Sonora, tierra de beisbol y calor, levantará el muro de México en el partido inaugural de la Copa del Mundo 2026. Johan Vásquez, nacido en Navojoa, y César Montes, originario de Hermosillo, se perfilan para ser los defensas centrales titulares de la Selección Mexicana el próximo 11 de junio, cuando el equipo nacional abra el Mundial en casa, en el Estadio Ciudad de México, enfrentando a Sudáfrica.

La escena tiene algo de histórica. Dos futbolistas formados lejos del centro del país, nacidos en un estado donde muchos niños crecen con un guante y un bat en las manos, están a punto de sostener desde la zaga el inicio de una Copa del Mundo, que verá a México como anfitrión por tercera vez.

La presencia de ambos en la alineación también representa un momento singular para el futbol sonorense. Aunque en las últimas dos décadas el estado ha incrementado su presencia en el futbol profesional mexicano, la historia de Sonora en las Copas del Mundo sigue siendo reducida.

Tanto Johan Vásquez como César Montes formaron parte de la convocatoria de México para Qatar 2022, aunque únicamente Montes tuvo actividad durante aquel torneo. Antes de ellos, solamente otros dos futbolistas nacidos en Sonora habían disputado una Copa del Mundo.

El primero fue Óscar Bonfiglio, nacido en Estación Ortiz, Sonora, quien pasó a la historia en Uruguay 1930 al convertirse en el primer portero en detener un penal en una Copa del Mundo. Después de aquella participación tuvieron que pasar 88 años para volver a ver a un sonorense en la máxima cita del futbol.

Fue hasta Rusia 2018 cuando Jesús Manuel “Tecatito” Corona, originario de Hermosillo, representó nuevamente al estado en un Mundial. Cuatro años más tarde llegaron las convocatorias de César Montes y Johan Vásquez para Qatar 2022, aunque solo el defensor hermosillense sumó minutos en la cancha.

Ahora, con el Mundial de 2026 a punto de comenzar, Sonora podría tener por primera vez a dos futbolistas nacidos en el estado como titulares en una misma línea defensiva durante un partido mundialista. No llegaron por casualidad.

Tampoco por un camino sencillo. Sus trayectorias estuvieron marcadas por salidas tempranas de casa, rechazos, regresos, pruebas, puertas cerradas y familias que aprendieron a acompañar desde la distancia.

Rigoberto Vázquez, padre de Johan, conoce bien ese recorrido. Antes de ver a su hijo como mundialista, él mismo vivió el deporte desde el beisbol y después desde el futbol amateur en Navojoa.

Con el tiempo se convirtió en entrenador y sus hijos crecieron entre campos, selecciones y viajes. Johan empezó a involucrarse casi por herencia, acompañando a su padre y a su hermano mayor, Rigo, hasta que el futbol dejó de ser un juego y empezó a convertirse en una posibilidad.

El primer golpe fuerte llegó muy temprano. Johan se fue a Pachuca a los 9 años, cuando todavía era un niño.

Para él, la decisión parecía sencilla. Pensaba que si no salía pronto de casa, su oportunidad se podía cerrar.

Para sus padres, en cambio, significaba dejar ir a un hijo demasiado pequeño. “Cuando lo dejábamos en el aeropuerto siempre volteaba y me decía: ‘Papá, ¿por qué lloras?’”, recordó Rigoberto Vázquez, al hablar de aquella etapa en la que la nostalgia se mezclaba con la ilusión. El camino no fue lineal.

Johan pasó por Pachuca, Pumas, Tigres y Cimarrones de Sonora antes de encontrar estabilidad. En Pumas vivió uno de los episodios más duros, cuando fue dado de baja y su hermano tuvo que ir por él en la noche, afuera de La Cantera, en la Ciudad de México.

Más tarde, en Tigres, el golpe fue todavía más fuerte. Luego de ser cortado, volvió a Navojoa con la idea de alejarse del futbol. “Me expresó: ‘Apá, yo ya no quiero jugar futbol.

Para mí el futbol es una mafia’”, contó su padre. Durante varios meses, Johan se apartó de la pelota.

Volvió a la escuela, regresó a casa y retomó poco a poco el juego en Navojoa. Ahí apareció una nueva oportunidad con Cimarrones, el club que terminó por arroparlo cuando el defensor ya estaba cansado de buscar sitio lejos de Sonora.

Desde ahí volvió a crecer, brincó etapas y inició a construir el camino que lo llevó a Monterrey, a la Selección Mexicana y después a Europa. La historia de César Montes también empezó con una salida temprana.

Su padre recuerda a un niño atrevido, con condiciones claras para el futbol y con una facilidad especial para adaptarse. La familia entendió pronto que el balón era su sueño y decidió respaldarlo, aunque eso implicara separarse de él.

El zaguero hermosillense fue visto en torneos con Sonora y después llegó a Pachuca, donde se fue a los 11 años para buscar su formación profesional. Su padre reconoce que ese fue el momento más complicado para la familia, porque significó acostumbrarse a tenerlo lejos desde muy pequeño. “Se fue a los 11 años a Pachuca y creo que fue lo más complicado para la familia”, relató.

Como Johan, César Montes también encontró en Cimarrones una parte importante de su ruta. Más tarde llegó a Monterrey, donde terminó por consolidarse, ganar protagonismo y abrir la puerta para dar el salto al futbol europeo.

Su historia y la de Johan no fueron exactamente paralelas, pero sí comparten estaciones, sacrificios y un mismo punto de origen: Sonora. Ahora, el futbol mexicano podría arrancar su Mundial con una defensa central nacida en el norte.

Vásquez y Montes representan una ruta poco común para una Selección acostumbrada a mirar hacia el centro del país o hacia las grandes canteras tradicionales. Ellos vienen de una tierra donde el beisbol suele ocupar la primera conversación, pero desde ahí aprendieron a competir, resistir y salir.

Rigoberto Vázquez lo resume desde la mirada del padre que vio a su hijo llorar, regresar, volver a empezar y cumplir lo que alguna vez prometió: ser el primer futbolista nacido en Navojoa en debutar en Primera División. Hoy, Johan Vásquez y César Montes están ante una oportunidad mayor.

No solo jugar un Mundial, sino hacerlo en casa, como los centrales que pueden sostener el primer paso de México en la Copa del Mundo 2026. Desde Sonora, el muro ya está levantado.