuerda.

La respuesta terminó apareciendo donde menos la esperaba: en un cuaderno que llevaba años cerrado y en los pájaros que habían estado dispersos por su casa todo ese tiempo.LEE MÁS: Marjane Satrapi, autora de “Persépolis”, falleció a los 56 añosCon la experiencia acumulada de décadas sobre los escenarios, Ramos desconfía de las etiquetas que limitan la creatividad a determinadas profesiones. No importa si se trata de un abogado, un contador, un médico o un ingeniero. “Si no fueras creativo, no podrías vivir.

Todo el día estamos improvisando, resolviendo problemas y encontrando soluciones”, sostiene. Bajo esa premisa, Pájaros en la cabeza no promete transformar la vida de nadie ni ofrecer recetas infalibles.

Su apuesta es más sencilla: recordar que, muchas veces, las respuestas aparecen cuando recuperamos la curiosidad que dejamos olvidada en algún rincón del camino.