Calles cortadas y restricciones: lo que espera a los vecinos durante la visita del Papa a Barcelona

Cuando se habla de la visita de un Papa suelen aparecer imágenes de multitudes, ceremonias solemnes y grandes despliegues de seguridad. Mucho menos visible es la otra cara del acontecimiento: la de quienes viven justo donde todo sucede.
Para miles de vecinos de barrios como la Sagrada Familia, el Raval o los accesos a la montaña e Montjuïc, la llegada de León XIV significará durante unos días convivir con controles policiales, restricciones de movilidad, calles cerradas y una atención mediática poco habitual.La experiencia de Barcelona en 2010 sigue muy presente en algunos barrios. Durante la visita de Benedicto XVI para consagrar la Basílica de la Sagrada Familia, el dispositivo obligó a cerrar varias manzanas alrededor del templo (incluido el acceso a parkings privados), instalar decenas de miles de sillas y limitar accesos mediante acreditaciones.
Muchos vecinos esperaban información sobre cómo podrían moverse por la zona mientras el entorno quedaba prácticamente blindado.La situación volverá a repetirse parcialmente este año. El dispositivo previsto para la visita de León XIV contempla restricciones en la Sagrada Familia, el Raval, la Catedral y Montjuïc.
Los residentes podrán acceder a sus viviendas acreditando que viven allí, pero habrá limitaciones de tráfico, aparcamiento y distribución de mercancías. Según explicaron los responsables de seguridad, el objetivo es compatibilizar la visita con la vida cotidiana del barrio, aunque reconocen que se producirán molestias inevitables.El recorrido del Papa alrededor de la Sagrada Familia, que durará entre 10 y 15 minutos y que se hará a una velocidad de unos 7km/h, empezará en el cruce de la calle Rosselló con Roger de Llúria y la Diagonal hasta la confluencia de las calles Rosselló y Sardenya.
El Papa realizará estos trayectos rodeado de cápsulas de seguridad con vehículos policiales y agentes a pie, lo que obligará a cortar todo ese perímetro desde muchas horas antes del paseo.Cacheos, dobles vallas y sin coche en Sagrada FamiliaLos vecinos del entorno del templo deberán adaptarse a estas importantes restricciones de movilidad. Entre la noche del 9 de junio y la madrugada del 11 de junio se limitará el acceso de vehículos al perímetro comprendido entre las calles Rosselló, València, Sicília y Lepant.
Asimismo, los accesos a los aparcamientos también se verán afectados, por lo que no se permitirá entrar ni salir con vehículo privado salvo en situaciones de emergencia. A ello se sumará el corte total de la calle Rosselló entre la avenida Diagonal y Sardenya a partir de las 7.00 horas del 10 de junio, coincidiendo con los preparativos de los actos papales en la basílica.Según explicó el intendente mayor de la Guàrdia Urbana, Jordi Guerrero, a Betevé, los vecinos y trabajadores del entorno deberán superar controles de acceso desde las 7 horas del 10 de junio y hasta que finalicen los actos papales en el templo.
Los agentes solicitarán documentación necesaria para acreditar la residencia o la necesidad de acceder a la zona, dentro de un operativo que movilizará a 5.600 Mossos d'Esquadra y 500 efectivos de la Guàrdia Urbana.Uno de los puntos que más preocupa a los responsables policiales es el recorrido del papamóvil hasta la Sagrada Família. Para minimizar riesgos, se instalará una doble valla de seguridad en la calle Rosselló, acompañada de controles y cacheos preventivos para acceder a las zonas reservadas al público.
Asimismo, habrá filtros de seguridad en las calles transversales que desembocan en el recorrido oficial. Controles y cortes en el Raval y MontjuïcEn barrios como el Raval, asimismo, la visita a la Parròquia de Sant Agustí implicará también controles de seguridad en calles densas y estrechas donde cualquier alteración de movilidad tiene un impacto inmediato en vecinos, comercios y repartos.
Algo parecido ocurrirá en los accesos a Montjuïc durante la vigilia del Estadi Olímpic, que reunirá a unas 40.000 personas.La visita a la iglesia de Sant Agustí obligará a establecer un amplio perímetro de seguridad alrededor de la plaza de Sant Agustí y la plaza de la Gardunya. Entre el 9 y el 10 de junio se prohibirá el estacionamiento y se cortará totalmente la circulación en calles como Hospital, Jerusalem, Arc de Sant Agustí y todo el entorno inmediato de la Gardunya.
Asimismo, se habilitarán controles de acceso y regulación de peatones en los momentos de máxima afluencia, por lo que los residentes deberán prever desplazamientos más lentos de lo habitual.Otro de los puntos donde la ciudad cambiará completamente de aspecto será Montjuïc. La vigilia multitudinaria del 9 de junio en el Estadi Olímpic obligará a restringir el acceso al anillo olímpico desde el día 8.
Habrá cortes de tráfico y prohibición de estacionar en vías como el Passeig Olímpic, la avenida de l'Estadi, la calle Jocs del 92 y el vial de l'Olivera, situado entre el Palau Sant Jordi y el estadio. Los accesos a la montaña quedarán muy limitados para el vehículo privado y se prevé una fuerte concentración de personas durante toda la tarde y la noche, por lo que el transporte público será prácticamente la única alternativa recomendable para moverse por la zona.Un amplio abanico de reaccionesY todo este operativo, no todos los vecinos lo viven de la misma manera, con un amplio abanico desde el enfado hasta la comprensión e incluso la admiración y el oportunismo.
En 2010 algunos aprovecharon la llegada del Papa para alquilar balcones y pisos con vistas privilegiadas a la comitiva. Quince años después, la historia vuelve a repetirse en plataformas como Wallapop o Airbnb.Pero junto a quienes ven una oportunidad económica también aparecen voces críticas.
Por ejemplo, la asociación vecinal del entorno de la Sagrada Familia ha expresado en varias ocasiones su preocupación por el impacto que pueden tener estos grandes acontecimientos sobre un barrio ya sometido a una fuerte presión turística, sobre todo en estas fechas. En concreto, La visita papal llega asimismo en un momento especialmente sensible para parte del vecindario de la Sagrada Familia.
Desde hace años persiste el debate sobre la futura construcción de la escalinata monumental de la fachada de la Glòria, prevista en el proyecto original de Antoni Gaudí. En 2019, asociaciones vecinales reclamaron al Ayuntamiento que descartara la actuación por el impacto que podría tener sobre los edificios situados en la calle Mallorca, donde se calcula que podrían verse afectadas unas 300 viviendas y cerca de 3.000 residentes.Siete años después, el escenario parece más próximo a una solución.
El pasado marzo, el presidente delegado de la Junta Constructora, Esteve Camps, afirmó que las negociaciones están "muy avanzadas" y recordó que el consistorio ha garantizado públicamente que ningún vecino se quedará sin vivienda. La llegada de León XIV sitúa así durante unos días el foco internacional sobre un barrio que sigue pendiente de una de las decisiones urbanísticas más complejas de la Barcelona contemporánea.Sensaciones encontradasPor otro lado, en cuanto a la visita el Papa muchos residentes reconocen una cierta fascinación por vivir un acontecimiento histórico desde la ventana de casa.
Ver pasar el papamóvil, observar el despliegue internacional o escuchar el eco de una ceremonia retransmitida a todo el mundo no forma parte precisamente de la rutina de cualquier barrio. Por eso estas visitas suelen dejar sensaciones contradictorias: incomodidades logísticas para algunos, oportunidades económicas para otros y una curiosidad colectiva que termina impregnándolo todo durante unos días.La ciudad vive entonces una especie de pausa extraña.
El supermercado sigue abriendo, los vecinos siguen bajando al perro y los autobuses continúan circulando, pero alrededor aparecen vallas, acreditaciones, periodistas internacionales y helicópteros sobrevolando el cielo, justo debajo de casa.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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