La marcha por la vida de una mujer invencible

VARSOVIAIrene Shashar es una gigante. Una gigante de 1,46 metros.
Diminuta y enorme, sobreviviente del Gueto de Varsovia, a los 88 años está acá, en la ciudad en que nació, desafiando la edad, un frío que entumece y el rigor de jornadas interminables. Invitada estelar de una delegación internacional que vino a la tradicional Marcha de la Vida, en coincidencia con la conmemoración del holocausto judío, asume ese protagonismo con la fuerza de un huracán.
Es pura energía para caminar por los campos de concentración y exterminio (Auschwitz-Birkenau y Treblinka), estar horas parada y desplazarse por un escenario mientras relata, casi actuándola, su vida de película. Tan conmovedor como, desde las leyes físicas, inexplicable.
Ella lo explica: “Vivo para dar testimonio. Para que no se olvide la historia”.Invitada estelar de una delegación internacional que vino a la tradicional Marcha de la Vida, en coincidencia con la conmemoración del holocausto judío, asume ese protagonismo con la fuerza de un huracánAdemás de Shashar, otros 50 sobrevivientes del holocausto, de entre 80 y 98 años, asistieron a la March of the Living, que se hace anualmente desde 1988: tres kilómetros a pie entre Auschwitz y Birkenau, el complejo a 70 kilómetros de Cracovia en el que murieron, a manos del nazismo, aproximadamente un millón de judíos.
Este año, por las restricciones en el espacio aéreo como consecuencia de la guerra con Irán, la participación de comunidades judías de todo el mundo (la costumbre es ir a Israel después de la marcha) fue bastante menor que la habitual: unas 5000 personas de 30 países; de la Argentina vinieron alumnos de dos colegios judíos. Otros 50 sobrevivientes que iban a llegar desde Israel no pudieron hacerlo.
En la ceremonia en Birkenau, Irene fue elegida para portar una de las siete antorchas que se encienden allí y son colocadas en una enorme Menorá (el tradicional candelabro de siete brazos, símbolo de luz, memoria y resistencia): seis de ellas, en recuerdo de los seis millones de judíos asesinados en el holocausto; la séptima celebra la existencia del Estado de Israel. “Somos resistentes y resilientes. Ese es el orgullo de nuestra nación”, expresó Irene al hablar desde el escenario ante un público enfervorizado que la aplaudía de pie.Misión: luchar y hablar“Mi misión es luchar, hablar, vocear contra la injusticia, contra el antisemitismo, contra el antisionismo”, dice a LA NACION durante un viaje en tren de Varsovia a Cracovia, para participar de la marcha. “Quiero preguntarles a los que hacen demostraciones con banderas palestinas por qué quieren destruir el Estado de Israel”.El día anterior, en Varsovia, había estado frente a la casa en que nació y en el corazón de lo que fue el gueto más grande de Europa, donde la Alemania nazi, que había invadido Polonia en 1939, tuvo encerrados durante dos años y siete meses a entre 450.000 y 500.000 judíos.
Producto del hacinamiento, el hambre y las enfermedades murieron allí 83.000 personas.En 1941, cuando tenía 3 años y se llamaba Ruth, una mañana salieron con su madre, Helena Kirszenberg Lewkowicz, a buscar algo para comer; solían recoger desperdicios de la calle. En el departamento quedó su papá, David.
Al volver lo encontraron muerto, asesinado por soldados alemanes. Helena decidió huir.
¿Cómo escapar con su hija de esa cárcel de 4 km2 cercada por muros de 3 metros de alto, alambres de púa y guardias dentro y fuera del perímetro? Por las cloacas, entre ratas, desechos y aguas podridas.
Solo llevaban consigo a Lalechka, la muñeca de Ruth. Caminaron y se arrastraron por esas fétidas catacumbas hasta alcanzar una alcantarilla: Helena levantó la tapa y estaban fuera del gueto.
En la ceremonia en Birkenau, Irene fue elegida para portar una de las siete antorchas que se encienden allí y son colocadas en una enorme Menorá (el tradicional candelabro de siete brazos, símbolo de luz, memoria y resistencia): seis de ellas, en recuerdo de los seis millones de judíos asesinados en el holocausto; la séptima celebra la existencia del Estado de IsraelDurante dos años vivieron saltando de casa en casa, acogidas por familias que se apiadaban de ellas; también se refugiaron en un convento y en el campo. Ruth, a la que ahora su mamá llamaba Irene, un nombre sin sonoridad judía, más de una vez fue escondida en armarios y altillos, siempre asida a Lalechka.
En una redada, madre e hija se cubrieron con heno en un granero; un soldado hundió su bayoneta en el heno y llegó a puntearle el pie a Irene.De uno de los últimos escondites salieron corriendo antes de que llegara la Gestapo. En el apuro, allí quedó Lalechka.
Volver a Polonia Derrotado Hitler y terminada la guerra, se fueron a Francia, donde sorpresivamente muere Helena. Irene, que estaba en un orfelinato, fue enviada a vivir con familiares a Perú.
Aprende el español, la premian como mejor alumna de su promoción, va becada a Estados Unidos y se gradúa en Lingüística. Hoy habla polaco, francés, español, inglés y hebreo, y entiende el portugués, italiano y ruso.
Por fin, se radica en Israel (en la actualidad vive en Modiín, una ciudad a mitad de camino entre Tel Aviv y Jerusalén). Tiene dos hijos y siete nietos.Volver a Polonia la remueve. “He venido otras veces, buscando raíces.
Pero los alemanes destruyeron Varsovia antes de abandonarla. Cuando nos invadieron, compraron a muchos polacos para que los ayudaran a encontrar judíos.
También había polacos buenos que no colaboraban con ellos, no se vendían: con mi mamá sobrevivimos gracias a familias que nos escondieron”. De su casa natal, en la calle Spulna, no queda nada.
Es la primera vez que acompaña a una delegación internacional, organizada por el empresario argentino Gastón Taratuta, fundador y CEO de Aleph, el unicornio de marketing digital con presencia en 130 mercados emergentes. “Me gusta pasar unos días con este grupo de más de 40 personas –dice Irene–, porque así mi mensaje puede ser entendido y llevado a sus países. Para que nunca más vuelva a ocurrir un holocausto.
Que nunca más alguien muera por el mero hecho de ser judío”.Taratuta, proveniente de una familia judía con más apego a las tradiciones que a la religión, conoció la Marcha de la Vida el año pasado, invitado por otro empresario argentino: Marcelo Mindlin, fundador y presidente de Pampa Energía. Cuenta que lo conmovió tanto lo que vio y sintió, que decidió tomar el testigo que le pasó Mindlin.
Junto con su mujer rusa, Darina, invitaron a familiares, amigos y vínculos del ámbito profesional; también, a cuatro medios: LA NACION y TN, O Globo (Brasil) y Milenio (México). “Me moviliza este lugar, lo que pasó acá, y me moviliza ver el impacto en la gente. Un cuarto de la visita a Treblinka [el primer campo visitado por el grupo] me la pasé llorando”, confiesa Taratuta.Auschwitz, inabarcableEl historiador argentino Yoel Schvartz, guía de la delegación en las recorridas por Varsovia, Cracovia y los campos de concentración, vive en Israel y hace 20 años que viene a la Marcha de la Vida. “Esto nace a finales de los años 80, durante el proceso en que Polonia se abre a la democracia y a Occidente, alejándose de la órbita soviética.
Surge en la comunidad judía como respuesta a la Marcha de la Muerte, cuando en 1945 los nazis sacan a los judíos que todavía estaban prisioneros, fundamentalmente en Auschwitz, y los obligan a caminar hasta Alemania. Muchos miles murieron en el trayecto”.
Ella –campera roja, anteojos azules, las manos en los bolsillos– se plantó ahí frente a las cámaras de TN y expresó: “Soy Irene. Yo sobreviví.
Yo vencí a Hitler”.Hubo cientos de marchas como esa, desde diversos campos de concentración, y se estima que uno de cada cuatro prisioneros moría antes de llegar. Aunque Schvartz vuelve a Polonia cada año, por trabajo, dice que ni en 50 visitas terminaría de asimilar la realidad de complejos como Auschwitz-Birkenau, diseñados para la “industrialización de la muerte”; una “perfecta maquinaría” de la ingeniería alemana al servicio de la llamada Solución Final: el exterminio de los judíos.
En el momento de mayor eficacia de ese dispositivo, bajo las cámaras de gas morían, en promedio, unas 12.000 personas por día. “Vengo acá y, por supuesto, son tantos años que se repite cierta rutina en lo que hago como guía –dice Schvartz–. Pero, al mismo tiempo, no hay una sola vez que este lugar no me provoque sensaciones nuevas, cosquilleos nuevos.
El universo de Auschwitz es inabarcable. No alcanza una vida”.De regreso a su casa, uno de los invitados de Taratuta contó en familia lo que había visto en los campos.
El relato acababa de empezar. Cuando expresó que en muchos casos apenas transcurría una hora entre la llegada en trenes a Birkenau, el gaseo (unas 3800 personas por turno) y el humo en las chimeneas de los hornos de cremación, no pudo seguir.
Se quebró. “En Polonia no lloré –confiaría después–, pero tenía el alma traspasada. Acá, al recordar esos datos, de golpe se me vino todo encima”.Vivir sin odioA Irene suelen preguntarle cómo maneja el odio acumulado durante tantas décadas. “Contesto que vivir con odio es contraproducente.
No es bueno, no lleva a nada. Si yo viviera con odio no tendría la energía que necesito para cumplir mi misión”.Incluso, desde el año pasado se reúne con descendientes de nazis. “Nietos y bisnietos de alemanes de aquella generación revisan documentos que fueron liberados y descubren que sus abuelos o bisabuelos pertenecieron a la Gestapo o estuvieron en el Gueto de Varsovia.
Entonces, algunos me buscaron y me pidieron perdón”. Aceptó encontrarse con ellos –en tres oportunidades; la última, esta semana–, pero tuvo que superar un dilema. “Por un lado, son descendientes de nazis...
Por otro, ellos no tienen ninguna culpa. Entonces tomé una actitud positiva: les pedí que hicieran algo bueno.
Que apoyen a Israel y luchen contra el antisemitismo”. En su mayoría cristianos evangélicos, dice que cumplieron; por caso, acaban de participar de Marchas de la Vida en Israel.
La primera reunión fue en enero de 2025, en Alemania. Estuvo con 13 nietos y bisnietos de nazis. “Les conté mi vida de punta a punta.
Fue muy emotivo: lloraron, pidieron perdón y preguntaron qué podían hacer para ayudar”. Otros sobrevivientes del holocausto, sostiene, se niegan a tener contacto con descendientes de nazis. “Yo pienso distinto.
Ellos nacieron después”.Brotes antisemitasLa mayor preocupación de Irene en estos días son las furibundas críticas a Israel por su respuesta a la masacre que provocó la invasión de Hamás en el sur del país, en octubre de 2023. “Estamos viendo un resurgimiento del antisemitismo a nivel bastante global. Algunos países nos acusan a nosotros de genocidio [en la Franja de Gaza].
¿Cómo es posible una cosa así, cuando en octubre del 23 Hamás asesinó a 1200 personas, entre ellos muchos bebés?”.Eso la angustia, pero, en lo personal, no siente temor alguno. “Soy una sobreviviente del holocausto. Después del holocausto perdí el miedo”.
Taratuta, que desde hace unos meses vive en Madrid y por su trabajo recorre el mundo, relativiza el peso de los brotes antisemitas. “Lo que subió es el volumen [de las condenas a Israel], sobre todo en las redes. Pero no el número.
Por cada evento de esa naturaleza que pueda haber, en Manchester, en Australia o donde sea, hay millones de caricias y cosas buenas. Son fenómenos aislados”.
La temperatura estaba en 3° y corría un viento flagelante la mañana en que la delegación internacional recorrió Auschwitz por primera vez (volvería el día siguiente, para la marcha). A Irene no se la veía especialmente abrigada; incluso llevaba zapatos bajos y ligeros, como si el frío fuera apenas una referencia.
Durante la extensa y desgarradora visita, muchos en el grupo buscaban descanso en los escalones que llevan a los blocks (barracas) del complejo. No Irene: siempre de pie, ajena a los rigores del clima y del esfuerzo físico.
Ella –campera roja, anteojos azules, las manos en los bolsillos– se plantó ahí frente a las cámaras de TN y expresó: “Soy Irene. Yo sobreviví.
Yo vencí a Hitler”.Ese es el título de su libro, Yo vencí a Hitler (2022), escrito junto con su “compañero de vida”, Daniel Schydlowsky. Y también así termina el texto: “¡Hitler está muerto!
¡Irene vive! ¡Los hijos y nietos de Irene viven!
¡Hitler perdió! ¡Irene ganó!”.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.