Bonavena había combatido contra las figuras más destacadas de su época, enfrentándose a boxeadores como George Chuvalo, Jimmy Ellis y Zora Foley, sin ser noqueado por ninguno. Sin embargo, la pelea que generó mayores expectativas fue la que sostuvo contra Muhammad Alí, quien recientemente había adoptado este nombre en lugar de Cassius Clay. El combate se llevó a cabo un mes después de que Carlos Monzón se consagrara campeón mundial de la categoría mediana, lo que auguraba otra hazaña para el boxeo argentino.

Aunque Bonavena perdió por KOT en el round 15 tras caer tres veces, combatió de igual a igual contra Alí en un encuentro que lo dejó a punto de alcanzar la gloria. El argentino compensaba sus limitaciones técnicas, como su pie plano y su lentitud de desplazamiento, con su picardía, potencia en la pegada y un corazón indomable. Antes de la pelea, ambos boxeadores realizaron provocaciones mutuas: Bonavena lo llamó gallina y criticó su ausencia en la guerra de Vietnam, mientras que Alí respondió burlándose de sus defectos físicos.

Durante el combate, Bonavena preocupó seriamente a Alí al impactarlo con una izquierda que lo hizo tocar la lona en el séptimo round. La pelea se mantuvo pareja e intensa hasta el asalto final, cuando Bonavena salió a jugarse y fue derribado tres veces consecutivas. El árbitro Mark Conn no brindó protección adecuada al argentino en sus caídas, permitiendo que Alí siguiera conectando golpes sin enviar al púgil a una esquina neutral, hasta que el KO fue decretado.

El combate capturó la atención de aproximadamente 20.000 espectadores en el Madison Square Garden y fue transmitido en directo a todo el mundo. Su transmisión en Argentina alcanzó un histórico rating de 79,3 puntos, un récord nunca superado. Al finalizar, Alí reconoció que había sido la pelea más dura de su carrera y elogió los méritos y potencia de su rival argentino, consolidando una nueva página de gloria para el boxeo nacional.