Al gobierno de la Ciudad de México no le bastó con “ajolotizar” gran parte de los puentes peatonales, vehiculares, muros de contención, barandales, asfalto y mobiliario urbano. Con la fiebre de la fiesta de futbol, a celebrarse en los próximos días en nuestro país, se han realizado murales alusivos al encuentro deportivo por todas partes de la capital, sin considerar que hay logotipos, palabras, títulos, símbolos y otros elementos, que cuentan con protección de propiedad intelectual.

En el bajo puente del Circuito Interior y Calzada de Tlalpan, en dirección al aeropuerto capitalino, fue pintado un mural que cuenta con las leyendas “La pelota vuelve a la casa, a la capital de las y los jóvenes” y “La pelota vuelve a la casa, a la capital de los pueblos originarios”, ambas en la entrada y salida del puente vehicular, pero en las cuatro, fue plasmado el logotipo del encuentro de este año 2026 y junto la caricatura morada del ajolote. Un caso similar, fue ubicado en “El mural histórico más grande del mundo” de la alcaldía Gustavo A Madero, ubicado en Avenida Centenario y Oriente 157, en la colonia Salvador Díaz Mirón, donde se aprecia un balón de futbol con el mismo logotipo del encuentro futbolístico de este año y el de la marca ADIDAS.

En el mural, también se dibujó el trofeo de este encuentro futbolístico y la mascota oficial, las cuales también están protegidas por derechos de autor. La propiedad intelectual oficial está protegida en los Estados Unidos, Canadá y México y en otros territorios del mundo, como marcas comerciales, por copyright o por otras leyes de propiedad intelectual, como las referentes a la competencia desleal o la usurpación de denominaciones, entre otras.

Dichas leyes protegen a la FIFA del uso no autorizado de las reproducciones idénticas de la propiedad intelectual oficial y de todas aquellas variaciones y modificaciones que puedan confundirse con la original, por lo que de no contar con los permisos correspondientes, las autoridades que mandaron a realizar y autorizaron estos trabajos, podrían haber incurrido en un delito y pagar grandes cantidades de dinero por el uso no autorizado de estos elementos sujetos a los derechos de propiedad intelectual.