Bajo la cubierta de la Chatrier, como si no hubiera pasado el tiempo ni nada hubiera cambiado, ellos, Marcel y Horacio, Horacio y Marcel, triunfan, brincan, se abrazan y lo festejan otra vez. Déjà vu este sábado en Roland Garros, donde Granollers y Zeballos, tributo los dos a la sencillez, a la normalidad y a eso de no tener ínfula alguna, repiten y se coronan por segunda vez, imponentes e imbatibles.

Muy felices. Se imponen por 6-4 y 6-2 (en 1h 16m) a la segunda pareja del mundo, el finlandés Harri Heliovaara y el británico Henry Patten, y se funden con los suyos, rociados por el agua: “¡Dale, daléele!”.

Dice el argentino: “Nunca hubiera imaginado que 40 años seguiría aquí…”. Pero sobra la cuerda al parecer.

Es el tercer grande que conquistan de la mano.Seguir leyendo