Junio se refleja en un puñado de refranes que evocan la abundancia de las cosechas en el campo y el esplendor de las frutas y verduras en el mercado —“En junio, la hoz en el puño”, “Junio brillante, año abundante”, “Por San Juan, higos y brevas verás” o “Por San Juan, brevas; y por San Pedro, las más buenas”—. Son ejemplos que retratan la plenitud de este mes, que abre la puerta del verano.

Aparecen productos que anuncian vacaciones, brasas y largas sobremesas. En las fruterías hay buen color: asoman tímidamente las brevas —menos dulces que los higos de final de verano, pero igualmente delicadas, para tomar solas o acompañar un plato de jamón o unos quesos curados—, junto a las primeras sandías y ciruelas, mientras que las cerezas alcanzan su mejor momento —carnosas, dulces, sin perder su interesante punto de acidez, ideales para una sobremesa, animar una ensalada, servir con quesos frescos o preparar en clafoutis—.

Otras frutas de hueso, como los albaricoques, los melocotones, las nectarinas y las paraguayas, copan los mostradores y son perfectas para tomar en crudo o incorporarlas a recetas saladas o de postre con yogur o helado. Es el momento de despedirse de los nísperos y de las naranjas y mandarinas.

El aguacate nacional empieza a escasear y el que queda es de importación. “Es el mes de las frutas de hueso, de las frutas frescas, como el melón y la sandía, que ya empiezan a llegar. Todavía quedan guisantes, los últimos, y espárragos blancos y verdes”, explica Luis Aguilar, responsable desde hace casi una década del puesto de frutas El Abuelo Pedro, en el mercado de La Paz, en Madrid.Seguir leyendo