Si el partido ante Irak debía asemejarse a un simulacro, salió rana. De eso no cabe duda.

Más allá del marcador, un empate de muy relativa importancia, pocas veces se ha visto una versión de la España de De la Fuente tan alejada de la brillantez como la sufrió Riazor. En su último compromiso antes de cruzar el charco y encarar la recta final de la preparación mundialista, la cosa no invitó precisamente al optimismo.

Muchas caras nuevas, demasiados cambios y aún más ausencias destiñeron la noche futbolística, muy pobre, de un equipo irreconocible.Seguir leyendo...