En San José hay más animales silvestres de los que usted cree: Coyotes y pumas viven en estos barrios
Viven en las ramas, en las alcantarillas, en los basureros y en los techos. No se esfuerzan por esconderse, están atentos a los movimientos citadinos, y ante las cámaras posan cada cierto tiempo.
Quizás porque no suelen intrometerse, a los animales silvestres de San José se les considera ajenos.No es descabellado ver a un mapache en la ciudad: probablemente cada josefino ha tenido uno de estos pequeños vecinos destructivos. Lo que sí puede sorprender es toparse a aquellos mamíferos, felinos, anfibios y reptiles que, si se somete a adivinanza su habitat, la mayoría contestaría playa y montaña antes que la capital.De ello son ejemplo los coyotes, quienes pasean con fecuencia por el Parque del Este, donde las familias también salen por una caminata dominical.
Ese recorrido lo extienden por el río Torres, para luego asentarse por los condominios del Cristo de Sabanilla; usted podría estar viendo televisión al tiempo que los coyotes se revuelcan en un potrero al lado.Barrio Tournón es otro de los espacios preferidos de estos carnívoros, así como las zonas verdes detrás del parque Simón Bolívar, según explica Pablo Vásquez, coordinador del programa de Vída Silvestre para el Área de Conservación Central del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).Sobre otras apariciones “salvajes” dan fe los tibaseños, quienes presenciaron a un puma en el jardín de una casa merodeando como una avispa. Gracias a que las autoridades lograron colocarle un collar para rastrearlo, ahora sabemos que su especie transita entre el Parque Nacional Braulio Carrillo, Siquirres, Moravia, el volcán Irazú y partes de Turrialba.Por esas zonas también se hospeda el zorro gris, segundo canino más grande de Costa Rica, que elige Curridabat, Tibás, San Pedro y Zapote como sus aposentos; en 2022, incluso pasó una noche afuera de Casa Presidencial.Y aunque resisten las creencias populares de que roedores como los tepezcuintles solo viven en zonas protegidas, varios aparecen en los ríos María Aguilar, Torres y Virilla. “Llama la atención porque es una de las especies que ha tenido mayor presión, tradicionalmente, por la cacería de su carne”, agregó Vásquez.Pele el ojoDentro de las obviedades de la vida está cuidarse de una serpiente al caminar por un zacatal; quizás por eso la preocupación pasa a segundo plano al remodelar casas o acomodar matas.
Pero la boa constrictora, esa inmensa y rayada de tonos café, no pierde las posibilidades de cazar ratas y ratones donde le quede mejor. Y en la ciudad, cualquier sitio donde se acumulen desechos sirve.En las alcantarillas también se acomodan y de allí suelen huir algunas tortugas en las temporadas lluviosas.
Con sus caparazones se regocijan cerca de los ríos, donde se topan con osos perezosos, iguanas y ranas azules, que han sobrevivido altos niveles de contaminación en cuencas como las del río Torres.Poco se puede decir de los insectos, porque el Sinac no recibe muchos reportes al respecto, pero la valoración personal de Vásquez es que sus poblaciones han decrecido con el tiempo. Una muestra es la ausencia de faroles alumbrando bajo las estrellas.En contraste, la especie que considera apareció inusitadamente es la lora nuca amarilla; años atrás, era inusual ver a una pareja de estas aves en peligro de extinción por el Valle Central.
Dichosamente, su avistamiento va en aumento.¿Nos acostumbramos?Asimismo de los mapaches, animales silvestres como los zanates, los zorros pelones, las ardillas y los pericos verdes de palmera se han vuelto poco noticiosos. Luego de que los humanos alteraran los ecosistemas, se les hizo fácil multiplicarse en las orbes donde consiguen recursos sin competencia.Es común querer darles de comer, porque parece que se les ayuda, aunque en realidad compromete su dieta y los hace confianzudos.
Y una vez que sienten cómodos, les toma poco para hacer agujeros en las casas.Vásquez, quien también fue el encargado del programa de Vida Silvestre en la oficina subregional de San José del Sinac, considera que la presencia de estos animales en la capital ha sido relativamente estable en el transcurso de los años; lo que ha cambiado es que se viralizan sus apariciones.Y si no quiere depender de las redes sociales para apreciar el paso de la fauna, a lo mejor le sirva detenerse unos minutos para observar el cielo y los árboles del vecindario. Con suerte y paciencia, puede saludar a estos sigilosos animales silvestres que, por falta de perspicacia, se consideran visitantes en lugar de residentes.Ahora se ve mucho en redes sociales sobre avistamientos, pero desde mi punto de vista es más un cambio en la percepción del colectivo que de lo que realmente ocurre, sobre todo porque todo el mundo tiene una cámara, un video, una conexión a internet en la palma de la mano.
Cualquier situación que ocurra en la ciudad que sea poco común o que sea llamativa fácilmente se hace viral".Pablo Vásquez, biólogo del Sinac
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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