Simultaneando la recepción de Felipe VI en homenaje a Juan Antonio Samaranch , bailando hasta el amanecer en el Primavera Sound, discutiendo como vivir al menos cien años con Luis Rojas Marcos en el congreso LongevitIA del Cosmocaixa, tramitando presupuestos en el Cercle y marcándose un SIL Barcelona de récord para debatir el futuro global de la logística, la ciudad se ha convertido, al menos esta semana, en capital mundial de la sobreprogramación. Porque esa agenda incapaz de más aprietos ha incluido asimismo cenas y conciertos secretos, un desfile almodovariano en la Llotja y remate apoteósico con Le nozze di Figaro en el Liceu.

Hay ciudades que tienen agenda. Pero la nuestra se ha instalado en un maravilloso episodio maníaco expansivo perfectamente funcional.Seguir leyendo...