Cuando el argentino Gato Pérez se fijó en que el nombre de la ciudad que le había acogido escondía en sus sílabas tres palabras en lengua indígena las tradujo a barca (él amplió el bar inicial al Barça), cielo y ola para componer un himno que institucionalizó la barcelonitud preolímpica más o menos canalla. Pero las letras del nombre de Barcelona dan mucho juego, con anagramas en castellano que prefiguran su turistificación masiva (Broncéala) y anagramas en catalán que reivindican una dimensión sexual de la sardana (Acoblaren).

El único anagrama que funciona en ambas lenguas es Balconera, derivada de balcón aunque en castellano con el sentido más restringido a “cartel de propaganda, generalmente política, que se exhibe en el balcón o ventana de un edificio”.Seguir leyendo...