Emails de trabajo, chats con la familia, grupos de amigos que organizan viajes, cumpleaños, encuentros. A ese mejunje de interacciones que obligan a mirar la pantalla del móvil se suma, especialmente para los jóvenes, otra atadura al mundo digital: mantener activa una conversación permanentemente estimulante, que desprenda suficiente carisma y encanto, para seducir a —o mostrar interés por— la persona a la que se quiere uno acercar.

Ligar en estos tiempos, para muchos, supone un tipo más de esclavitud virtual.Seguir leyendo...