Llegó desde Italia a bordo de un buque y, años más tarde, replicó esa experiencia en el diseño de su casa

BAHÍA BLANCA.— Entre calles de tierra, casas bajas, techos de tejas, árboles y vegetación, una mole llama la atención. Los vecinos, por supuesto, la conocen (y su historia), pero si alguien la ve por primera vez, se va a extrañar cuando pase por la calle Islas Malvinas, entre La Argentina y la avenida Fragata Sarmiento, en la localidad costera de Pehuen Co.
¿Es, acaso, un barco? Enorme, azul y blanco, parece agarrarse con las anclas que salen del escobén, “los ojos de la proa”, hacia el pasto.
Descoloca, como una ballena encallada. Pero basta mirar con atención para darse cuenta: es, en realidad, cemento y ladrillo.
Una casa particular con una historia particular. Un impulso de la personalidad aventureraLuis Novelli era un joven de 19 años.
Vivía en La Spezia, ciudad italiana, y cumplía el servicio militar obligatorio como marinero a bordo del RN Roma, un acorazado de guerra. La historia la recuperó el Archivo Histórico Municipal de Punta Alta (AHM), que hace unos años logró comunicarse con el nieto de Novelli, el escritor y periodista Aldo Novelli, fallecido en 2023, a los 66 años.
En aquella ocasión, comentó: “Venía como marinero cumpliendo servicio militar en un buque que daba la vuelta al mundo, se averió y atracó en Bahía Blanca para hacer las reparaciones”. En la página de Facebook de Amici Italiani se detalla sobre cómo funcionaba el reclutamiento en esos tiempos: “Italia tuvo reclutamiento obligatorio para el servicio estatal a principios del siglo XIX hasta finales de 2004.
En sus inicios, los hombres de 20 años eran seleccionados mediante un sistema de lotería de dos niveles. Los hombres a los que les tocaban los ‘números malos’ se enlistaban en la primera categoría y debían prestar servicio activo durante cinco años.
Quienes obtenían los ‘números buenos’ ingresaban en la segunda categoría y recibían entrenamiento básico periódico durante 40 a 50 días. Con el paso del tiempo, los hombres comenzaron a ser llamados desde los 18 años, y el tiempo de servicio militar se redujo a dos años en 1910”.Para cuando el barco Roma llegó a Buenos Aires, en 1921, a Luis le faltaba poco para terminar su “mandato”, como decía Aldo.
Lo hizo a bordo, mientras lo arreglaban, y enseguida quedó “en libertad de acción”: ya no estaba sujeto a su unidad ni a la rutina. Volvía a ser un civil.
Aprovechó, entonces, para recorrer el pueblo en el que se encontraba, Pehuen Co, tan lejos de su casa, de su patria. Lo impactó: “Y en un impulso propio de su personalidad aventurera y bohemia, decide quedarse a probar suerte… y hace su vida acá”.
Se radicó en Bahía Blanca, y nunca más se fue del país.Luis había llegado con un título de perito electrotécnico y no tardó mucho en encontrar trabajo. Pero no se conformaba, tenía ideas, y en 1944 abrió su negocio.
Asimismo de técnico era inquieto, entonces, mientras tanto, investigaba una idea para mejorar los aerogeneradores, un mecanismo con hélices que transformaba la energía eólica en energía eléctrica o mecánica.Lo patentó con la marca LN (sus iniciales). Como cuenta el periodista Mario Minervino, de La Nueva, el principal medio de Bahía Blanca, se trataba de una especie de molino con un mecanismo autorregulador y hélices de madera perfiladas, con lo cual rendía un 50% más que los otros modelos del mercado.
Pero en aquella localidad de la costa atlántica, la creatividad del italiano iba a impactar de otra forma: a partir de la construcción de esa casa con forma de barco.Creativo inventor y loco lindoPasaron tres décadas hasta que, en 1951, su creatividad empezó a tallarse en cemento: decidió inmortalizar el viaje que lo trajo, azarosamente, a la Argentina. Primero compró un terreno de 10 metros por 50 en Pehuen Co.
Había diseñado una casa para pasar los fines de semana en familia a pocos metros del mar, y la iba a construir a imagen y semejanza de un barco.En un principio, los medios dijeron que el diseño era una copia del acorazado militar en el que llegó al país, pero años después, su nieto lo dudó: aunque en la familia también se expresó siempre que la denominada Casa Barco era una réplica exacta del Roma, lo más probable era que, en realidad, “como [Luis] era un creativo inventor y loco lindo”, haya tomado el modelo de algún barco de pasajeros “que vio”, un formato “más amigable y factible de hacer”. En realidad lo que hizo Novelli fue mezclar: la forma de la casa sí remite a una embarcación civil, pero el nombre (como cualquier barco, este también lleva inscrito al frente un nombre) es Roma.
La casa se inauguró tres años después, el 27 de noviembre de 1954, en un evento que siguió la tradición náutica: en la página del AHM cuentan que ese día, repartieron diez medallas conmemorativas entre algunas de las mujeres que se habían acercado a la ceremonia, una de estas, de oro: “La afortunada en recibirla fue la señora Libertad Rubio de Martella, quien fue designada entonces madrina de la nave y estrelló sobre el filo de su proa la clásica botella de champagne”. Como se contó, el edificio se emplaza en un terreno rodeado de verde y caminos de tierra.
Para entrar hay que subir una escalera de hierro, muy similar a una verdadera embarcación, y se accede a una especie de cubierta. Adentro, un hall, comedor, cocina, baño y dormitorios, pero con la estética marina: timones por todas partes, salvavidas, ventanas como ojos de buey.Es una obra realizada con bloques de arena y cemento, incluso los remaches, que se tomaron uno a uno a partir de un molde metálico.
La chimenea mayor es el tanque de agua, y las menores, la cocina y el hogar.Interés turísticoNovelli falleció en 1964. Dos años después, en 1966, Prieto Juárez compró la casa en un remate, según comunicó el AHM.
Como Prieto era español, se lee en la página, pensó en cambiarle el nombre de Roma por el de Madrid, una idea que desechó apenas le contaron la historia del lugar. Cuando este murió, la propiedad quedó en manos de su esposa, República “Beli” Gutiérrez González, que vivía en la ciudad de Buenos Aires y solo iba a Pehuen Co en el verano.
La mantuvo lo mejor que pudo, pero se le hacía difícil garantizar la preservación del lugar, así que intentó que la declararan patrimonio. Envió un informe a la Dirección Provincial de Patrimonio con las características arquitectónicas y el estado de la casa.
Se llevó a cabo la evaluación y en 2014 se declaró a la Casa Barco “de interés turístico”, aunque no se la catalogó como Patrimonio Arquitectónico, Histórico y Cultural.Sus hijos heredaron la casa luego de su fallecimiento. En 2019, según la página web www.casabarco.com.ar, el inmueble fue puesto a la venta en US$305.000 que incluían el precio de un terreno lindero y un anteproyecto de complejo turístico.
LA NACION quiso averiguar su actual destino, pero no obtuvo respuesta.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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