El estrés forma parte de nuestra vida. El ruido, las prisas, el tráfico o la sensación de estar siempre pendientes de algo hacen que el cerebro permanezca en alerta constante durante buena parte del día.

Aunque vivir en una ciudad puede resultar estimulante, también supone una sobrecarga mental continua.Precisamente sobre esto ha hablado la neurocientífica Nazareth Castellanos en el programa La Ventana de La Ser, donde recuerda la importancia de combinar los entornos urbanos con espacios naturales. "La naturaleza influye en nosotros", explica la experta, y hace referencia a dos teorías muy estudiadas dentro de la psicología ambiental: la teoría del restablecimiento de la atención y la teoría de la recuperación del estrés.Qué ocurre en el cerebro cuando pasamos tiempo en la naturalezaDurante la entrevista, Castellanos menciona un estudio realizado en Berlín en el que se comparó a un grupo de personas que había paseado durante una hora por un bosque con otro que caminó durante el mismo tiempo por la ciudad.

Después, los investigadores sometieron a los participantes a situaciones estresantes para analizar cómo reaccionaba su cerebro.El estudio, publicado en la revista Molecular Psychiatry y desarrollado por investigadores del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, observó que las personas que habían caminado por un entorno natural mostraban una menor actividad en la amígdala, una de las regiones cerebrales más relacionadas con el miedo, el estrés y la ansiedad.Según explica Castellanos, esto tiene relación con la cantidad de estímulos que recibe el cerebro en cada entorno. "Vas por la ciudad y mi atención recibe tantos estímulos que se tiene que disipar", señala.

En cambio, cuando el cerebro procesa menos información al mismo tiempo, puede concentrar mejor sus recursos neuronales y reducir esa sensación de saturación mental.La teoría de la atención y la recuperaciónLa llamada teoría de la restauración de la atención sostiene que los espacios naturales permiten que el cerebro descanse de la sobrecarga de estímulos propia de las ciudades. Es decir, ayudan a recuperar la capacidad de concentración y atención mental.

Por otro lado, la teoría de la recuperación del estrés plantea que la naturaleza favorece una respuesta fisiológica de calma y relajación.Y no es algo que dependa únicamente de largas escapadas al campo. Distintas investigaciones han comprobado que incluso exposiciones breves a espacios verdes pueden tener efectos positivos sobre el bienestar emocional.

Un metaanálisis reciente concluyó que pasar tiempo en la naturaleza ayuda a reducir síntomas relacionados con el estrés, la ansiedad y el estado de ánimo bajo.Esto no significa que un paseo por un parque vaya a eliminar por completo el estrés o sustituir un proceso de terapia cuando es necesario. Pero sí puede convertirse en una herramienta sencilla para ayudar al cerebro a desconectar un poco del exceso de estímulos diarios.Como explica Nazareth Castellanos, muchas veces la clave está en aprender a utilizar mejor los entornos que nos rodean.

A veces, algo tan simple como caminar un rato en la naturaleza, sentarse en un parque o pasar más tiempo al aire libre puede ayudarnos más de lo que pensamos.