La ONU exige transparencia sobre la huella ambiental de la IA: las preocupantes cifras de consumo hídrico y energético que desatan alarma

Nuevo tropiezo judicial para Sam Altman y OpenAI: Florida entabla una demanda que se suma a un historial complejo (y costoso)Laica mexicana dirigirá las comunicaciones de la Iglesia Católica: qué otras mujeres han ocupado altos cargos en la Santa SedeLa ONU publicó este miércoles 3 un informe en el que analiza el impacto ambiental de la inteligencia artificial (IA) y en el que insta a las empresas de este sector publicar su huella ambiental, asimismo de adoptar medidas sostenibles para mitigar la afectación que puede llegar a producir esta tecnología.El documento, titulado “Coste ambiental del uso energético de la AI”, considera que los cálculos iniciales alrededor de la sostenibilidad de la IA no han sido precisos debido a que se centraron únicamente en las emisiones de carbono de esta industria.Kaveh Madani, uno de los autores del trabajo e investigador de la ONU, indicó que la información actual es un llamado de atención importante y exigió mayor transparencia por parte de las compañías del rubro. No obstante, el especialista aclaró que el informe no busca demonizar a la IA —a la que considera una tecnología beneficiosa para la humanidad— sino que se trata de un “llamado a usarla de manera responsable y abordar de forma proactiva sus impactos”.“Tenemos un plazo limitado para asegurar que la base de la revolución tecnológica de nuestra era se desarrolle dentro de los límites planetarios, y que las comunidades que proporcionan los minerales esenciales para el avance de la IA, así como las que albergan su infraestructura y gestionan los residuos electrónicos, también se beneficien de ella”, declaró Madani.Cifras que asustanEn este momento se estima que la IA generativa supone el 20% de la industria global de IA, pero que para el 2030 supondrá el 40% de este mercado.
Estos números se corresponden exactamente con el uso que tendrá la inteligencia artificial en los centros de datos, que pasará del 20% actual a un 40% dentro de cuatro años.Lo problemático es que los procesos relacionados a la IA demandan una cantidad de elementos considerablemente mayor que la de los tradicionales.La Agencia Internacional de Energía (AIE) indicó en enero que una consulta a un asistente de inteligencia artificial requiere diez veces más electricidad que una búsqueda simple en Google y estimó que en el 2025 esta industria liberó a la atmósfera la misma cantidad de dióxido de carbono que la ciudad de Nueva York durante ese mismo año.El reciente reporte de las Naciones Unidas se mantiene en la misma línea, pues según este la infraestructura de IA podría gastar tanta electricidad como 650 millones de personas.El requerimiento eléctrico de los centros de datos en el presente es de 448 teravatios hora, ligeramente inferior al de Francia (468 TWh) y por delante de Arabia Saudita (422 TWh). Si estos servidores fueran un país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad en el mundo; no obstante, la demanda energética de los centros de datos podría llegar a duplicarse en los próximos cuatro años hasta llegar a los 945 TWh y representaría casi el 3% del gasto eléctrico global.La gestión del recurso hídrico converge con la eléctrica en los centros de datos donde funcionan estos sistemas, debido a la necesidad de complejos sistemas de refrigeración para combatir el calor que produce semejante uso de energía.
Aunque se pueden emplear sistemas de aire acondicionado o incluso llevar los servidores a zonas cercanas al círculo polar, el consumo de agua dulce está ampliamente extendido.En el 2025 se estimaba que generar un texto de solo 100 palabras en ChatGPT consumía más de medio litro de agua, mientras que crear una imagen con IA con DALL-E 3 requería entre 0,5 y 3,45 litros por cada imagen generada, aunque se podía necesitar hasta 17 litros en cinco intentos. Los videos cortos suponen un salto importante, al emplear 2 litros de agua por un video de cinco segundos y cerca de 30 litros por uno de un minuto.La ONU ha señalado que la huella hídrica asociada al entrenamiento del modelo GPT-4 de OpenAI es de unos 600 millones de litros.
Esto sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas anuales de agua potable de 81.000 personas en el África subsahariana, o para llenar 237 piscinas olímpicas.El adiestramiento de GPT-5 va mucho más allá y se calcula que su huella hídrica ascendería a 1.000 millones de litros.Todo este consumo solo comprende a una empresa de IA y se espera que este aumente con modelos posteriores, siendo la proyección actual que la industria de la inteligencia artificial en general consumirá la misma cantidad de agua que 1.300 millones de personas para el fin de la década al ritmo actual.Más preocupaciónA estos desafíos se añade la construcción de más centros de datos y otros proyectos energéticos relacionados, que de manera conjunta ocuparán una superficie de 14.500 kilómetros cuadrados, cifra que duplica la extensión del área metropolitana de Yakarta (Indonesia), una ciudad con 10 millones de habitantes.Esto va de la mano con una generación masiva de residuos electrónicos, que podía llegar a los 2,5 millones de toneladas métricas anualmente debido a que hay una alta tasa de obsolescencia en el hardware sobre el que corre la inteligencia artificial.Finalmente, los especialistas alertan sobre la brecha social e incluso geopolítica alrededor del rubro, con buena parte de la capacidad de IA concentrada en unas cuantas corporaciones y países. Paradójicamente, los territorios del llamado “Sur Global”, de donde se extraen materias primas críticas para esta tecnología, enfrentan los daños ecológicos de esta explotación y no tienen soberanía en inteligencia artificial.“La IA ofrece un potencial extraordinario, pero cumplir esta promesa de forma responsable requiere un cambio sistémico”, argumenta la ONU en su estudio.VIDEO RECOMENDADO
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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