SANTA FE.— ¡Será recordado como un escritor compulsivo! En Bluefields todos bien saben que el poeta John Lidne r alcanzó su época literaria dorada cuando la tristeza lo partió al medio.

Aquella terrible noche en la que perdió su familia, fue tragedia y a la vez fuente de su más fecunda inspiración. Por pudor o cobardía él siempre mitigó todo.

Algunos sostuvieron que el éxito de sus obras sirvió de narcótico extravío. Pero al final, por un hecho fortuito, casi un guiño de ultratumba, se supo la verdad.

Muchos años después, al momento de ser condenado a muerte, remarcó que fueron los espíritus de sus amados quienes venían en ayuda literaria para evitar la depresión o el suicidio . En sus póstumas memorias, terminó por confesar con lujo de detalle la espeluznante verdad.

Fue entonces cuando los ciudadanos de Bluefields se juntaron espontáneamente en cada plaza y quemaron todos sus libros. Dicen que en las paredes de su celda dejó un último poemario .

Ayer, intentaron quemar el presidio…