Halitosis canina: las enfermedades detrás del desagradable olor de su boca

Hay pocas cosas más normalizadas entre quienes conviven con perros que asumir que el mal aliento forma parte de convivir con un animal en casa. El fuerte olor después de un bostezo, al jadear o durante los lametones suele interpretarse como algo inevitable, no obstante, la halitosis canina no debería considerarse algo normal, sino un síntoma que merece nuestra atención.De hecho, detrás de ese olor desagradable pueden esconderse problemas dentales relativamente frecuentes hasta enfermedades sistémicas graves.
El aliento de un perro puede aportarnos pistas sobre el estado de sus dientes, encías, riñones, hígado e incluso sobre trastornos metabólicos como la diabetes.La buena noticia es que, en muchísimos casos, el problema puede prevenirse o detectarse a tiempo con revisiones veterinarias periódicas y una correcta higiene oral. La mala es que muchos perros llegan a consulta cuando la enfermedad periodontal ya está avanzada y el daño acumulado lleva años desarrollándose silenciosamente.Mucho más que mal alientoLa causa más frecuente del mal aliento en perros sigue siendo la enfermedad periodontal, es decir, la inflamación e infección progresiva de las encías y estructuras que sostienen los dientes.
Las bacterias forman una película sobre dientes, lengua y encías que, con el tiempo, acaba endureciéndose y convirtiéndose en sarro. A partir de ahí aparecen inflamación, gingivitis, dolor y proliferación bacteriana, responsables en gran medida del olor intenso.El problema es extremadamente común.
Los veterinarios recuerdan que la mayoría de perros desarrollarán algún grado de enfermedad dental a lo largo de su vida, especialmente si nunca reciben higiene oral preventiva. Asimismo, cuando el sarro se acumula, también pueden quedar atrapados restos de comida, pelo y suciedad entre los dientes y la línea de las encías, empeorando todavía más el olor.Los perros pequeños y braquicéfalosAunque la halitosis puede afectar a cualquier perro, algunas razas presentan más predisposición debido a su propia anatomía.
Las razas pequeñas suelen desarrollar enfermedad periodontal antes y con más gravedad porque tienen la dentadura muy compactada en una boca reducida. Los dientes quedan más juntos, se retienen más restos y resulta más fácil que proliferen bacterias.También ocurre con muchos perros braquicéfalos como bulldogs ingleses y franceses, carlinos o shih tzus, cuya conformación craneal favorece maloclusiones y apiñamiento dental.En estos animales no es raro encontrar dientes torcidos, superpuestos o mal alineados que dificultan la limpieza natural de la boca y favorecen la acumulación de placa.
Los veterinarios señalan asimismo que algunos perros pequeños pueden desarrollar problemas periodontales severos siendo todavía relativamente jóvenes, mucho antes de que sus cuidadores sospechen que existe una enfermedad dental importante.Las ‘barbas’ también pueden empeorar el olorEn perros con pelo largo alrededor del hocico, el propio manto puede contribuir al mal olor. La barba y el pelo húmedo alrededor de la boca acumulan saliva, restos de comida y humedad constante, una combinación que crea un entorno perfecto para la proliferación bacteriana y de levaduras.Asimismo, si la piel permanece húmeda durante mucho tiempo, puede aparecer dermatitis en los pliegues y alrededor de la boca, generando un olor todavía más intenso.
Por eso, en estos perros no solo conviene revisar dientes y encías, y mantener limpia y seca la zona del hocico también forma parte del cuidado oral.A veces el problema no está en la bocaUno de los aspectos más importantes de la halitosis canina es que, en ocasiones, el olor del aliento puede ser la pista de enfermedades mucho más profundas. Por ejemplo, un aliento con olor parecido al amoniaco o a la orina puede aparecer en perros con insuficiencia renal avanzada.
Cuando los riñones dejan de filtrar correctamente, se acumula urea en sangre y parte de esos compuestos terminan detectándose en el aliento.En perros diabéticos descompensados puede aparecer un olor dulce o similar a la acetona, relacionado con la producción de cetonas.También las enfermedades hepáticas pueden alterar el olor de la boca, especialmente si aparecen junto a otros síntomas como pérdida de peso, vómitos, apatía y el color amarillento en mucosas y ojos.Y no hay que olvidar tumores orales, infecciones, cuerpos extraños clavados en la boca o incluso objetos atrapados bajo la lengua o entre los dientes, especialmente en perros aficionados a morder palos.Cepillar los dientes La herramienta más eficaz para prevenir la halitosis y la enfermedad periodontal es el cepillado dental regular. Idealmente debería realizarse a diario, utilizando siempre pasta dental específica para perros, pero también existen dietas dentales, juguetes, chucherías masticables y complementos que se echan en el agua que ayudan a reducir placa y sarro, aunque los veterinarios recuerdan que ningún producto sustituye completamente al cepillado ni a las limpiezas profesionales cuando ya existe enfermedad dental.La clave, asimismo, está en empezar pronto y acostumbrar al perro desde cachorro a la manipulación de la boca de manera positiva y progresiva.Esperar demasiadoUno de los grandes problemas de la salud dental canina es que muchos perros llegan tarde al veterinario porque el mal aliento se ha normalizado durante años.
No obstante, la halitosis rara vez aparece ‘porque sí’, y aunque el origen más habitual sea periodontal, detrás puede haber infecciones importantes o enfermedades sistémicas que necesitan diagnóstico.Es importante, por tanto, que los titulares revisen la boca de su perro con regularidad y realizar controles dentales con el veterinario al menos una vez al año, especialmente en animales mayores, razas pequeñas y braquicéfalas.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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